Mi ciudad: ¿un lugar amigable y seguro?

Mi ciudad: ¿un lugar amigable y seguro?

Desde hace más de un siglo que las ciudades vienen siendo concebidas primordialmente para la circulación de vehículos motorizados, desplazando hacia un oscuro rincón a la movilidad activa. Este cambio ha generado con el paso del tiempo una infinidad de inconvenientes, principalmente el profundo deterioro de nuestra calidad de vida.

El espacio del que antes disponían las personas, hoy ya no está, porque le fue cedido progresivamente a la pujante industria automotriz; hay avenidas, más calles, más avenidas más anchas, autopistas urbanas, más autopistas y más anchas, centros de compras, grandes y más grandes, con enormes playones para el estacionamiento de autos, y muchas cosas más que han movido de lugar a las personas.

Ese enorme espacio que se le dio a la movilidad insalubre y que en algún momento se entendió como “progreso”, debe ser recuperado, porque hoy es un lugar inseguro tanto para caminar como para andar en bicicleta.

Si queremos ciudades amigables debemos trabajar para que la movilidad sea eficiente, segura y saludable y consecuentemente seguir fomentando la caminata, andar en bicicleta y que el transporte público sea cómodo y ágil, pero para lograr eso tenemos que seguir reclamando ese espacio, hacerlo propio, legitimar nuestro derecho a circular por un espacio que nos fue arrebatado por el poder de una industria que supo mercantilizar un modo de transporte que hoy estaría envejeciendo a causa de su fracaso.

Hoy ya no es posible salir a caminar sin estar pensando en los riesgos que implica ese simple acto, y no porque sea inseguro caminar, sino por el riesgo al que estamos expuestos debido al diseño de nuestra ciudad que privilegia una movilidad obsoleta e ineficiente.

Cuando decimos que las calles deben estar abiertas, lo decimos desde la necesidad de devolverle ese espacio a las personas, porque hoy esas calles se consideran cerradas, vedadas, prohibitivas y sin posibilidades de ser disfrutadas.

El mundo hoy esta viviendo un cambio paradigmático en materia de movilidad a raíz de la pandemia que nos azota, y en ese contexto tenemos la obligación de buscar herramientas que nos permitan aprovechar los espacios y brindarle a la gente un lugar donde se sienta cómoda, donde caminar o andar en bicicleta no represente un desafío, sino un disfrute, donde la calle sea un lugar de encuentro y esparcimiento y donde podamos movernos libremente para desarrollar nuestras tareas cotidianas de forma segura.

Las ciudades son de las personas y deben ser construidas para las personas, si no lo son, debemos reconstruirlas. Por la refundación de nuestras ciudades, por la recuperación de espacios desaprovechados, por la integración de la ciudadanía en lugares donde reine la equidad, el respeto y la empatía. Quienes hoy tienen la responsabilidad de gobernar nuestras ciudades deben tener el coraje, la voluntad política y el compromiso suficiente y necesario para diseñar y planificar el espacio en función de las personas y no de los autos, porque está demostrado que no se puede tener un lugar seguro, limpio y saludable si seguimos pensando espacios para quienes van en auto.

¿Cómo nos movemos?

¿Cómo nos movemos?

Estamos en constante movimiento y ese movimiento lo asociamos con la libertad, porque moverse implica poder ir hacia donde queremos ir, por medio de mecanismos propios que el cuerpo nos brinda de forma natural.

Caminar es la base del movimiento universal del cuerpo. Fuimos dotados de un esqueleto y una masa muscular que en perfecta sincronía nos permite movernos todo el tiempo. Ese movimiento lo ejercemos con total libertad, porque nadie puede decirnos que no podemos movernos.

Además de caminar, podemos correr y andar en bicicleta, o patineta, o monopatín. Son todos modos de movilidad que usualmente utilizamos con la sola voluntad de cuerpo y mente.

El cuerpo nos lleva hacia donde queremos ir, y en ese viaje experimentamos la sensación única de saber que podemos movernos sin depender de otra cosa más que de nuestra voluntad.

Cuando hablamos de movernos también incluimos el auto y otros modos de transporte, pero sabemos que no es lo mismo usar el cuerpo para moverse que moverse por efecto de vehículos cuya mecánica hace que nos movamos de un lugar a otro, sin la necesidad directa de mover el cuerpo. Andar en bicicleta es la perfecta combinación del movimiento corporal asociado a un modo de transporte y ahí quiero detenerme un poco para analizar el hecho de que moverse en bicicleta por la ciudad implica poner el cuerpo en movimiento en función del transporte y transportarnos en función de la acción de movernos corporalmente.

Usar el auto nos mueve de un lugar a otro, pero ¿nos movemos realmente? Algo en lo que tenemos que pensar es en la idea de que el movimiento está asociado a la acción corporal de moverse y no precisamente a transportarse de un lugar a otro.

Muchas personas hoy se mueven en auto y eso les está quitando la posibilidad de ejercer el movimiento corporal, y consecuentemente afectando su capacidad motriz para trasladarse por la ciudad de forma más saludable.

Mover el cuerpo genera beneficios para la salud, caminar y andar en bicicleta son ejercicios que las personas pueden hacer sin límite de edad ni capacidad atlética. Es natural moverse, viene con nuestro ADN, lo tenemos incorporado como algo que debemos hacer, más allá de las posibilidades físicas de cada uno, porque todos de alguna podemos movernos, con todas las limitaciones que tengamos, pero sabiendo que nuestro cuerpo nos da las señales que necesitamos para hacerlo.

Tenemos que mover el cuerpo y eso solo lo lograremos haciendo uso de lo que naturalmente tenemos: la voluntad de hacer que nuestro cuerpo trabaje. Caminemos, andemos en bicicleta, disfrutemos de lo que tenemos, sabiendo que no dependemos de nada ni nadie para hacerlo. Es solamente pensar en querer mejorar nuestra calidad de vida y vivir saludablemente. ¿Nos movemos? Si, nos movemos, pero no es solo movernos, sino movernos mejor.