Las ciclovías porteñas: el basurero de la ciudad

Las ciclovías porteñas: el basurero de la ciudad

La ciudad de Buenos Aires ha visto crecer su red de ciclovías en los últimos años de forma extraordinaria, con algunas mesetas en ese camino de construcción y una dudosa y pobre calidad en su infraestructura, pero hoy no vengo a hablar de todo lo que está mal a mi criterio y todo el camino que resta por recorrer para mejorar lo que ya se hizo, sino del indebido uso que se le está dando a ellas, poniendo en riesgo a quienes las usan para moverse en bici por la ciudad.

Desde autos mal estacionados, contenedores de basura, volquetes de la construcción, carga y descarga de mercaderías en zonas inhabilitadas, hasta demás porquerías que deberían estar en otro lado, pero no bloqueando un carril que fue diseñado y concebido para que más gente pueda moverse en bicicleta con mayor comodidad y seguridad.

Una seguridad que se ve permanentemente interrumpida por cuestiones ajenas a quienes usan la bicicleta y que de alguna manera habla claramente de una sociedad rota, indisciplinada, mal educada e irrespetuosa que hace caso omiso a las normas, y que además no escucha las recomendaciones y sugerencias que disparan, no solo quienes usan la bicicleta, sino también quienes comandan las políticas públicas en materia de movilidad, transporte y obras.

Una clase de anarquía urbana se apodera de las calles de la ciudad y muy especialmente sobre las ciclovías. “Hacemos lo que podemos” te dicen algunos/as, con tono de resignación. Otros/as te dicen que “las ciclovías no deberían existir”, y con cierta lógica, porque las ciclovías solo existen a raíz de la violencia vial que padecemos quienes andamos en bici cada día. Se escucha también decir que “los/as ciclistas no respetan nada”, pero mueren más de 6000 personas en siniestros viales y ninguna a manos de ciclistas asesinos/as.

Una sociedad que erróneamente cree que quienes andan en bicicleta son un estorbo, que si no se anda en auto no se puede vivir, que si no le damos espacio a la movilidad contaminante e ineficiente nada estará mejor, que el auto es un refugio, que manejar un auto es todo lo que está bien. Se distorsiona tanto la información que muchas veces duele.

Duele convivir con personas que no consideran el inmenso valor que tiene la vida y la importancia de tener una ciudad más saludable, segura y limpia. Se suben al carro del odio infundado y sin argumentos válidos y actúan en consecuencia, provocando todo tipo de situaciones indeseables que perjudican a otras personas. La falta de empatía es el común denominador en cada una de esas situaciones donde nos encontramos frente al dilema de si podemos seguir con seguridad o debemos frenar para resguardar nuestra integridad física.

Imaginen por un segundo si pusiéramos un volquete en medio de la calzada o estacionáramos nuestra bicicleta e impidiéramos la libre circulación de los automovilistas. Sería un caos, no?

Ver video: https://www.youtube.com/watch?v=TbuPj2UmRzo

Hay muchas personas que transitan un camino de apatía, violencia, desaprensión, prepotencia e impaciencia que nos debilita como sociedad y que nos muestra un escenario poco alentador, pero en ese panorama poco feliz tenemos la inmensa necesidad de seguir procurando un lugar seguro donde movernos y es ahí donde llamo la atención una vez más a los/as tomadores de decisiones para que sin mediar más palabras empiecen a trabajar seriamente para revertir esta situación que hoy atravesamos, y que esas palabras (vacías muchas veces), se transformen en acciones concretas para que realmente andar en bicicleta por la ciudad sea absolutamente placentero y no tengamos que preocuparnos por los “desperdicios” que hoy depositan sobre las ciclovías.

Gracias por andar en bicicleta, gracias por no permitir que nos sigan maltratando, gracias por entender que no se puede andar por la vida apartando del camino todo aquello que por alguna razón no nos gusta o nos importa poco. Gracias por la empatía, gracias por el respeto, gracias por ocupar cada uno de nosotros el lugar que nos corresponde sin alterar el rumbo del otro. Sigamos trabajando para que las ciclovías de mi ciudad dejen de ser un basurero.

La bicicleta: felicidad en dos ruedas

La bicicleta: felicidad en dos ruedas

Se me ocurre escribir sobre la bicicleta (¡que novedad!) porque hoy se celebra el Dia Mundial de la Bicicleta, y es justo reconocer la importancia que tiene su existencia en función de lo que representa como modo de transporte saludable, eficiente, ecológico, económico y seguro.

Hoy celebramos su día, porque en bicicleta experimentamos sensaciones placenteras, la bicicleta nos permite comunicarnos con el entorno, nos conecta socialmente, nos da una herramienta de pacificación, nos coloca en el ápice de la pirámide de la movilidad urbana junto con los peatones y eso, entre muchas otras razones, nos da un motivo para celebrar.

Andar en bicicleta nos transporta a otra dimensión, potencia nuestra concentración, nos da energía adicional para afrontar las responsabilidades que cada uno de nosotros tenemos cada día, nos motiva a seguir usándola y es fuente de inspiración para cualquier cosa que quieras hacer.

No importa la edad que tengas, a todos nos modifica la vida usar la bicicleta, porque sin importar para que la uses, lo importante es usarla y eso ya transforma nuestra calidad de vida.

Andar en bicicleta da placer, transforma un día gris en un día brillante aún si el cielo anuncia una lluvia inminente, porque que importa mojarnos un poco si lo que importa es ser feliz y como dicen quienes más saben de ciclismo urbano: “no somos de azúcar”.

Hoy se celebra a la bicicleta, se celebra poder ser parte de un movimiento que busca generar empatía, porque sin ella la vida sería aburrida, las calles serían más inseguras, el aire sería más irrespirable y tu llegada a destino sería más caótica.

¿Cuántas veces escuchamos decir que en bicicleta llegas a todos lados y nunca llegas tarde? Quienes la usamos diariamente podemos confirmar la certeza de esa definición, y no hay nada en este mundo que pueda evitar eso, excepto una indeseable pinchadura.

¿Qué vas a hacer desde hoy? ¿Sacarás tu bicicleta, la pondrás en condiciones y saldrás a rodar? ¿No tienes bicicleta? Siempre hay una tienda abierta que tiene la bicicleta ideal para vos y dispuesta a hacer feliz a otra persona. ¿No sabes andar en bicicleta? Siempre se puede aprender, porque nunca es tarde, y porque hay mucha gente que está dispuesta a ayudarte. ¿No quieres salir solo/a a andar en bici? Busca quien te acompañe, un/a amigo/a, familiar o alguien que tenga la voluntad de acompañarte. La bicicleta es la felicidad en dos ruedas, es la forma mas divertida de moverse, es saludable y ciertamente nos brinda muchos beneficios. No hay forma de no celebrar su día, y mañana y siempre.

¿Cómo nos movemos?

¿Cómo nos movemos?

Estamos en constante movimiento y ese movimiento lo asociamos con la libertad, porque moverse implica poder ir hacia donde queremos ir, por medio de mecanismos propios que el cuerpo nos brinda de forma natural.

Caminar es la base del movimiento universal del cuerpo. Fuimos dotados de un esqueleto y una masa muscular que en perfecta sincronía nos permite movernos todo el tiempo. Ese movimiento lo ejercemos con total libertad, porque nadie puede decirnos que no podemos movernos.

Además de caminar, podemos correr y andar en bicicleta, o patineta, o monopatín. Son todos modos de movilidad que usualmente utilizamos con la sola voluntad de cuerpo y mente.

El cuerpo nos lleva hacia donde queremos ir, y en ese viaje experimentamos la sensación única de saber que podemos movernos sin depender de otra cosa más que de nuestra voluntad.

Cuando hablamos de movernos también incluimos el auto y otros modos de transporte, pero sabemos que no es lo mismo usar el cuerpo para moverse que moverse por efecto de vehículos cuya mecánica hace que nos movamos de un lugar a otro, sin la necesidad directa de mover el cuerpo. Andar en bicicleta es la perfecta combinación del movimiento corporal asociado a un modo de transporte y ahí quiero detenerme un poco para analizar el hecho de que moverse en bicicleta por la ciudad implica poner el cuerpo en movimiento en función del transporte y transportarnos en función de la acción de movernos corporalmente.

Usar el auto nos mueve de un lugar a otro, pero ¿nos movemos realmente? Algo en lo que tenemos que pensar es en la idea de que el movimiento está asociado a la acción corporal de moverse y no precisamente a transportarse de un lugar a otro.

Muchas personas hoy se mueven en auto y eso les está quitando la posibilidad de ejercer el movimiento corporal, y consecuentemente afectando su capacidad motriz para trasladarse por la ciudad de forma más saludable.

Mover el cuerpo genera beneficios para la salud, caminar y andar en bicicleta son ejercicios que las personas pueden hacer sin límite de edad ni capacidad atlética. Es natural moverse, viene con nuestro ADN, lo tenemos incorporado como algo que debemos hacer, más allá de las posibilidades físicas de cada uno, porque todos de alguna podemos movernos, con todas las limitaciones que tengamos, pero sabiendo que nuestro cuerpo nos da las señales que necesitamos para hacerlo.

Tenemos que mover el cuerpo y eso solo lo lograremos haciendo uso de lo que naturalmente tenemos: la voluntad de hacer que nuestro cuerpo trabaje. Caminemos, andemos en bicicleta, disfrutemos de lo que tenemos, sabiendo que no dependemos de nada ni nadie para hacerlo. Es solamente pensar en querer mejorar nuestra calidad de vida y vivir saludablemente. ¿Nos movemos? Si, nos movemos, pero no es solo movernos, sino movernos mejor.

Ciclistas vs ciclistas

Ciclistas vs ciclistas

Esta no es la nota que me hubiera gustado escribir, pero como uso este espacio para reflexionar y escribir sobre lo que me viene a la cabeza, les dejo algo que no me deja de preocupar.

¿Es necesario exponer a ciclistas contra ciclistas, solo porque algunos/as tenemos una visión diferente sobre lo que es usar la bicicleta como modo de transporte en una ciudad salvaje como Buenos Aires? No, no es necesario, y tampoco es aceptable. Podemos opinar diferente, tener una concepción diferente de las cosas, una perspectiva diversa, pero de algo tenemos que estar seguros, y es de que todos/as tenemos el mismo fin, usar la bicicleta como modo de transporte porque entendemos que es la mejor y mas eficiente manera de movernos en una ciudad que nos muestra siempre la cara mas salvaje de la sociedad, y donde padecemos la violencia vial que ejercen quienes todavía no han comprendido que el espacio debe ser compartido.

Se entiende que muchas veces nos podemos sentir invadidos por la inaceptable irrespetuosidad e intolerancia de quienes manejan vehículos motorizados, pero lo que no debemos hacer es justamente ir por la vida en bici comportándonos como si fuéramos dentro de un auto. Eso nos convierte irremediablemente en lo que no queremos ser.

Andar en bicicleta no nos hace inmortales, ni nos pone por encima del resto. Andar en bicicleta es un estilo de vida que debemos llevar con amabilidad, respeto y tolerancia, porque es justamente lo que la bicicleta viene a instalar en las calles. Si vamos pedaleando a los gritos, tocando corneta y circulando desbocados, el resultado no va a ser el esperado y nos va a costar mucho más llegar a demostrar que andar en bicicleta es pacificar, incluir, equilibrar y democratizar el espacio.

Pensemos un poco que distinta sería la ciudad sin bocinas, sin gritos, con respeto y tolerancia. En cambio, pensemos ahora como es la ciudad hoy donde exigimos que no se nos grite, pero gritamos nosotros. No me parece que es sea el camino y como siempre digo esta es una reflexión personal que cada uno recogerá a su manera.

Solo le pido a todos/as que empecemos a ver la bicicleta como una herramienta fundamental y necesaria a la hora de construir una ciudad pacifica, ordenada, segura y limpia. No dejemos de reclamar por el espacio, no dejemos que se nos avasalle, no dejemos que intenten cercenar nuestra voz, pero siempre hagámoslo de forma inteligente, sin agravios, con respeto, con altura y seriedad. Somos mejores, nos movemos mejor. Gracias por leer y comprender.

Prosperidad

Prosperidad

Desde pequeño me han transmitido que comprar un auto era sinónimo de prosperidad. ¿Prosperidad para qué? ¿para gastar más dinero?, ¿para depender del combustible?, ¿para poder ir más lejos? ¿para afectar mi salud por contaminación?

Ese mensaje relacionado a la prosperidad siempre acompañó mi crecimiento hasta hacerse carne en mí, y ahora que soy más grande, he vivido la mitad de mi vida y he aprendido muchas cosas, me fui dando cuenta que hay otros factores que inciden directamente en la prosperidad y no necesariamente están relacionados con lo material.

Comprar un auto está bien, yo tengo uno y lo uso muy poco, pero si hablamos de prosperidad tendremos que pensar en que beneficios nos genera esa cosa material que dicen darnos felicidad, y de pronto solo escucho quejas al respecto: aumentó el seguro, la patente, hay mucho tránsito, no tengo lugar para estacionar, aumentó la gasolina, se me rompió el auto, me quede sin batería, etc.

¿Qué beneficios tiene comprarse un auto si nos va a traer más complicaciones y gastos? Creemos que comprando un auto vamos a tener una mejor calidad de vida, y en lo personal creo que en lo único que contribuimos es en promover un modo de transporte ineficiente, contaminante y que genera sedentarismo. “…Pero puedo viajar más lejos en menos tiempo”, escucho que dicen por ahí, y quizás solo en eso puedo estar de acuerdo, pero eso no es prosperidad.

El automóvil ha ganado un espacio significativo en nuestras vidas, los fabricantes han sabido introducirnos bajo mecanismos de persuasión, un vehículo que ha revolucionado de cierta manera la forma de movernos, pero que a lo largo del tiempo ha modificado negativamente la vida en nuestras ciudades. En este sentido mi reflexión de hoy es muy breve, pero creo que debemos detenernos en pensar que la prosperidad no pasa solo por comprar un auto o cosas materiales que nos “complementen”, sino en conseguir mejorar nuestra calidad de vida sin esa necesidad irrefrenable de tener que comprar algo que a largo plazo nos convierta en personas dependientes de esa cosa que alguna vez fue “prosperidad”, pero ya no lo es.

Automovilistas indisciplinados/as: trabajo para nuestros/as legisladores/as

Automovilistas indisciplinados/as: trabajo para nuestros/as legisladores/as

Ayer leí una nota publicada en el diario La Nación, escrita por Sandra Choroszczucha que me abrió la puerta para escribir algo sobre lo que deberían hacer nuestros/as legisladores y no hacen.

La ciudad va cambiando día a día, o al menos eso es lo que uno espera que ocurra, aunque no con la velocidad que uno quisiera, pero lo cierto es que el contexto cambia permanentemente y actualmente frente a la pandemia que padecemos desde hace casi un año, se ha manifestado una fuerte tendencia a usar más la bicicleta para preservarse de usar el vapuleado transporte público, pero no así del uso del auto.

En función de esta nueva realidad que “asombra” a muchas personas, cuando en realidad la bicicleta lleva mas de 200 años de historia, se pone de manifiesto en algunos sectores de la sociedad, la necesidad de regular el uso de la bicicleta, pero se olvidan que eso ya se encuentra regulado, aunque dicha regulación se orienta más a la circulación de vehículos motorizados que a la movilidad activa. Una Ley de Tránsito (24449) que no considera matices, que es gris y obsoleta, que no sitúa a ciclistas y peatones en la línea de vulnerabilidad que les corresponde.

Es ahí donde nuestros/as legisladores tienen mucho para trabajar y sin embargo nada están haciendo para mejorar la seguridad vial, como si ese fuera un tema menor, cuando mueren 18 personas al día en Argentina a mano de automovilistas irresponsables (según las últimas estadísticas disponibles que datan de 2019), y donde ciclistas y peatones conforman parte de esa triste lista de muertes evitables. Una ley que paradójicamente dice protegernos.

Y volviendo un poco a la nota que motivó que yo escribiera estas líneas, creo que el periodismo o al menos quienes tienen el poder de comunicar en medios masivos como el diario en cuestión, tienen la enorme responsabilidad de ofrecer información confiable y con argumentos válidos que permitan una correcta formación de opinión, sin sesgos, porque de lo contrario están desinformando a la sociedad, que hoy necesita más que nunca, tener una visión clara y objetiva de los problemas que enfrentamos en materia de seguridad vial, en lugar de tener una visión parcial, personalista y alejada de la realidad.

Siempre es bueno decirlo, todos debemos comportarnos responsablemente sin importar de que manera nos movamos, pero hago un llamado a la reflexión colectiva, como lo he hecho siempre, y muy especialmente dirigido a aquellas personas que creen que el problema está en otro lado y sin embargo lo que están haciendo es mirar hacia el lado equivocado. Piensen un poco en todo lo que representa positivamente la movilidad activa en materia de salud pública, gasto público y seguridad vial y démosle descanso a esa mala costumbre de protestar por todo lo que nos hace bien y naturalizar lo que nos hace mal.

Gracias, de parte una persona que anda en bicicleta porque entendió que es una excelente manera de contribuir positivamente al cambio cultural que muchas personas se niegan a asumir.

Todos pueden andar en bicicleta

Todos pueden andar en bicicleta

Muchas veces he oído a algunas personas decir que en bicicleta no se puede ir a trabajar, no se puede llevar a los/as niños/as a la escuela, no se puede ir al mercado, o a estudiar, que transpiras mucho, que tienes que ser una persona joven y atlética, que el calor, el frío y la lluvia y no sé cuántas cosas más.

Lo cierto es que nada de todo eso es verdad. Se pueden hacer todas esas cosas y muchas más, y pasarla bien a la vez y ayudar a mantenernos saludables, porque la bicicleta ha logrado, a lo largo de su larga historia una simbiosis con las personas difícil de igualar. Se han conjugado factores miscibles que hacen de las personas y las bicicletas un todo que ofrece versatilidad, seguridad, amabilidad y por sobre todas las cosas ofrece moverte de forma eficiente por la ciudad.

Todos/as pueden andar en bicicleta, hay de todo tipo y para todas las necesidades, solo hay que salir a buscar la bicicleta que mejor se adapte a tus requerimientos de movilidad.

Aquellas personas que siguen insistiendo desde la supuesta “comodidad” del auto sobre que la bicicleta no es un vehículo para la ciudad, deberían bajarse un poco del auto y experimentar algo diferente que seguramente les hará cambiar de parecer. Los resultados están comprobados.

No quiero que interpreten esto como una imposición, porque no se trata de obligar a la gente a usar la bicicleta, sino de incentivar y fomentar su uso para muchas cosas que el auto no puede darte con la libertad y le eficiencia que si te da este noble vehículo.

Yo me volví a subir a la bicicleta hace casi 8 años, después de muchísimos años sin ni siquiera tener una y lo que experimenté fue sorprendente. Me encontré con un modo de transporte que llenó mis días, los hizo mas llevaderos, y mis viajes se transformaron en algo placentero, mejoró mucho mi estado físico, e hizo que la ciudad respire un poquito mejor; dicho así pareciera que mi bicicleta es la solución, pero es solo un granito de arena que junto a muchos otros pueden hacer de esto una enorme playa de alegres ciclistas que contribuyan a dar respiro al entorno en el que nos movemos, que hoy es irrespirable.

Todos pueden andar en bicicleta, solo hay que encontrar el ritmo y salir, el resto se acomoda solo. La ropa no es problema, uno aprende a vestirse de la forma más adecuada en función del clima reinante. Yo aprendí, experimenté, me equivoqué, corregí y acá estoy, sin usar otra cosa mas que una bicicleta para moverme, con frio o calor, y hasta bajo la lluvia.

No crean que soy el loquito de la bicicleta, aunque alguno/a se empecine en llamarme de esa forma, solo soy una persona como cualquier otra que entendió que a la bicicleta no hay que tenerle miedo, que no hay que ser un loco para subirse a ella en verano o cuando llueve, entendí que podemos ser conscientes del daño que hacemos si seguimos moviéndonos arriba de vehículos contaminantes, ruidosos, ineficientes e inseguros. Aprendí que soy capaz de generar el cambio, promoverlo y de transmitir una pasión que se adquiere fácilmente, solo es cuestión de voluntad, porque imposible es lo que no se hace.

No se trata de moverse solo en bicicleta, sino de andar más en bicicleta. Podes moverte como quieras, pero en bicicleta siempre es mejor.

Andar en bici es un peligro para la sociedad

Andar en bici es un peligro para la sociedad

Hoy leí una nota que escribió Gustavo Londeix para el diario Clarín, que está viciada de sesgo, poniendo a quienes andan en bicicleta en un lugar equivocado, generando una grieta innecesaria en un momento donde la bicicleta forma más parte de la solución a los problemas del tránsito, de salud pública y de seguridad vial, que un problema en sí misma, por culpa de un puñado de inadaptados/as sociales.

La nota habla entre otras cosas sobre el respeto, y aunque coincido plenamente en que hay muchos/as ciclistas irrespetuosos/as, a quienes jamás voy a defender, es justo reconocer que esta nota tiene una mirada vacía de matices, como queriendo inferir que el problema está en quienes andan irresponsablemente en bici, sin poner el foco en los/as automovilistas, la infraestructura vial urbana y en las normas que muchas veces desprotegen a ciclistas y peatones.

Si hablamos de respeto, es lógico pensar que una persona que anda en bici por la vereda genera un potencial riesgo que queremos evitar, pero quedarse solo en eso es sesgar la información y no ofrecerle a la opinión pública una visión que le permita pensar y hacer un análisis más certero sobre la problemática que padecemos en materia de seguridad vial, sin importar a priori la forma en la que nos movemos.

Soy un acérrimo defensor de la empatía por sobre todas las cosas, y ponernos en el lugar del más vulnerable debe ser parte indispensable de nuestro ser, porque al menos en mi caso me completa como persona. La bicicleta me enseño muchas cosas, incluso modificó mi forma de manejar un auto, transformando significativamente mi conducta al volante.

Cuando hablan de ciclismo urbano enseguida surge la frase “los ciclistas no respetan nada”, pero ¿alguna vez se pusieron a pensar que nos ofrece la ciudad en materia de infraestructura y normas para que de alguna manera podamos corregir determinados “vicios” que en muchas ocasiones solo aparecen para protegernos de aquello que potencialmente puede dañarnos?

No voy a hacer un extenso análisis de la nota en sí misma, solo deseo decirle a Gustavo Londeix que cuando escriba nuevamente sobre este tema, trate de hacerlo con una mirada mas integradora porque la nota de hoy no persigue otra cosa más que poner a unos contra otros, porque honestamente no habla en absoluto sobre el verdadero problema y así es muy difícil encontrar la solución. No hay un aporte constructivo que permita ponerme de ese lado.

El periodismo en este sentido debe cumplir un rol fundamental, para que la gente tome conciencia de lo que está pasando, hacia donde vamos y lo que debemos hacer para que el ciclismo urbano siga creciendo en la ciudad. Este tipo de notas de barricada en un medio masivo de comunicación como el diario Clarín no ayudan para nada en la búsqueda de una solución al problema que se plantea y que paradójicamente no constituye un problema en sí mismo, si consideramos las estadísticas actuales en cuanto al nivel de siniestralidad vial en Buenos Aires y en todo el país, donde mueren aproximadamente 20 personas por día en siniestros viales provocados por personas que conducen vehículos motorizados.

Y para terminar le hago una pregunta a Londeix, hay muchos peatones irrespetuosos en la calle ¿qué hacemos con ellos/as?

2020

2020

Un año extraño, de esos que difícilmente podamos borrar de nuestra cabeza. Un año que me inspira a escribir todo esto. Lo vivido, lo que deje de vivir, lo inesperado, lo que ha modificado mis conductas, lo aprendido, lo irreparable, lo que me queda por componer y por sobre todas las cosas lo que ha constituido un sinfín de circunstancias que me obligaron a encarar mi vida de otra manera.

Terminaba 2019 y nos preparábamos para iniciar una nueva década, y como todo año nuevo, intentando renovar las esperanzas, con proyectos y planificando un año que nos posibilitara seguir creciendo y mejorando, pero en el medio pasaron cosas.

Pasó enero bajo sospecha, pero sin sobresaltos, llegó febrero con las vacaciones a cuestas y ya pensando en el comienzo del período escolar de mi hija, pero sin sobresaltos, más allá de alguna información que llegaba desde muy lejos. Y llegó marzo con más certezas que incertidumbres sobre lo que estaba pasando en el mundo y que ya veíamos más de cerca. El mundo se declaraba bajo pandemia, la escuela apenas abría sus puertas y nos tuvimos que recluir en nuestras casas sin tener certeza alguna de cuanto tiempo íbamos a tener que seguir de esa manera.

Y en marzo empezó a cambiar nuestra vida tal como la veníamos llevando, encerrados en nuestras casas, sin ni siquiera poder salir a la calle más que para hacer las compras esenciales, empecé a trabajar desde casa, porque tuve la fortuna de poder hacerlo, misma suerte que no tuvieron millones de personas que fueron agotando los recursos de los que disponían, quedándose sin trabajo e intentando reinventarse para poder subsistir.

La vida se fue transformando, día a día, donde el tiempo pasaba casi sin darnos cuenta. Nos preguntábamos si era martes o jueves, las horas y los días pasaban y no nos daban tregua, el encierro se hacía cada día más pesado, la incertidumbre crecía y con ella la ansiedad, los temores, extrañar a familiares y amistades, las salidas recreativas, todo se fue diluyendo. La pandemia nos fue consumiendo eso que siempre consideramos inalienable: la libertad.

Una nueva modalidad de trabajo se apoderó de quienes tuvieron la fortuna de poder seguir trabajando, y desde nuestra casa conectado remotamente a todo lo que alguna vez fue presencial. Una adaptación a algo casi nuevo e inesperado, que nos fue llevando a replantear la idea de que eso no estaba tan mal y que con algunas pequeñas modificaciones hasta quizás podría quedarse casi así, lo que nos daría una perspectiva diferente a lo que considerábamos hasta como “la oficina”.

Moverse fue casi imposible, solo si eras personal esencial tenías autorización para trasladarte a tu lugar de trabajo. El transporte público funcionaba con muchas restricciones, aunque se instaló rápidamente la idea de que viajar en tren, colectivo o subte era riesgoso para la salud por ser un ámbito propicio para la transmisión y propagación del Covid-19.

Las ciudades se fueron transformando, buscando adaptarse a una vida diferente, y mucha gente empezó a ver en la bicicleta una oportunidad única para moverse de forma tal de no exponerse en lugares cerrados para moverse de un lugar a otro, y eso motivó que los gobiernos empezaran a fijarse en cambiar la infraestructura urbana para brindarle a esa gente mayor comodidad y seguridad a la hora de moverse en bicicleta.

El “boom” de las bicicletas, se empezó a escuchar en muchos rincones del mundo. La bicicleta, algo tan simple y sencillo de usar que tuvo que esperar que el mundo se declarara en emergencia sanitaria para poder tener un lugar preponderante en cada rincón urbano donde miremos, y Buenos Aires no fue la excepción.

Quizás un poco abrumados por lo que estábamos viviendo, e intentando reorganizar los recursos humanos y económicos, pero lo cierto es que en Buenos Aires arrancamos tarde con esto empezar seriamente en recuperar el espacio público para las personas. Un espacio público necesario para moverse sin estar expuestos a la concentración masiva de personas en lugares cerrados. Espacios abiertos donde podamos movernos con mayor libertad, sin depender de otra cosa más que de nuestra voluntad, y la bicicleta pasó a ser una aliada indispensable en eso de movernos de forma segura, limpia y saludable, y para eso era absolutamente necesario recuperar el espacio público.

Se avanzó bastante en la idea de una ciudad para las personas, algo que se viene manifestando en el mundo desde décadas, y de eso sabe mucho Jan Gehl y hay mucho material escrito por Jane Jacobs, y muchos urbanistas modernos dispuestos a cambiar la forma de vivir en las ciudades.

Lamentablemente tuvimos que pasar por todo esto, para que la construcción de esos deseos se aceleren, y hoy estamos cosechando el fruto que esta pandemia ayudó de alguna manera a que madure, facilitando que determinados procesos comenzaran a manifestarse de forma fehaciente.

Al final del año me quedo con varias cosas que nos deja esta pandemia, el “boom” de las bicicletas, moverse solo lo necesario, el trabajo remoto y la libertad que eso nos ofrece, consumir solo lo que necesitamos, disfrutar más del hogar, estar más en contacto con la familia íntima.

Hoy arranca un nuevo año, y ya nos sentimos agobiados por la incertidumbre y con eso la ansiedad nos domina, tal como nos pasó en marzo pasado, pero ahora con la cabeza puesta en conseguir esa vacuna que nos pueda dar un respiro y desde ahí empezar a defender todo lo bueno que hemos logrado, corregir aquello que en el pasado nos hizo daño, y seguir construyendo todo aquello que sabemos va facilitar nuestras vidas.

No aflojemos, pensemos que si algo vino para quedarse es que la ciudad es de las personas y desde allí debemos reinventarnos. Esto recién comienza, es el principio de un mundo algo diferente, o al menos eso parece; no dejemos que nos arruinen los proyectos y esperanzas que como cada año nos planteamos y que nos permiten seguir nuestro camino de creación.

#ProhibanLosAutos: ¿un hashtag polémico?

#ProhibanLosAutos: ¿un hashtag polémico?

Desde que transito por las redes sociales, especialmente Twitter, me he encontrado con infinidad de cosas, algunas graciosas, otras no tanto, muchas de las que pude aprender, información diversa, de la buena y de la mala, y gente que es mejor perder que encontrar: “haters” u odiadores/as seriales.

Sabemos cómo circula la información en las redes, aunque muchas veces algunos no sabemos cómo manejar esa información y me incluyo en ese grupo. No soy un experto, ni pretendo serlo, pero he aprendido bastante y de a poco fui procesando mejor todo lo que veo circular, incluso aprendí en Twitter a saber llevar un debate adelante sin caer en conductas agresivas que justamente caracterizan a quienes lo único que pretenden es generar siempre una opinión negativa en la opinión pública. Me fui adaptando a un entorno que por lo general es agresivo, sin entender bien por qué lo es.

Lo mío es el bici-activismo, y desde mi bicicleta intento fomentar el uso de este vehículo que ya lleva más de 200 años entre nosotros y que casi duplica ampliamente los años que lleva el automóvil en nuestras calles.

Mi otro objetivo, siempre a través de la bicicleta, es mejorar la calidad de vida en mi ciudad, y en ese camino es que voy encontrando cosas que me hacen reflexionar, las analizo y las pongo sobre la mesa para que otros/as también se tomen el tiempo de analizar, reflexionar y comprender.

Quienes me conocen ya me han escuchado hablar mucho sobre las bondades de la bicicleta y todos los beneficios que aporta, aunque siempre es bueno recordarlos. La bicicleta es amigable, saludable, segura, eficiente, limpia y fácil de conducir. Y en ese sentido cuando buscamos analogías con otros vehículos, no encontramos un paralelismo que pueda al menos acercarse a todos esos beneficios juntos.

Cuando salimos a la calle y vemos el tránsito que nos rodea, nos damos cuenta de inmediato del entorno agresivo en el que tenemos que movernos, y en esa observación aparece el auto como denominador común. El auto como elemento discordante de un ecosistema desmadrado que busca frenéticamente encajar en una urbanidad que nos falta y que no nos merece.

Por simple observación el auto no parece ser el vehículo ideal para moverse en la ciudad, aunque algunos/as intenten convencerme de lo contrario. El tránsito lo generan los autos, donde no van más de 1.3 personas en su interior, según lo que demuestran las estadísticas en el mundo. Moverse en auto implica surfear la marea de automovilistas ávidos por llegar a destino a cualquier precio y en la “menor cantidad de tiempo posible” (?), aunque eso casi nunca sea posible, intentando buscar un lugar donde estacionar y para eso hacen uso de conductas irresponsables, excediendo los límites de velocidad toda vez que pueden, haciendo maniobras indebidas, estacionando en lugares prohibidos, y no respetando el paso de peatones y ciclistas, y ni siquiera de otros automovilistas que tendrían prioridad según las normas vigentes.

Son las personas, no los autos, me dicen muchos/as, y tienen razón, pero yo intento analizar esto con otro enfoque y digo, que una persona puede ser irresponsable en cualquier ámbito en el que se encuentre, pero ¿qué nivel de daño puede causar una persona que camina o que anda en bicicleta, frente a otra que maneja un vehículo de más de una tonelada y que puede desarrollar velocidades prohibitivas? La respuesta está en esta foto…

Mueren aprox 20 personas por día en Argentina en siniestros viales

Si buscamos la solución en corregir el grado de irresponsabilidad de las personas, nos llevará siglos lograrlo, pero si buscamos desincentivar y reducir el uso del auto particular vamos a llegar mucho más rápido a la solución deseada: tener ciudades más amigables, menos agresivas.

Hace algunos años leí en Twitter el hashtag #BanCars y me pareció alocado y divertido a la vez, y sin dudarlo pensé en usar su versión en español, sin medir las consecuencias que ese hashtag podía generar en la gente, y aún así me sigue gustando y lo sigo usando.

Hay personas que leen #ProhibanLosAutos y enseguida lo toman con tanta literalidad que me asombran. ¿Cómo se me va a ocurrir a mi prohibir los autos? Los autos seguirán existiendo: eléctricos, híbridos y/o autónomos, solo que si tenemos menos autos en la calle vamos a tener un espacio público mucho mejor distribuido en función de la forma en la que la mayoría de las personas se mueven, es decir, más del 70% no usa el auto particular para moverse en la ciudad, pero paradójicamente son los autos los que ocupan la mayor cantidad de espacio hoy en día, entonces por qué no jugar un poco con esto y plantear una solución utópica, pero que a la vez tenga cierto sentido práctico, sin llegar a herir la susceptibilidad de aquellas personas que creen que lo mío es proponer la extinción del automóvil…aunque no sería una mala idea, no?