#ProhibanLosAutos: ¿un hashtag polémico?

#ProhibanLosAutos: ¿un hashtag polémico?

Desde que transito por las redes sociales, especialmente Twitter, me he encontrado con infinidad de cosas, algunas graciosas, otras no tanto, muchas de las que pude aprender, información diversa, de la buena y de la mala, y gente que es mejor perder que encontrar: “haters” u odiadores/as seriales.

Sabemos cómo circula la información en las redes, aunque muchas veces algunos no sabemos cómo manejar esa información y me incluyo en ese grupo. No soy un experto, ni pretendo serlo, pero he aprendido bastante y de a poco fui procesando mejor todo lo que veo circular, incluso aprendí en Twitter a saber llevar un debate adelante sin caer en conductas agresivas que justamente caracterizan a quienes lo único que pretenden es generar siempre una opinión negativa en la opinión pública. Me fui adaptando a un entorno que por lo general es agresivo, sin entender bien por qué lo es.

Lo mío es el bici-activismo, y desde mi bicicleta intento fomentar el uso de este vehículo que ya lleva más de 200 años entre nosotros y que casi duplica ampliamente los años que lleva el automóvil en nuestras calles.

Mi otro objetivo, siempre a través de la bicicleta, es mejorar la calidad de vida en mi ciudad, y en ese camino es que voy encontrando cosas que me hacen reflexionar, las analizo y las pongo sobre la mesa para que otros/as también se tomen el tiempo de analizar, reflexionar y comprender.

Quienes me conocen ya me han escuchado hablar mucho sobre las bondades de la bicicleta y todos los beneficios que aporta, aunque siempre es bueno recordarlos. La bicicleta es amigable, saludable, segura, eficiente, limpia y fácil de conducir. Y en ese sentido cuando buscamos analogías con otros vehículos, no encontramos un paralelismo que pueda al menos acercarse a todos esos beneficios juntos.

Cuando salimos a la calle y vemos el tránsito que nos rodea, nos damos cuenta de inmediato del entorno agresivo en el que tenemos que movernos, y en esa observación aparece el auto como denominador común. El auto como elemento discordante de un ecosistema desmadrado que busca frenéticamente encajar en una urbanidad que nos falta y que no nos merece.

Por simple observación el auto no parece ser el vehículo ideal para moverse en la ciudad, aunque algunos/as intenten convencerme de lo contrario. El tránsito lo generan los autos, donde no van más de 1.3 personas en su interior, según lo que demuestran las estadísticas en el mundo. Moverse en auto implica surfear la marea de automovilistas ávidos por llegar a destino a cualquier precio y en la “menor cantidad de tiempo posible” (?), aunque eso casi nunca sea posible, intentando buscar un lugar donde estacionar y para eso hacen uso de conductas irresponsables, excediendo los límites de velocidad toda vez que pueden, haciendo maniobras indebidas, estacionando en lugares prohibidos, y no respetando el paso de peatones y ciclistas, y ni siquiera de otros automovilistas que tendrían prioridad según las normas vigentes.

Son las personas, no los autos, me dicen muchos/as, y tienen razón, pero yo intento analizar esto con otro enfoque y digo, que una persona puede ser irresponsable en cualquier ámbito en el que se encuentre, pero ¿qué nivel de daño puede causar una persona que camina o que anda en bicicleta, frente a otra que maneja un vehículo de más de una tonelada y que puede desarrollar velocidades prohibitivas? La respuesta está en esta foto…

Mueren aprox 20 personas por día en Argentina en siniestros viales

Si buscamos la solución en corregir el grado de irresponsabilidad de las personas, nos llevará siglos lograrlo, pero si buscamos desincentivar y reducir el uso del auto particular vamos a llegar mucho más rápido a la solución deseada: tener ciudades más amigables, menos agresivas.

Hace algunos años leí en Twitter el hashtag #BanCars y me pareció alocado y divertido a la vez, y sin dudarlo pensé en usar su versión en español, sin medir las consecuencias que ese hashtag podía generar en la gente, y aún así me sigue gustando y lo sigo usando.

Hay personas que leen #ProhibanLosAutos y enseguida lo toman con tanta literalidad que me asombran. ¿Cómo se me va a ocurrir a mi prohibir los autos? Los autos seguirán existiendo: eléctricos, híbridos y/o autónomos, solo que si tenemos menos autos en la calle vamos a tener un espacio público mucho mejor distribuido en función de la forma en la que la mayoría de las personas se mueven, es decir, más del 70% no usa el auto particular para moverse en la ciudad, pero paradójicamente son los autos los que ocupan la mayor cantidad de espacio hoy en día, entonces por qué no jugar un poco con esto y plantear una solución utópica, pero que a la vez tenga cierto sentido práctico, sin llegar a herir la susceptibilidad de aquellas personas que creen que lo mío es proponer la extinción del automóvil…aunque no sería una mala idea, no?

La bicicleta es transporte

La bicicleta es transporte

Desde tiempos remotos la bicicleta ha sido considerada por mucha gente como un vehículo de recreación, pero con el paso del tiempo esa idea fue cambiando, aunque no en los niveles que imaginamos, y hoy en día sigue siendo un vehículo altamente desconsiderado como modo de transporte.

Hoy el mundo vive una de las crisis sanitarias más profundas de las que se tenga memoria, donde es indispensable mantener un distanciamiento físico para evitar la propagación del COVID-19, y entonces se plantea el desafío de ver de qué manera nos podemos mover con mayor seguridad y al mismo tiempo cumplir con el distanciamiento físico que se requiere.

El transporte público, hoy como lo conocemos en muchas de las grandes urbes, genera demasiado acercamiento entre personas y obliga a compartir espacios comunes, sin embargo, muchos de esos viajes que se realizan dentro de una ciudad no superan los 10 km, razón más que suficiente para fomentar el uso de la bicicleta, y no solo como recreación, sino como un modo de transporte y estilo de vida.

Andar en bicicleta, como todos sabemos, es saludable, eficiente, seguro y cuenta con la aceptación de mucha gente, aunque no todas las personas se sienten cómodas usando la bicicleta para ir a trabajar, y en eso debemos pensar para facilitar esa comodidad. ¿Será cerrando calles solo para bicicletas, aumentar la infraestructura ciclista, permitir más y mejores lugares para estacionar, interconectar el transporte masivo con estaciones de bicicletas públicas? Muchas de estas propuestas se vienen haciendo desde hace mucho tiempo, y hoy toman más relevancia en virtud de la necesidad que tenemos de movernos manteniendo el distanciamiento físico.

La recomendación es que te quedes en tu casa, pero hay personas que deben salir a la calle para ir a trabajar porque ofrecen servicios esenciales como ser salud, seguridad, alimentación entre otras, y nada mejor que poder moverse de forma mas saludable, es decir en bicicleta; en ese contexto muchas ciudades cuentan hoy con servicios públicos de bicicletas, que en Argentina se encuentran suspendidos, cuando la realidad indica que deberían funcionar a su máxima capacidad porque el uso de la bicicleta descongestiona el transporte público y permite que quien no tenga la posibilidad de usar la bicicleta pueda viajar con mayor comodidad y seguridad en tren, bus o subte.

La bicicleta es transporte y hablar del tema genera disparadores para proyectos, propuestas e ideas que movilicen a las autoridades gubernamentales para habilitar el sistema público de bicicletas, modifiquen la infraestructura vial e incentiven a las personas a usar esa bicicleta que tienen guardada y que solo usan los domingos.

Si son de esas personas, y tienen que salir a trabajar, las invito a que pongan en condiciones sus bicicletas y salgan en ellas, siempre recordando limpiar las mismas antes y después de su uso con una solución de alcohol al 70%, usar tapaboca y mantener la distancia física recomendada.

A cuidarse, y les dejo un abrazo de codo.

Historia breve de una restauración

Historia breve de una restauración

Hoy quiero contarles una breve historia que me hizo pensar en el cariño y la pasión que envuelve a la bicicleta.

Hace un tiempo me llegó un mensaje de un amigo consultándome sobre la posibilidad de restaurar una bicicleta vieja que se encontraba abandonada, y me pidió los datos de alguna persona que pudiera hacerse cargo de ese trabajo, y me alegró mucho poder ayudarlo y pensar en darle una nueva vida a esa bicicleta, que por razones que desconocía había sido abandonada en un rincón frío, oscuro y húmedo.

Mi amigo me mandó algunas fotos, me contó muy escuetamente lo que esa bicicleta representaba para él y automáticamente fue como un disparo al corazón, me movilizó internamente y me dije hacia adentro que no podíamos dejar pasar esta oportunidad de avanzar en la idea de esa restauración.

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En ese momento me puse en contacto con una persona que ciertamente, a mi criterio, podría llevar a cabo ese trabajo, una persona a la que no conocía personalmente, pero si tenía muy buenas referencias sobre su trabajo. Le propuse la idea de restaurar esta bicicleta, le mandé algunas fotos y al cabo de unos días me confirmó que podía hacerse cargo de la restauración de esa bicicleta, previa revisión de la misma; la historia lo movilizó, es algo que lo apasiona y que además le gustaba mucho la bicicleta, porque detrás de cada restauración hay una historia de vida, de trabajo, y poder ser parte de eso es también un alimento para el alma de alguien que ama todo lo relacionado con la bicicleta y de las magníficas historias que se esconden detrás.

La bicicleta en cuestión había que traerla de la provincia de Córdoba, lo cual dependía mucho de la disponibilidad de tiempo de Eric, mi amigo, y es por eso que la restauración se demoró unos meses hasta que estuviera lista en Buenos Aires para meterla en el taller de Ricardo, el restaurador.

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El tiempo pasó, y honestamente esa fabulosa idea que tanto me había gustado se fue desdibujando como tantas otras cosas que pasan fugazmente por mi cabeza, hasta que sorpresivamente un día me llegó un mensaje de Eric avisándome que la bicicleta ya estaba en Buenos Aires y se encontraba lista para ser entregada a las sabias y experimentadas manos de Ricardo, para dar comienzo a una restauración con pinceladas de melancolía, aroma a barrio, recuerdos familiares, infancia y adolescencia en una provincia de Córdoba que siempre invita a recorrerla y conocerla.

En ese mismo momento me puse en contacto con Ricardo para avisarle que Eric lo iba a llamar y coordinar finalmente la entrega de la bici para comenzar con los trabajos de restauración que tanto estábamos esperando.

Mi ansiedad por ver que ese trabajo comience iba acompañada por la incertidumbre de saber cómo sería ese trabajo, cómo progresaría, que dificultades podría tener, si se podría reparar todo, o simplemente se le cambiarían solo algunas piezas. Todas esas preguntas se encontraron sin respuesta ante el más profundo hermetismo de Ricardo, que en ningún momento intentó mostrarme o contarme como iba su trabajo de restauración.

Una bicicleta que venía de la provincia de Córdoba, que perteneció al padre de Eric y que desde su triste partida, nunca más nadie intentó hacerla rodar, y finalmente quedó guardada en ese rincón frío, oscuro y húmedo, lo cual provocó que esos fierros se oxidaran y esa herrumbre causara todo el daño posible para que esa bicicleta no se pudiera usar más, sin que antes pasara por un exhaustivo análisis de factibilidad antes de su reparación definitiva, cosa que estaba a punto de ocurrir mágicamente.

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No puedo aseverar exactamente cuánto tiempo pasó desde que esa bicicleta quedó presa del abandono, nunca intenté preguntarle a Eric, pero ciertamente habían pasado muchos años, se notaba que el daño era importante y el trabajo que Ricardo debía realizar era de una enorme magnitud, lo cual iba a necesitar paciencia, trabajo duro, materiales nobles, y mucho cariño para que esa bicicleta pueda tener la posibilidad de rodar nuevamente por las calles de la ciudad.

No imaginé nunca como una persona podía tener el don de darle una nueva vida a una bicicleta vieja, abandonada, roída por el paso inexorable del tiempo, pero encontré en Ricardo al artífice de una restauración que me atrapó, y me transportó al mundo de la mecánica y reparación de bicicletas. Empecé a leer un poco más sobre componentes y funcionamiento de una bicicleta, y si bien yo ando en bicicleta todos los días desde hace ya algunos años, nunca me puse a estudiar en profundidad este tema y de repente me sumergí en intentar conocer un poco más sobre este maravilloso mundo de la bicicleta y su simple, pero interesante mecánica.

Ricardo confirmó finalmente, después de haber analizado el estado en el que se encontraba la bicicleta, que iba a comenzar con la restauración, y fue grande la emoción al pensar que esa bicicleta iba a tener la oportunidad de hacer feliz a otra persona, porque la bicicleta siempre genera felicidad en quien la use. Es la perfecta fábrica de sonrisas.

La bicicleta entró al taller y Ricardo comenzó con la restauración, y ahora solo era cuestión de tiempo y esfuerzo, y esperar que la magia y las manos sabias y expertas de Ricardo hagan su trabajo.

Luego de unas semanas le pregunté a Eric si sabía cómo iban los trabajos de Ricardo, pero no emitió palabra alguna, me ignoró por completo, como si el misterio fuera parte de esa restauración. Ricardo se mantuvo callado, y sin dar ni una sola pista con respecto a lo que dentro de su taller estaba sucediendo, y los días pasaban y me inundaba la ansiedad, quería saber cómo iba a quedar esa bendita bicicleta.

Empecé a imaginar el trabajo que allí dentro y a puertas cerradas se estaba desarrollando, y agarrando libros sobre mecánica de bicicletas que tenía en casa, fui dibujando en mi mente como iba a quedar esa horquilla roída por el tiempo, ese plato gastado por la herrumbre, esa cadena fantasmal y a la vez tan importante, ese sillín que alguna vez supo soportar el peso de una persona durante mucho tiempo, suave, amable y confortable y esas ruedas que requerían de una atención especial porque son parte fundamental del vuelo magistral de la bicicleta sobre el asfalto.

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Las bicicletas tienen una mecánica muy sencilla y es muy versátil como medio de transporte, y hacer que rueden es cuestión de imaginación, algo de magia, esfuerzo, y dedicación, porque ellas también merecen una cuota de cariño.

El tiempo fue transcurriendo sin medida, y aunque imaginando que todo marchaba bien, crecía la incertidumbre que genera no saber ni cómo ni cuándo iba a terminar toda esta espera, pero ese día tan esperado finalmente llegó.

Y ese mismo día Eric me avisa que la bicicleta ya estaba lista y que la tenía que ir a buscar, nervioso, sin saber con qué se iba a encontrar, pero yo en lo personal sabía que su restauración estaba en las mejores manos y que el resultado iba a superar todo lo imaginado.

Eric llegó al taller de Ricardo y al entrar se encontró frente a algo que parecía ser una bicicleta cubierta por una enorme lona que cubría lo que desde ese día iba a ser su “nueva” bicicleta, la que un día fue de su padre, y hoy pasa a formar parte de esta historia que con emoción les cuento, porque a mi me atrapó la idea desde el comienzo y no pude parar de preguntarme cuantas historias como esta debe haber en el mundo, muchas me respondí, y todas seguramente con la misma intensidad y las mismas sensaciones de melancolía y emoción como las que esta bicicleta me hizo sentir desde el primer día.

La emoción de Eric en este breve video… La entrega de la bicicleta

Ricardo, el restaurador, hizo un enorme trabajo, se puso el desafío al hombro, y su esfuerzo valió la pena, entre el óxido y esas piezas destartaladas, hubo que hacer casi una bicicleta nueva, y así se veía realmente, una hermosa bicicleta de estilo inglés que supo recorrer las calles de Córdoba hace muchísimos años y hoy esperaba hacerlo en otras calles, otras ciudades, con otra gente, pero con el mismo espíritu de siempre, porque la bicicleta no pierde vigencia, es un noble vehículo que más allá de las circunstancias buenas o malas, genera felicidad en quien la use a pesar del paso del tiempo y el desgaste, porque si pasa el tiempo y hay desgaste ya saben que Ricardo, el restaurador, es la persona que tienen que contactar para que la bicicleta siga siendo una fiel aliada y compañera urbana.

Para conocer un poco más sobre las manos maestras y la pasión de Ricardo por las bicicletas, pueden visitar sus redes sociales:

Ricardo Tilve Guerra, el restaurador

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