Ni una bici blanca más

Ni una bici blanca más

El domingo pasado participé de una bicicleteada que nunca debió haber existido, y hoy escribo una nota que nunca debí haber escrito, y espero no tener que escribir nada similar en el futuro.

La bicicleteada del domingo pasado se convocó para acompañar a la bici blanca que se colgó en Buenos Aires en memoria de Marcela Bimonte, quien fue asesinada por un automovilista irresponsable que conducía bajo los efectos de las drogas y que luego del hecho se dio a la fuga sin prestar asistencia, no solo a Marcela, sino a muchas personas más a quienes también había atropellado mientras circulaban por una bicisenda y hoy se encuentran en grave estado.

Esta nota tiene sonido, el sonido de un grito (o de muchos), del reclamo, de la impotencia, de la tristeza. Me siento desmoronado ante la sucesiva cadena de hechos lamentables que debemos padecer quienes nos movemos en la ciudad, con relación a la movilidad urbana y especialmente aquellos donde el auto es protagonista. Un protagonismo que no te compro, porque sabemos positivamente todo lo negativo que el uso y abuso irresponsable del auto aporta a la sociedad.

Esto no es una apología en contra del auto, aunque bien podría serlo, pero no lo es. Esto es un llamado permanente a la reflexión de toda la sociedad, sin importar como nos movamos, porque en definitiva todos durante gran parte del día solo caminamos.

Marcela fue asesinada y abandonada y eso es un homicidio simple, agravado por el abandono de persona. Nada le devolverá la vida a Marcela, pero cada uno de nosotros puede hacer un aporte, por mínimo que sea, para que movernos en la ciudad deje de ser riesgoso, y se transforme en algo disfrutable.

Cuanta más gente debe morir absurdamente para darnos cuenta de la loca carrera que corremos en contra de nosotros mismos. Nos auto-flagelamos constantemente, y no es un juego de palabras, es literal. Nos castigamos, y en esa frenética carrera hacia la nada castigamos a otros que sin saberlo dejan de existir en un segundo, sin ni siquiera haber podido entender esa actitud inequívoca de demencia que caracteriza a esas personas cuya realidad alterna desvía cualquier razonamiento lógico que pueda contener algo de amor, respeto, empatía, conciencia, tolerancia y paciencia.

Hace una semana Marcela Bimonte fue asesinada, que bien podría haber sido Pablo Lebedinsky, o vos o cualquier otra persona de tu círculo íntimo. Muchas cosas nos quedan por hacer, pero lo más importante es lograr recomponernos como personas ciudadanas, con voluntad, compromiso y un espíritu combativo desde lo humano, para que no tengamos que seguir colgando bicis blancas o estrellas amarillas en diferentes rincones de la ciudad, sino movernos de la forma que mas nos guste, para darle vida a la ciudad en lugar de seguir despidiendo gente que no debió haberse ido.

Les pido a todos quienes lean esta nota que entiendan el significado que tiene la vida, que divulguen el mensaje, que lo sostengan en sus grupos familiares y amistades, porque no hay mejor campaña que la que podamos transmitir de persona a persona, mas allá de las pequeñas acciones que podamos ir haciendo cada uno de nosotros, para que vivir en la ciudad sea cada día mejor.

Gracias por leer, y por compartir lo que siento y lo que intento transmitir.

Una ciudad a escala humana

Una ciudad a escala humana

Las ciudades fueron creciendo y desarrollándose durante estos últimos 100 años alrededor del crecimiento de la industria automotriz, pensando que la irrupción del automóvil iba a facilitar la forma de movernos y que los viajes de las personas iban a ser más agiles, placenteros y eficientes.

Han pasado las décadas y hoy salimos a la calle y todo eso que pensaron los desarrolladores de época han quedado enterrados ante la evidencia irrefutable de que el auto se ha transformado en el mayor problema que acarrean las ciudades en términos de movilidad, transporte, contaminación y seguridad vial.

Ahora nos preguntamos si hay algo que se hizo mal, y en mi opinión no creo que se haya hecho algo mal, lo que no se hizo es haber pensado que podría haberse hecho mejor, es decir, no pensar tanto en como moverse en auto sino en que espacio le íbamos a destinar a las personas y seguir el derrotero automotriz a la par del crecimiento de una ciudad que esté preparada para darle comodidad, eficiencia y seguridad a la movilidad de las personas, en lugar de seguir insistiendo en quitarles espacio para meter más autos.

Una ciudad pensada para las personas, obviamente le quitaría poder a la industria automotriz, porque sencillamente no habría espacio para más autos, y la producción no sería tan grande como lo es hoy, aunque actualmente y por fortuna algo está cambiando, hay algo en el aire que muy sutil, lenta y progresivamente va tomando forma, y es nuestro deber acompañar ese cambio para ayudar a que nuestras ciudades vuelvan a tener el esplendor de antaño, donde caminar o andar en bicicleta no era lo riesgoso que supone hacerlo hoy.

Las calles de la ciudad deben ser transformadas de tal manera que salir a caminar o andar en bicicleta no suponga un riesgo, que si tienes que usar el auto sepas que solo te va a servir y ser más eficiente para largas distancias y fuera de la ciudad, que usar el transporte público no tenga que ser una aventura inhumana, que ir a la escuela o salir con amigos en bici pueda ser parte fundamental del momento y disfrutarlo.

Una ciudad a escala humana, es facilitarle la movilidad a las personas, en lugar de hacérsela más miserable y peligrosa. ¿Por qué debemos seguir pensando donde meter más autos o pensar por donde deberían circular, si ya sabemos lo que ocurre cuando hacemos eso? ¿Por qué mejor dejar de producir tantos autos, o producir solo los extremadamente necesarios, y dedicarnos masivamente a la producción de modos de transporte más seguros, eficientes y económicos? Preguntas que debemos respondernos cuando vemos como nuestras ciudades se van colapsando rápidamente ante nuestros ojos.

Los autos han sabido destruir las ciudades y ahora nos toca reconstruirlas, pero sin ellos. Todo depende de nosotros, de nuestra voluntad por generar pequeñas acciones cada día que fuercen ese cambio y nos sumerja paulatinamente en un espacio que podamos disfrutar, y no padecer.

Muchos decimos que si una ciudad la pensamos con los ojos de nuestras infancias, habremos recorrido el camino correcto, porque no hay nada más seguro que hacer calles que pueda disfrutar la niñez, y por consiguiente todos nosotros.

Les dejo un resumen de un Masterclass que dio Gehl Architects en Buenos Aires en 2016 https://youtu.be/3TwS4JYynmI

¿Salir a protegernos o salir a disfrutar?

¿Salir a protegernos o salir a disfrutar?

A raíz de un siniestro vial fatal que ocurrió este último fin de semana en la zona de la estación Once del Ferrocarril Sarmiento, en el barrio Balvanera de la Ciudad de Buenos Aires, se me ocurrió escribir algo que vuelve siempre al debate, y es sobre si las personas deben salir a la defensiva o a disfrutar del espacio público.

Todo el tiempo estamos pidiéndole a la gente que use el cinturón de seguridad, que se ponga casco, que use chaleco reflectante, que use luces y ropa clara y no se cuantas cosas más por un tema de seguridad vial. Lo cual está muy bien si lo vemos desde lo que representa un elemento de seguridad para la protección de las personas, pero ¿qué ocurriría si yendo en bicicleta sin casco te atropella un/a automovilista que va mirando su celular? ¿Diríamos que fue porque el/la ciclista no llevaba puesto el casco?

Suele pasar que nos sobreprotegemos más de la cuenta porque no somos capaces muchas veces de ir un poco más allá y ver las cosas con otra perspectiva, para poder darnos cuenta verdaderamente del contexto en el que estamos y así poder reclamar y accionar sobre lo que vemos que está mal o no cumple mínimamente con aspectos de seguridad propios de las necesidades que tenemos como personas a la hora de movernos por la ciudad.

No es justo señalar a la víctima cuando ocurre un siniestro vial, aún si esa persona haya obrado de forma inapropiada, porque en realidad la víctima quizás sea el resultado de algo que habitualmente está mal hecho y ahí es donde debemos poner el foco.

Todo lo que hace a una ciudad segura debe estar enfocado en las personas, cuando se pierde ese foco las ponemos en riesgo, y es ahí donde se insiste equivocadamente en eso de que la gente debe cuidarse. El instinto de preservación forma parte de nuestro ser, no es necesario decirle a la gente que se cuide porque son conductas que surgen casi espontáneamente. Lo que si es importante decirle a la gente es que debe dimensionar correctamente que ciudad tiene y reclamar aquellas cosas que necesariamente deben poner a las personas por encima de cualquier otro factor de tránsito.

Cuando miramos la ciudad que tenemos, nos damos cuenta qué poco tiene de amigable para con las personas, porque siempre se priorizó la circulación motorizada, y en ese sentido es que encontramos la “solución” en pedirle a la gente que salga con armadura, lo que fomenta mucho más el entorno agresivo en el que vivimos. Lo que en realidad debemos hacer es transformar ese espacio agresivo en algo que nos quite el peso de tener que salir a la calle siempre a la defensiva, cuando deberíamos salir sin temor a que nos atropellen.

Nunca, pero nunca nos enfoquemos en responsabilizar a la victima de algo que normalmente no tiene bajo su control y que claramente nos remite a analizar el entorno y sus consecuencias, e intentar cambiarlo para mejorarlo.

Como le dije a un usuario en tuiter, transformadores son aquellos que viendo la realidad intentan algo para cambiarla, pero con una visión más amplia y evitando poner a la víctima en el foco del debate.

Sigamos trabajando por una ciudad donde caminar o andar en bicicleta no tenga que ser dramático, sino disfrutable.

La “comodidad” del auto

La “comodidad” del auto

Desde hace más de 100 años que la industria automotriz viene creciendo bajo el lema de la seguridad, la libertad y la independencia. Hoy sabemos que ese paradigma que creció con los años, hasta nuestros días, ya no es lo que fue hace algunas décadas en el siglo pasado.

Si nos fijamos detenidamente en la definición que arroja el diccionario podremos situarnos en el contexto de lo que intento escribir hoy.

El auto, como tal, hoy no constituye una comodidad para moverse dentro de una ciudad y sin embargo mucha gente lo sostiene como el modo de transporte cómodo por excelencia, mientras duplica su tiempo de viaje que de otro modo sería mucho mas corto, o intentando librar una batalla para salir del atascadero, buscar un lugar donde estacionar, o una gasolinera para cargar combustible, y eso solo repercute negativamente en las personas, porque agrega un sinnúmero de situaciones que lo único que hacen es generar más tensión y estrés que lo recomendado..

¿Qué es viajar cómodo en un auto? ¿Acaso algunas de las acepciones arriba mencionadas se encuadran dentro de esa sensación? Pareciera que no a simple vista, y si alguna vez te has montado en un auto en horas pico en cualquier rincón de la gran ciudad.

Vayamos desmenuzando una por una las acepciones que nos da el diccionario, a saber:

1. En ningún momento se lleva el auto con agrado y sin dificultad o molestia cuando la prioridad es intentar llegar a destino sin que te choquen o se te rompa el auto.

2. Que grado de bienestar y descanso podemos tener arriba del auto si estamos todo el tiempo, pendientes del tránsito y sus vicisitudes.

3. No hay un estado de relajación posible mientras intentamos circular con un vehículo de más de 1000 kilos entre otros automovilistas que intentan hacer lo mismo que uno, pasar por el mismo lugar que nosotros y al mismo tiempo.

4. Esta acepción puede estar más acorde con lo que el auto representa, la “comodidad” que te da no mover el cuerpo, pero contrariamente a lo que muchos/as suponen, eso no es comodidad, sino sedentarismo. Es decir, una acepción que se aleja bastante de la realidad, porque no moverse genera problemas de salud, no comodidad.

Hoy las ciudades están saturadas de autos, transpiran autos por todos lados, los encontramos en la calzada, en la vereda, en las sendas peatonales, en las ochavas, sobre las ciclovías, porque parece que es mucho más cómodo pisotear los derechos de otros que darse cuenta del deterioro que causan al ecosistema urbano.

¿Cuál es la razón por la cual seguimos pensando que moverse en auto es una “comodidad”, cuando en realidad la calle nos muestra otra cara? ¿Será que estamos muy mal acostumbrados a que nos martillen la cabeza con mensajes espurios sobre la libertad e independencia que nos ofrece el auto?

Quizás sea el momento justo para replantearnos seriamente de qué manera movernos, y entender que eficiencia, libertad e independencia es justamente no tener que depender del auto para movernos y que deje de ser una opción “cómoda”.

En síntesis, si todavía crees que el auto es un modo de transporte cómodo para moverte en la ciudad, vas a tener que bajarte de el e intentar moverte de otra forma para experimentar lo que es la libertad e independencia en movilidad urbana.

Dicho esto, me retiro elegantemente a seguir fomentando el uso de modos de transporte más sustentables y realmente cómodos.

¿Qué es una ciudad ciclista?

¿Qué es una ciudad ciclista?

Cuando escuchamos hablar de “ciudades ciclistas” pensamos casi automáticamente en Ámsterdam y Copenhague, y en alguna otra ciudad de Europa, y quienes andamos en bicicleta quisiéramos estar siempre ahí, porque vemos lo que hay, como se mueve la gente, como han progresado en infraestructura y principalmente como han logrado un cambio cultural envidiable, donde la gente puso atención en formas más amigables de movilidad y gobiernos que entendieron el reclamo de la gente hace más de 40 años.

Mi experiencia arriba de la bicicleta no es mucha por cierto, pero en estos años que he decidido moverme en bici, he visto lo que se ha hecho en el mundo, he aprendido sobre infraestructura, he debatido sobre si hay que hacer ciclovías o no, sobre intermodalidad, sobre seguridad vial, he conocido gente con experiencia que me ha mostrado un lado de la movilidad que era desconocido para mí, y en ese fructífero camino he pensado muchas veces en todo lo que ha hecho mi ciudad al respecto, todo lo que aún se puede hacer para mejorar lo que se hizo y también hacer cosas nuevas.

Una ciudad ciclista no es solamente una ciudad donde se ande en bicicleta, es mucho más que eso, es una ciudad que valora la movilidad activa por sobre otros modos de transporte y que suma eficiencia y seguridad en espacios reducidos, de alta densidad poblacional y donde el hacinamiento, el ruido y la inseguridad vial se adueñaron del espacio, escaso en muchos aspectos, y que se debe principalmente a que las ciudades fueron siendo devoradas por una cultura vial centrada en el automóvil, y que nunca puso en valor la importancia que tiene moverse a escala humana.

Una ciudad ciclista no es una ciudad que solo tenga ciclovías (en muchos casos de dudosa calidad) que acompañen un discurso colorido, es pensar desde el sillín de una bicicleta como hacer que la gente se mueva mejor, y para eso es necesario acompañar el cambio, no solo con ciclovías, sino también con políticas públicas que valoren la movilidad desde lo humano y que eso nos haga cambiar culturalmente de forma progresiva.

Una ciudad ciclista es aquella que construye para que vengan y no al revés, pero tengamos cuidado con eso, porque no se trata solo de construir, sino de generar espacios seguros, que valoren la vida en comunidad, que permitan preservar la calidad del aire, que andar en bicicleta o caminar no sean un problema, que podamos salir a la calle sin preocuparnos por cómo protegernos, sino pensando en disfrutar del viaje.

Una ciudad ciclista es una ciudad donde su cultura da vueltas alrededor a una movilidad que sea limpia, eficiente, segura, amigable y donde la gente deje de pensar masivamente en el auto particular como una opción para moverse. Si logramos dejar de pensar en eso estaremos construyendo, casi sin darnos cuenta, una ciudad que nos permita andar en bici o caminar sin necesidad de creer que estamos perdiendo el tiempo arriesgando nuestro pellejo en un tránsito convulsionado y violento, donde normalmente reinan la intolerancia y la prepotencia.

Una ciudad ciclista es una ciudad donde me sentiría más cómodo, más seguro, más sano, más amigo de la gente y por sobre todas las cosas más humano.

No somos Ámsterdam suele decir mucha gente, y es verdad, pero también es verdad que Ámsterdam tampoco lo fue, y hoy si lo es, en base al esfuerzo de una sociedad que quiso cambiar, gobiernos que entendieron de que se trataba todo eso y de un compromiso con ese cambio, sin banderas más que las de buscar mejorar la calidad de vida, porque de eso se trata vivir mejor.

Lleva tiempo, pero imposible es lo que no se hace.

La bicicleta, mucho más que un modo de transporte

La bicicleta, mucho más que un modo de transporte

Se habla siempre de la bicicleta como un modo de transporte y recreación, y eso es muy cierto, pero algo que mucha gente no sabe es que la bicicleta también es una poderosa herramienta de transformación y pacificación social, y aunque veamos gente que anda como loca en bicicleta, no podemos dejar de lado una realidad de la que no somos ajenos ni podemos ignorar, la bicicleta sigue siendo más segura que cualquier otro modo de transporte.

Hagamos un ejercicio, por favor situémonos en cualquier esquina de la ciudad y podremos observar rápida y fácilmente que lo que digo, no es solo el capricho de un loquito apasionado por la bicicleta, es mucho más que eso, es reconocer en la bicicleta una forma de vida, una manera de ver la movilidad de forma más amigable, inclusiva y limpia.

Usar la bicicleta debe ser tomado como un acto de rebeldía frente a la intolerancia, la prepotencia y la falta de empatía que generan el uso de modos de transporte más agresivos, como lo es el automóvil. Una rebeldía bien entendida, donde lo rebelde pasa por querer romper con el paradigma de que el uso del automóvil es sinónimo de libertad, progreso e independencia.

No quiero ver gente en bicicleta que crea que puede pisar los derechos de otras personas, quiero ver gente en bicicleta que entienda el enorme peso que tiene su incidencia en la sociedad moderna y violenta que padecemos, donde quien usa el auto parece querer demostrar su supremacía por sobre el más vulnerable. Sin embargo, debemos recordar que aún, circulando en bicicleta, sigue habiendo siempre alguien más vulnerable, y es la persona que camina.

¿Por qué tenemos que circular con la bici creyéndonos ser inmunes a lo que nos rodea y llevarnos por delante los derechos de quienes deben ser nuestros aliados? ¿Por qué pensamos que en la bicicleta podemos ir más rápido, en lugar de pensar que podemos ir mas tranquilos? ¿Por qué no paramos en una esquina y dejamos que el peatón cruce primero? ¿Por qué no usamos la bicicleta como una útil herramienta en lugar de usarla como un campo de defensa en combate?

No nos olvidemos que esto no es una guerra por el espacio público, aunque algunas personas lo tomen equivocadamente de esa manera, sino una lucha pacífica por conseguir mejorar la convivencia vial y consecuentemente nuestra calidad de vida.

La bicicleta debe ser nuestra amiga y compañera en ese transitar por una ciudad que intenta de muchas maneras devorarnos y arrinconarnos, para que solo circulemos a la defensiva y en ese acto de defensa llevarnos por delante todo lo que se ponga delante nuestro, incluso automovilistas.

No se trata de buscar culpables, se trata principalmente de intentar hacer bien las cosas desde el lugar que nos toque, y la bicicleta sinceramente nos da esa posibilidad de hacer las cosas de diferente manera, pero sin violencia, sin prepotencia, con respeto y empatía y no creyendo que, porque los/as automovilistas nos agreden, nosotros podemos hacer lo mismo con quienes son más vulnerables. No pasa por ahí ni cerca, no pasa por ahí.

Tenemos que actuar con inteligencia, medir las consecuencias de nuestros actos, pensar en el otro, evaluar por donde podemos ir y por donde no hacerlo, hacer que las cosas sucedan de manera más natural, y no generando el choque permanente que nos desgaste, buscar siempre alternativas que nos mejoren el viaje.

Yo he intentado muchas cosas para que mis salidas en bicicleta sean cada vez mejor, y me he involucrado activamente en todo lo que se relaciona con el ciclismo urbano de mi ciudad. No se si lo he hecho bien, me he equivocado muchas veces, y los que me conocen lo juzgarán mejor, pero he aprendido y entendido que andar en bicicleta no me transforma en un ser superior, y de algo estoy muy seguro, seguiré el camino que elegí con la bici y tratando siempre de ser mejor persona, porque no quiero estar del lado oscuro.

En la adultez tenemos mucho por aprender, porque es un constante proceso de crecimiento y desarrollo que termina cuando morimos, pero nuestra mayor responsabilidad como adultos es dejarles el camino allanado a las infancias, porque la base de todo está ahí, y la construcción siempre se hace desde la base.

La bicicleta me ilumina y quiero ver que más gente sienta esa sensación hermosa que genera poner un pie sobre los pedales.

De esto también debemos hablar

De esto también debemos hablar

Les voy a contar brevemente una triste historia que nos tiene que movilizar como sociedad y ponernos a reflexionar sobre nuestra conducta para con los demás.

Ayer me enteré, que la mamá de una amiga de mi hermana, de toda la vida, fue atropellada el pasado sábado por un/a ciclista, lo que le provocó un coma profundo con una posible muerte cerebral (aún no confirmada), producto de la caída sobre el pavimento. Si, tristísimo, pero así de cruda es la realidad que nos golpea y que no debemos ignorar.

Escuché muchas veces, y lo repito como un loro (me hago cargo de eso porque me apoyan las estadísticas globales), que quienes andan en bicicleta no matan, solo quienes andan en auto lo hacen; hasta que pasan estas cosas, y es ahí donde se nos abre un abanico de preguntas que debemos respondernos.

La primera pregunta es ¿por qué? Y me cuesta a mi responder un poco eso, porque voy transitando cada día promoviendo el uso de la bicicleta como modo de transporte seguro, pero a la vez debo situarme del lado de las personas, que usando el vehículo que usen, siguen siendo personas, con sus problemas, sus perfiles psicológicos, sus conductas, sus idiosincrasias y también sus miserias, porque tenemos que aceptar que también hay gente desaprensiva que anda en bicicleta. Gente que actúa siempre de la misma manera, sin importar la forma en la que se mueva. Irresponsables, irrespetuosas y con un alto grado de desprecio por la vida y los derechos del otro.

No voy a caer en la clásica de pedir que quienes anden en bicicleta deban tener licencia, pagar patente y esas cosas, porque habiendo pasado lo que lamentablemente pasó, sigo sosteniendo que debemos darle más lugar a la movilidad activa con todos los beneficios que genera, que son muchos frente a lo que podemos suponer como un riesgo.

Esto que ocurrió, y que me entristece enormemente, nos tiene que hacer reflexionar, por favor les pido que multipliquen el mensaje, háganlo llegar a todos los rincones, quizás le llegue a quienes todavía siguen andando en bicicleta creyendo que pueden hacerlo por encima de los derechos de cualquier otra persona. Nos tenemos que meter un poco hacia adentro y mirarnos el corazón, replantearnos qué estamos haciendo mal y proponernos modificar lo negativo en positivo. No hay otro camino más que el del respeto, la empatía y el aprecio por la vida.

La bicicleta no solo es un modo de transporte, también debe ser un disparador de buenas conductas, que motiven a otras personas a usarla y que la calle se llene de alegría y no de ciclistas enloquecidos.

Esto no pretende ser un alegato, pero la historia ya está contada, y solo les ruego que multipliquen mis palabras, y que vuelen por el aire, para que podamos transitar un profundo proceso de reflexión que nos convierta progresivamente en una sociedad más respetuosa, tolerante, comprensiva, amistosa, empática y por sobre todas las cosas, más humana.

Si esto volviera a pasar, volveré a ser el portavoz de quienes queremos una sociedad que entienda realmente cual es el valor incalculable de la vida, porque alguien debe decirlo, y porque de esto también debemos hablar.

Por Temis y para que no vuelva a pasar.

Yo ando en bicicleta

Yo ando en bicicleta

Si me preguntan como me muevo por la ciudad, les digo que me muevo en bicicleta, y eso automáticamente dispara otras varias preguntas que se relacionan directamente con la comodidad y la seguridad.

Andar en bicicleta no es difícil, y todas las personas pueden hacerlo. Andar en bicicleta es inclusivo, ya que no distingue ni edad, ni origen racial, ni género ni condición social alguna, ni siquiera las capacidades físicas de una persona impiden que pueda andar en bicicleta, porque sabemos que hay bicicletas adaptadas para casi cualquier tipo de dificultades físicas, incluso gente no vidente podría andar en bicicleta con el acompañamiento adecuado.

Yo adopté la bicicleta desde hace ya algunos años como mi modo de transporte diario para ir a trabajar (“commuting” es su traducción al idioma inglés) y es algo de lo que no me arrepiento en absoluto e intento transmitirlo toda vez que puedo.

Al principio fue algo complicado arrancar porque había circunstancias climáticas y de infraestructura que me hacían dudar sobre las posibilidades de moverme en bicicleta por una ciudad complicada, pero con el paso del tiempo, mi voluntad, y con unas ganas enormes de querer hacer algo diferente por mi ciudad, es que fui encontrando la forma de ir resolviendo esos enigmas y “complicaciones” a la hora de subirme a la bicicleta. Encontré mi ritmo, la ropa adecuada para cada necesidad y los lugares por donde circular dependiendo del día y la hora. Todo eso me permitió conocer más y mejor la ciudad y sus rincones.

Y así fue que con cada día me fui dando cuenta que el agua era solo eso, que no cae acido del cielo, que no somos de azúcar, que si hace frio me abrigo y si hace calor voy fresco, que la calle es la misma para todos y que tenía la libertad de ir por donde me llevaran mis dos ruedas, siempre haciéndolo con respeto y empatía, porque entendí que esa era la única manera de usar la bicicleta y promover su uso, más allá de todo lo que ella nos ofrece desde su nobleza, su simpleza y su inmensa capacidad para brindarnos felicidad.

La bicicleta me ofreció un sinnúmero de posibilidades para conocer gente, para ver la ciudad con otros ojos, para sentir que podía moverme con comodidad, sin pérdidas de tiempo, ahorrando dinero, y permitiendo que mi cuerpo entendiera las bondades del ejercicio físico, que no es poco a la hora de hablar de la bicicleta como un incentivo para mejorar nuestra salud y llevar nuestro cuerpo y nuestra mente a otro nivel.

Para andar en bicicleta no se requiere de habilidades extremas, ni de mucho dinero, ni de grandes obras de infraestructura, sino de tener ganas de movernos de forma eficiente, económica, liviana, limpia y segura.

Todos podemos andar en bicicleta, aunque creamos que hay algo que nos pueda doblegar, lo importante es conseguir que la mente acompañe esas ganas de querer subirnos a la bici y empezar a transitar el cambio, porque creo que tenemos en la bicicleta una herramienta que nos da el poder suficiente para lograr que la ciudad sea un lugar que podamos disfrutar, solo o en familia, con amigos, para ir a trabajar o a estudiar, o hacer compras, o simplemente pasear.

Ahí nos encontraremos, andando en bici, porque el espacio ya existe, solo hay que hacerlo nuestro.

Sin redes

Sin redes

Las redes sociales son una herramienta importante a la hora de activar movimientos y si se usan apropiadamente suelen ser muy efectivas, pero en ese camino uno va encontrando situaciones que generan frustración, cansancio, incomodidad y hasta hartazgo, que llevados a niveles de intensidad extrema repercuten en la vida de cada uno de maneras diferentes.

En lo personal creo que me fue muy útil utilizar las redes para comunicarme con la gente, transmitir mis opiniones, mis observaciones diarias, mis frustraciones, hacer catarsis, llegar a lugares inimaginables y hasta debatir temas que me ayudaron a aprender mucho de lo que se con respecto al ciclismo urbano, la seguridad vial y el urbanismo, conocí gente muy interesante, conocedores/as de todos estos temas, que me han aportado valiosísima información que me ayudó a crecer, entender muchas cosas relacionadas con la bicicleta y a interrelacionarme con las personas.  Esto es lo positivo y lo celebro.

Lo negativo de todo esto es la forma en la que muchas personas usan este medio de comunicación, gente que aporta nada, que solo destila odio y que sin darnos cuenta nos va desmoronando, o al menos eso es lo que me está pasando hoy, por imprimirle una profunda intensidad a la causa, y es justamente por esa razón que tomé la decisión de alejarme de las redes sociales, para dedicar mi tiempo a lo más importante, mi familia.

Estoy tratando de convencerme que puedo hacer mucho por las personas sin tener que lidiar en redes sociales llenas de odio y gente rota que no necesitamos.

Si quieren seguir en contacto conmigo ya saben donde encontrarme, arriba de la bici.

Abrazo.

No es lo mismo

No es lo mismo

En nuestras vidas pasamos el tiempo comparando todo, e intentando poner todo al mismo nivel, pero en realidad no todo es lo mismo ni todo debe valorarse de la misma manera; particularmente cuando hablamos de movilidad, porque está claro que las diferencias entre los distintos modos de transporte son enormes, y aunque en algunos pasajes de la ley de tránsito que regula la circulación de los diferentes modos se intenta tibiamente marcar las diferencias, en la práctica eso no sucede y nos enfrentamos cada día con situaciones que nos ponen en riesgo solo porque naturalmente creemos que todo es lo mismo, pero debemos entender que las normas fueron hechas mayormente desde una sola perspectiva y no como una ley que proteja al más vulnerable.

Escucho normalmente decir que todos debemos respetar las normas, y eso esta muy bien, así debe ser, y no me canso de promoverlo, pero ¿está bien respetar una norma que puede ponerme en peligro? Hay que entender que las cosas suceden muchas veces porque no se respetan las reglas, pero también porque al respetarlas quedamos atrapados en un hoyo que nos puede dañar, y es ahí donde debemos detenernos a pensar si decir que todos debemos respetar las reglas es realmente lo que necesitamos, o si en verdad lo que debemos hacer es cambiar esas reglas, para que de una vez y para siempre la norma ponga la pirámide en la posición correcta, o acaso tendremos que pedirle a los peatones que usen casco y chaleco reflectante.

Para que eso suceda debemos empujar a nuestros gobiernos a asumir el compromiso que les cabe para mejorar la forma en la que nos movemos, y eso se logra no solo con leyes que tengan una perspectiva más inclusiva, sino también desde la infraestructura vial, que canalice la movilidad a través de calles más seguras que prioricen a las personas por sobre cualquier otra forma de movilidad y transporte.

Queremos calles donde caminar y andar en bicicleta sea seguro. Si logramos eso habremos dado un paso importante para acomodar el resto, y si a eso le sumamos reglas de circulación que acompañen a la infraestructura vial, entonces habremos avanzado hacia la construcción de una ciudad donde los valores queden correctamente establecidos y donde podamos hablar de equidad y no de igualdad.

Nada es perfecto, pero todo es perfectible si hay voluntad, coraje y compromiso para hacerlo, y recuerden que cuando hablamos de movilidad y seguridad vial, no es lo mismo igualdad que equidad.