No hay dudas de que Buenos Aires es una excelente ciudad para recorrer en bicicleta.

Hace casi 7 años el gobierno de la ciudad comenzó a darle forma a un plan de movilidad sustentable que incluía el uso de la bicicleta como medio de transporte alternativo, ecológico y saludable.

La infraestructura ciclista fue progresando con la diagramación de un tramado de ciclovías y bicisendas que intentaba conectar distintos puntos neurálgicos de la ciudad. Hoy ese tramado solo quedo extensamente dibujado sobre el micro y macro centro de la ciudad, pero fue perdiendo fuerza en los barrios periféricos, lo que hace que la comunicación entre los límites de la ciudad y el centro se haga algo complicada y la multimodalidad que se promueve queda totalmente desdibujada.

No voy a aportar números, porque los fríos números no reflejan la realidad que veo en la calle como ciclista urbano, pero si puedo decir que después de 7 años ese promisorio tramado de ciclovias hoy, si bien ha crecido, no logra satisfacer aún las expectativas de quienes andamos todos los días por las alborotadas calles de la ciudad.

Las ciclovías bi-direccionales que provocan muchos dolores de cabeza a peatones y conductores, ciclovías angostas sobre calles angostas de difícil explicación, ciclovías de tan solo unos metros que conectan con nada, avenidas troncales desaprovechadas, señalización deficiente, etc. son algunos de los inconvenientes con los que podemos encontrarnos diariamente.

Para sostener un plan de infraestructura que pueda satisfacer las necesidades de los ciclistas, se debe contar también con un plan de mantenimiento y de adecuación de lo que se va construyendo, de lo contrario todo aquello que se gana, se va perdiendo en el abandono y la falta de atención. Hoy el mantenimiento de la ciclovías porteñas es deficiente y no se logra tener respuestas positivas de parte de quienes tienen la responsabilidad de dar esas respuestas. Como ejemplo sirve la ex-ciclovía de la calle Ceretti en el barrio de Villa Urquiza, que fue borrada por obras de re-pavimentación y que hasta la fecha no hay planes de re-instalarla, lo cual indica que no hubo una planificación conjunta para que esa ciclovía vuelva a estar donde estaba originalmente.

Amo mucho a Buenos Aires, es mi lugar y tengo mucha esperanza todavía de que esa infraestructura ciclista no sea solo una promesa eterna y se vea reflejada en cada pedaleo diario.

Solo hay que mirar al mundo, la solución está al alcance de la mano.

 

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