Los proyectos sobre movilidad sustentable presentados por los gobiernos de turno casi siempre forman parte de sus plataformas electorales y la gente compra sin ver mas allá de sus narices y así darse cuenta que muchas veces esos proyectos nunca llegan a concretarse en su totalidad una vez que se logran los resultados electorales esperados.

La política, como bandera, muchas veces suele colarse en este tipo de proyectos y uno debe abstraerse para no caer en ese agujero negro que significa tener que ceder para conseguir algo.

La política bien entendida es ofrecer una solución a los problemas de la gente sin tener que comprometerse a perjudicar a otros sectores que quizás sientan que son afectados, haciéndoles entender que la solución no forma parte del problema, sino todo lo contrario.

Ser parte de un proyecto de movilidad sustentable es justamente pensar en darle un espacio a la gente para que su vida sea mas sencilla, menos perjudicial, mas saludable; y el uso de la política tiene como objetivo lograr resultados que realmente la gente los pueda palpar diariamente y no sienta que solo son un instrumento de cambio para lograr un fin mucho menos sustentable.

La movilidad sustentable no entiende de banderas políticas, es para todos, sin importar si estas de un lado o del otro, y no se puede dejar el proyecto en manos de políticos que no entienden de que se trata y solo desean tomar parte en un asunto que excede totalmente el ámbito del partidismo y la superficialidad.

Desde mi humilde posición de ciclista urbano, creo entender mucho mejor la problemática que tienen hoy las calles de mi ciudad y estoy convencido que no se puede hacer política si no se tiene la convicción de que lo que se está haciendo es lo correcto.

Los avatares políticos muchas veces llevan los proyectos a un fin indeseado o al menos quedan trunco debido a las concesiones que se dan en el marco de intereses fuera del proyecto, las acciones son insuficientes, la infraestructura deficiente e inadecuada y el paso del tiempo hace que eso desaliente a la gente a seguir el camino que en un momento se trazó como ideal.

Un mala planificación lleva los proyectos al fracaso, y eso se debe en gran medida a acciones políticas que no se adecuan a las necesidades de la gente, sino a cuestiones que nada tienen que ver con lo que se promueve.

 

 

 

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