#ProhibanLosAutos: ¿un hashtag polémico?

#ProhibanLosAutos: ¿un hashtag polémico?

Desde que transito por las redes sociales, especialmente Twitter, me he encontrado con infinidad de cosas, algunas graciosas, otras no tanto, muchas de las que pude aprender, información diversa, de la buena y de la mala, y gente que es mejor perder que encontrar: “haters” u odiadores/as seriales.

Sabemos cómo circula la información en las redes, aunque muchas veces algunos no sabemos cómo manejar esa información y me incluyo en ese grupo. No soy un experto, ni pretendo serlo, pero he aprendido bastante y de a poco fui procesando mejor todo lo que veo circular, incluso aprendí en Twitter a saber llevar un debate adelante sin caer en conductas agresivas que justamente caracterizan a quienes lo único que pretenden es generar siempre una opinión negativa en la opinión pública. Me fui adaptando a un entorno que por lo general es agresivo, sin entender bien por qué lo es.

Lo mío es el bici-activismo, y desde mi bicicleta intento fomentar el uso de este vehículo que ya lleva más de 200 años entre nosotros y que casi duplica ampliamente los años que lleva el automóvil en nuestras calles.

Mi otro objetivo, siempre a través de la bicicleta, es mejorar la calidad de vida en mi ciudad, y en ese camino es que voy encontrando cosas que me hacen reflexionar, las analizo y las pongo sobre la mesa para que otros/as también se tomen el tiempo de analizar, reflexionar y comprender.

Quienes me conocen ya me han escuchado hablar mucho sobre las bondades de la bicicleta y todos los beneficios que aporta, aunque siempre es bueno recordarlos. La bicicleta es amigable, saludable, segura, eficiente, limpia y fácil de conducir. Y en ese sentido cuando buscamos analogías con otros vehículos, no encontramos un paralelismo que pueda al menos acercarse a todos esos beneficios juntos.

Cuando salimos a la calle y vemos el tránsito que nos rodea, nos damos cuenta de inmediato del entorno agresivo en el que tenemos que movernos, y en esa observación aparece el auto como denominador común. El auto como elemento discordante de un ecosistema desmadrado que busca frenéticamente encajar en una urbanidad que nos falta y que no nos merece.

Por simple observación el auto no parece ser el vehículo ideal para moverse en la ciudad, aunque algunos/as intenten convencerme de lo contrario. El tránsito lo generan los autos, donde no van más de 1.3 personas en su interior, según lo que demuestran las estadísticas en el mundo. Moverse en auto implica surfear la marea de automovilistas ávidos por llegar a destino a cualquier precio y en la “menor cantidad de tiempo posible” (?), aunque eso casi nunca sea posible, intentando buscar un lugar donde estacionar y para eso hacen uso de conductas irresponsables, excediendo los límites de velocidad toda vez que pueden, haciendo maniobras indebidas, estacionando en lugares prohibidos, y no respetando el paso de peatones y ciclistas, y ni siquiera de otros automovilistas que tendrían prioridad según las normas vigentes.

Son las personas, no los autos, me dicen muchos/as, y tienen razón, pero yo intento analizar esto con otro enfoque y digo, que una persona puede ser irresponsable en cualquier ámbito en el que se encuentre, pero ¿qué nivel de daño puede causar una persona que camina o que anda en bicicleta, frente a otra que maneja un vehículo de más de una tonelada y que puede desarrollar velocidades prohibitivas? La respuesta está en esta foto…

Mueren aprox 20 personas por día en Argentina en siniestros viales

Si buscamos la solución en corregir el grado de irresponsabilidad de las personas, nos llevará siglos lograrlo, pero si buscamos desincentivar y reducir el uso del auto particular vamos a llegar mucho más rápido a la solución deseada: tener ciudades más amigables, menos agresivas.

Hace algunos años leí en Twitter el hashtag #BanCars y me pareció alocado y divertido a la vez, y sin dudarlo pensé en usar su versión en español, sin medir las consecuencias que ese hashtag podía generar en la gente, y aún así me sigue gustando y lo sigo usando.

Hay personas que leen #ProhibanLosAutos y enseguida lo toman con tanta literalidad que me asombran. ¿Cómo se me va a ocurrir a mi prohibir los autos? Los autos seguirán existiendo: eléctricos, híbridos y/o autónomos, solo que si tenemos menos autos en la calle vamos a tener un espacio público mucho mejor distribuido en función de la forma en la que la mayoría de las personas se mueven, es decir, más del 70% no usa el auto particular para moverse en la ciudad, pero paradójicamente son los autos los que ocupan la mayor cantidad de espacio hoy en día, entonces por qué no jugar un poco con esto y plantear una solución utópica, pero que a la vez tenga cierto sentido práctico, sin llegar a herir la susceptibilidad de aquellas personas que creen que lo mío es proponer la extinción del automóvil…aunque no sería una mala idea, no?

La bicicleta es transporte

La bicicleta es transporte

Desde tiempos remotos la bicicleta ha sido considerada por mucha gente como un vehículo de recreación, pero con el paso del tiempo esa idea fue cambiando, aunque no en los niveles que imaginamos, y hoy en día sigue siendo un vehículo altamente desconsiderado como modo de transporte.

Hoy el mundo vive una de las crisis sanitarias más profundas de las que se tenga memoria, donde es indispensable mantener un distanciamiento físico para evitar la propagación del COVID-19, y entonces se plantea el desafío de ver de qué manera nos podemos mover con mayor seguridad y al mismo tiempo cumplir con el distanciamiento físico que se requiere.

El transporte público, hoy como lo conocemos en muchas de las grandes urbes, genera demasiado acercamiento entre personas y obliga a compartir espacios comunes, sin embargo, muchos de esos viajes que se realizan dentro de una ciudad no superan los 10 km, razón más que suficiente para fomentar el uso de la bicicleta, y no solo como recreación, sino como un modo de transporte y estilo de vida.

Andar en bicicleta, como todos sabemos, es saludable, eficiente, seguro y cuenta con la aceptación de mucha gente, aunque no todas las personas se sienten cómodas usando la bicicleta para ir a trabajar, y en eso debemos pensar para facilitar esa comodidad. ¿Será cerrando calles solo para bicicletas, aumentar la infraestructura ciclista, permitir más y mejores lugares para estacionar, interconectar el transporte masivo con estaciones de bicicletas públicas? Muchas de estas propuestas se vienen haciendo desde hace mucho tiempo, y hoy toman más relevancia en virtud de la necesidad que tenemos de movernos manteniendo el distanciamiento físico.

La recomendación es que te quedes en tu casa, pero hay personas que deben salir a la calle para ir a trabajar porque ofrecen servicios esenciales como ser salud, seguridad, alimentación entre otras, y nada mejor que poder moverse de forma mas saludable, es decir en bicicleta; en ese contexto muchas ciudades cuentan hoy con servicios públicos de bicicletas, que en Argentina se encuentran suspendidos, cuando la realidad indica que deberían funcionar a su máxima capacidad porque el uso de la bicicleta descongestiona el transporte público y permite que quien no tenga la posibilidad de usar la bicicleta pueda viajar con mayor comodidad y seguridad en tren, bus o subte.

La bicicleta es transporte y hablar del tema genera disparadores para proyectos, propuestas e ideas que movilicen a las autoridades gubernamentales para habilitar el sistema público de bicicletas, modifiquen la infraestructura vial e incentiven a las personas a usar esa bicicleta que tienen guardada y que solo usan los domingos.

Si son de esas personas, y tienen que salir a trabajar, las invito a que pongan en condiciones sus bicicletas y salgan en ellas, siempre recordando limpiar las mismas antes y después de su uso con una solución de alcohol al 70%, usar tapaboca y mantener la distancia física recomendada.

A cuidarse, y les dejo un abrazo de codo.

Historia breve de una restauración

Historia breve de una restauración

Hoy quiero contarles una breve historia que me hizo pensar en el cariño y la pasión que envuelve a la bicicleta.

Hace un tiempo me llegó un mensaje de un amigo consultándome sobre la posibilidad de restaurar una bicicleta vieja que se encontraba abandonada, y me pidió los datos de alguna persona que pudiera hacerse cargo de ese trabajo, y me alegró mucho poder ayudarlo y pensar en darle una nueva vida a esa bicicleta, que por razones que desconocía había sido abandonada en un rincón frío, oscuro y húmedo.

Mi amigo me mandó algunas fotos, me contó muy escuetamente lo que esa bicicleta representaba para él y automáticamente fue como un disparo al corazón, me movilizó internamente y me dije hacia adentro que no podíamos dejar pasar esta oportunidad de avanzar en la idea de esa restauración.

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En ese momento me puse en contacto con una persona que ciertamente, a mi criterio, podría llevar a cabo ese trabajo, una persona a la que no conocía personalmente, pero si tenía muy buenas referencias sobre su trabajo. Le propuse la idea de restaurar esta bicicleta, le mandé algunas fotos y al cabo de unos días me confirmó que podía hacerse cargo de la restauración de esa bicicleta, previa revisión de la misma; la historia lo movilizó, es algo que lo apasiona y que además le gustaba mucho la bicicleta, porque detrás de cada restauración hay una historia de vida, de trabajo, y poder ser parte de eso es también un alimento para el alma de alguien que ama todo lo relacionado con la bicicleta y de las magníficas historias que se esconden detrás.

La bicicleta en cuestión había que traerla de la provincia de Córdoba, lo cual dependía mucho de la disponibilidad de tiempo de Eric, mi amigo, y es por eso que la restauración se demoró unos meses hasta que estuviera lista en Buenos Aires para meterla en el taller de Ricardo, el restaurador.

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El tiempo pasó, y honestamente esa fabulosa idea que tanto me había gustado se fue desdibujando como tantas otras cosas que pasan fugazmente por mi cabeza, hasta que sorpresivamente un día me llegó un mensaje de Eric avisándome que la bicicleta ya estaba en Buenos Aires y se encontraba lista para ser entregada a las sabias y experimentadas manos de Ricardo, para dar comienzo a una restauración con pinceladas de melancolía, aroma a barrio, recuerdos familiares, infancia y adolescencia en una provincia de Córdoba que siempre invita a recorrerla y conocerla.

En ese mismo momento me puse en contacto con Ricardo para avisarle que Eric lo iba a llamar y coordinar finalmente la entrega de la bici para comenzar con los trabajos de restauración que tanto estábamos esperando.

Mi ansiedad por ver que ese trabajo comience iba acompañada por la incertidumbre de saber cómo sería ese trabajo, cómo progresaría, que dificultades podría tener, si se podría reparar todo, o simplemente se le cambiarían solo algunas piezas. Todas esas preguntas se encontraron sin respuesta ante el más profundo hermetismo de Ricardo, que en ningún momento intentó mostrarme o contarme como iba su trabajo de restauración.

Una bicicleta que venía de la provincia de Córdoba, que perteneció al padre de Eric y que desde su triste partida, nunca más nadie intentó hacerla rodar, y finalmente quedó guardada en ese rincón frío, oscuro y húmedo, lo cual provocó que esos fierros se oxidaran y esa herrumbre causara todo el daño posible para que esa bicicleta no se pudiera usar más, sin que antes pasara por un exhaustivo análisis de factibilidad antes de su reparación definitiva, cosa que estaba a punto de ocurrir mágicamente.

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No puedo aseverar exactamente cuánto tiempo pasó desde que esa bicicleta quedó presa del abandono, nunca intenté preguntarle a Eric, pero ciertamente habían pasado muchos años, se notaba que el daño era importante y el trabajo que Ricardo debía realizar era de una enorme magnitud, lo cual iba a necesitar paciencia, trabajo duro, materiales nobles, y mucho cariño para que esa bicicleta pueda tener la posibilidad de rodar nuevamente por las calles de la ciudad.

No imaginé nunca como una persona podía tener el don de darle una nueva vida a una bicicleta vieja, abandonada, roída por el paso inexorable del tiempo, pero encontré en Ricardo al artífice de una restauración que me atrapó, y me transportó al mundo de la mecánica y reparación de bicicletas. Empecé a leer un poco más sobre componentes y funcionamiento de una bicicleta, y si bien yo ando en bicicleta todos los días desde hace ya algunos años, nunca me puse a estudiar en profundidad este tema y de repente me sumergí en intentar conocer un poco más sobre este maravilloso mundo de la bicicleta y su simple, pero interesante mecánica.

Ricardo confirmó finalmente, después de haber analizado el estado en el que se encontraba la bicicleta, que iba a comenzar con la restauración, y fue grande la emoción al pensar que esa bicicleta iba a tener la oportunidad de hacer feliz a otra persona, porque la bicicleta siempre genera felicidad en quien la use. Es la perfecta fábrica de sonrisas.

La bicicleta entró al taller y Ricardo comenzó con la restauración, y ahora solo era cuestión de tiempo y esfuerzo, y esperar que la magia y las manos sabias y expertas de Ricardo hagan su trabajo.

Luego de unas semanas le pregunté a Eric si sabía cómo iban los trabajos de Ricardo, pero no emitió palabra alguna, me ignoró por completo, como si el misterio fuera parte de esa restauración. Ricardo se mantuvo callado, y sin dar ni una sola pista con respecto a lo que dentro de su taller estaba sucediendo, y los días pasaban y me inundaba la ansiedad, quería saber cómo iba a quedar esa bendita bicicleta.

Empecé a imaginar el trabajo que allí dentro y a puertas cerradas se estaba desarrollando, y agarrando libros sobre mecánica de bicicletas que tenía en casa, fui dibujando en mi mente como iba a quedar esa horquilla roída por el tiempo, ese plato gastado por la herrumbre, esa cadena fantasmal y a la vez tan importante, ese sillín que alguna vez supo soportar el peso de una persona durante mucho tiempo, suave, amable y confortable y esas ruedas que requerían de una atención especial porque son parte fundamental del vuelo magistral de la bicicleta sobre el asfalto.

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Las bicicletas tienen una mecánica muy sencilla y es muy versátil como medio de transporte, y hacer que rueden es cuestión de imaginación, algo de magia, esfuerzo, y dedicación, porque ellas también merecen una cuota de cariño.

El tiempo fue transcurriendo sin medida, y aunque imaginando que todo marchaba bien, crecía la incertidumbre que genera no saber ni cómo ni cuándo iba a terminar toda esta espera, pero ese día tan esperado finalmente llegó.

Y ese mismo día Eric me avisa que la bicicleta ya estaba lista y que la tenía que ir a buscar, nervioso, sin saber con qué se iba a encontrar, pero yo en lo personal sabía que su restauración estaba en las mejores manos y que el resultado iba a superar todo lo imaginado.

Eric llegó al taller de Ricardo y al entrar se encontró frente a algo que parecía ser una bicicleta cubierta por una enorme lona que cubría lo que desde ese día iba a ser su “nueva” bicicleta, la que un día fue de su padre, y hoy pasa a formar parte de esta historia que con emoción les cuento, porque a mi me atrapó la idea desde el comienzo y no pude parar de preguntarme cuantas historias como esta debe haber en el mundo, muchas me respondí, y todas seguramente con la misma intensidad y las mismas sensaciones de melancolía y emoción como las que esta bicicleta me hizo sentir desde el primer día.

La emoción de Eric en este breve video… La entrega de la bicicleta

Ricardo, el restaurador, hizo un enorme trabajo, se puso el desafío al hombro, y su esfuerzo valió la pena, entre el óxido y esas piezas destartaladas, hubo que hacer casi una bicicleta nueva, y así se veía realmente, una hermosa bicicleta de estilo inglés que supo recorrer las calles de Córdoba hace muchísimos años y hoy esperaba hacerlo en otras calles, otras ciudades, con otra gente, pero con el mismo espíritu de siempre, porque la bicicleta no pierde vigencia, es un noble vehículo que más allá de las circunstancias buenas o malas, genera felicidad en quien la use a pesar del paso del tiempo y el desgaste, porque si pasa el tiempo y hay desgaste ya saben que Ricardo, el restaurador, es la persona que tienen que contactar para que la bicicleta siga siendo una fiel aliada y compañera urbana.

Para conocer un poco más sobre las manos maestras y la pasión de Ricardo por las bicicletas, pueden visitar sus redes sociales:

Ricardo Tilve Guerra, el restaurador

Buda Bikes Instagram

Buda Bikes Facebook

Covid-19. La pandemia y… ¿el nacimiento de un nuevo orden mundial en movilidad urbana?

Covid-19. La pandemia y… ¿el nacimiento de un nuevo orden mundial en movilidad urbana?

El mundo atraviesa hoy por una pandemia sin precedentes en los últimos 100 años de historia, y nos toca vivirla de cerca. ¿Cómo sobrellevar este momento y como afecta esto a nuestra vida cotidiana en lo emocional, económico y social?

Muchos países tienen hoy cerradas sus fronteras, ciudades bloqueadas totalmente y en emergencia sanitaria, donde proponen un aislamiento preventivo obligatorio, aconsejando quedarse dentro de las casas, y solo salir a la calle para compras indispensables como ser alimentos y medicamentos.

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Hay muchas actividades que son indispensables para que una ciudad y su economía no colapsen, y es ahí donde nos planteamos el dilema ante la necesidad de moverse que tienen muchas personas cuyos empleos se encuadran dentro de esas actividades indispensables como ser personal de salud, seguridad y transporte por citar solo algunas.

Todos/as sabemos la importancia que tiene el transporte en la vida de las personas, porque necesitamos de eso para la industria y para trasladarnos diariamente y lo relevante de la forma en la que nos movemos. Usamos tren, bus, subte, auto, bicicleta o caminamos, pero nos movemos permanentemente y eso hoy nos enfrenta ante la inexorable realidad de tener que quedarnos quietos y aislados.

Quedarnos quietos no forma parte de nuestras vidas, todo lo contrario, necesitamos movernos no solo para ir de un lugar a otro, sino ante la búsqueda permanente de lugares que nos mantengan activos, ya sea en el trabajo, en la escuela, la universidad, en una reunión con amigos o comprar en el supermercado.

Si nos dicen que debemos quedarnos en nuestra casa, pero trabajamos en un centro de salud, eso nos pone en una encrucijada, ¿Cómo hago para llegar a mi lugar de trabajo de forma segura para evitar aglomeraciones y cumplir a la vez con la disposición de mantener distancia y el aislamiento? Si vivo muy lejos de mi trabajo debo optar por un modo de transporte masivo que me permita hacer grandes distancias en un corto lapso de tiempo y ahí pensaría en usar el tren, bus o subte, pero ¿si vivo cerca? Tengo dos opciones saludables y eficientes, caminar o usar la bicicleta.

¿Por qué no considero el auto como modo de transporte seguro y saludable? Sencillamente porque el auto no es seguro ni saludable, ocupa mucho espacio y eso perjudica enormemente a quienes optan por usar el bus para llegar a destino ya que comúnmente comparten el espacio público. Si hay menos autos, hay más espacio y si hay más espacio el bus funciona mejor, sus frecuencias mejoran y si consideramos en estas circunstancias donde muchas personas pueden trabajar a distancia y no necesitan ir a sus lugares de trabajo habituales, entonces hay más espacio en el transporte público, que es más eficiente y económico que el auto, y menos emisiones contaminantes en el aire, que hoy necesitamos que sea lo más limpio y respirable posible.

Si hablamos de la bicicleta, podemos decir que es el vehículo ideal para moverse en cortas y medias distancias y a la vez cumplir con el aislamiento social que se requiere en esta situación delicada en la que estamos; es versátil, es ecológica, es saludable, es eficiente y es divertida.

¿Qué podemos agregar a esto de movernos con responsabilidad y pensando en el resto de las personas que tienen que moverse para ir a trabajar? Si vos estas en ese grupo de personas que pueden trabajar a distancia, es un buen momento para empezar a organizar y promover esta modalidad de trabajo cuando la situación se normalice, y ¿cuál sería el objetivo de todo esto? Justamente intentar que menos personas tengan que moverse cada día para ir a sus lugares de trabajo, con el consecuente beneficio que generaría darle más espacio a quienes tengan la obligación de moverse para ir a trabajar. De esta manera solucionaríamos de forma eficaz el tema de la aglomeración de personas en el transporte público y descongestionaríamos el tránsito.

Esta situación que estamos viviendo en el mundo nos genera desconcierto, ansiedad, angustia, depresión y lo mejor que podemos hacer es usar todas esas sensaciones como herramientas para generar contenidos, aprender, idear maneras sostenibles de vivir de forma más saludable, consumiendo solo lo que necesitamos, moviéndonos solo si es necesario, usando más el transporte público, caminar y andar en bicicleta. Esto nos tiene que servir de aprendizaje, y debemos sacarle provecho al encierro poniendo en funcionamiento algo que todos tenemos, la capacidad de reinventarnos ante la adversidad, de pensar que hicimos mal para no volver a hacerlo, de leer y reflexionar sobre aquellas cosas que pueden beneficiarnos frente a todas aquellas que nos han puesto en el lugar de indefensión donde estamos parados hoy.

Hoy solo quiero pedirles que nos tomemos el tiempo de reflexionar, estamos en casa y podemos hacerlo, sobre las cosas que estamos dispuestos a cambiar cuando esta situación global se normalice. ¿Qué hábitos vas a cambiar, como vas a seguir moviéndote, de qué manera y donde tomaras tus responsabilidades laborales, como será tu consumo cotidiano?

De esta vamos a salir, lo importante es saber que cosas cambiarán en nuestras vidas e intentar adaptarnos a un nuevo orden de cosas.

¡QUEDATE EN CASA! Te lo decimos en varios idiomas.

Infraestructura ciclista: ¿es necesaria o no?

Infraestructura ciclista: ¿es necesaria o no?

Andar en bicicleta es fácil y cuando se aprende a temprana edad es mucho más rápido el aprendizaje, pero lo que ocurre muchas veces es que como pa/madres nos preocupa que nuestros/as hijos/as salgan solos a la calle en bicicleta porque la avasallante circulación de vehículos motorizados torna riesgosa y dificultosa la hermosa experiencia de pedalear.

En este contexto nos preguntamos entonces si es necesario tener infraestructura ciclista en nuestras ciudades, y la respuesta en mi opinión, es que es tan importante tenerla como también tener espacios de convivencia donde los automóviles sean invitados, pero no con privilegios, sino que los privilegiados sean quienes se ven más vulnerables, como peatones y ciclistas, y de todas las edades.

Hay muchas maneras de construir infraestructura ciclista, no hay una sola forma de ver el ciclismo urbano como movilidad activa, porque andar en bicicleta tiene muchos matices y lo que se busca precisamente es que las personas anden en bicicleta, y aquellos/as inexpertos/as se animen a hacerlo en un espacio apropiado.

Empoderar a la bicicleta no es cuestión de poner en riesgo a quien la usa para demostrar que se puede andar por cualquier lado, sino brindar herramientas para que la gente use más la bicicleta, ya sea por una ciclovía o por calles de convivencia, y ambas opciones son viables y deben ser respetadas y aceptadas si las usamos en el contexto apropiado y en función del flujo vehicular de cada calle.

Mi posición respecto a este tema es muy clara, y con esto no quiero meterme en el debate entre los pro-ciclovía y los que están en contra de ellas, las ciclovías son una excelente herramienta de pacificación del espacio para brindarle a muchas personas una posibilidad de salir a la calle con su bicicleta, pero a la vez creo que es necesario modificar la infraestructura vial de las ciudades para dificultarle el camino a quienes desean usar el auto y que quienes nos sintamos con algo más de experiencia arriba de la bici podamos hacer uso de la calzada libre y empoderar a la bicicleta otorgándole un espacio más de circulación, y ahí estaríamos desplazando al auto en toda su magnitud, permitiendo que haya ciclistas expertos y otros/as que no tengan todavía la experiencia suficiente para mezclarse con los autos, hasta que un dia decidan que es hora de hacerlo.

Las ciudades cambian y debemos ir adaptándonos a esos cambios, hacer y deshacer es parte de la planificación urbana y creo que debemos darnos un lugar para reflexionar sobre lo que queremos. ¿Queremos ver mas bicicletas en la calle o solo queremos empoderar a unos cuantos en desmedro de otros que también quieren pedalear y no se animan a hacerlo?

Una ciudad ciclista es aquella que piensa en todas las alternativas posibles para que mas gente se sume a esto de pedalear, y en las ciudades donde estamos creciendo incipientemente en esto del ciclismo urbano no podemos darnos el lujo de dejar afuera a una porción de la torta que con el paso del tiempo va a sumar más ciclistas en la calle.

Si quienes andamos en bicicleta nos juntáramos para diseñar una ciudad para todos/as, en lugar de debatir sobre quien tiene más poder sobre el otro, el tiempo ira cambiando la realidad de nuestras ciudades y el auto paulatinamente irá perdiendo espacio casi naturalmente, no sin antes haber transitado un proceso de cambio que todos debemos afrontar, y esta en todos/as nosotros/as poder hacerlo en armonía y equilibrio.

No estoy en contra de las ciclovías, estoy a favor de ver más personas andando en bicicleta.

¡Salud y buena vibra a la bici!

La bicicleta es movilidad eficiente

La bicicleta es movilidad eficiente

El ciclismo urbano está en auge y me he propuesto un objetivo desde hace algunos años: promoverlo y fomentarlo, para lo cual se me han ocurrido muchas formas de hacerlo, pero una de ellas es usar la bicicleta todos los días y mostrar en carne propia su eficiencia en la ciudad frente a la ineficiencia manifiesta de los vehículos motorizados.

La ciudad de Buenos Aires tiene un diseño que invita a andar en bicicleta, pedalear en sus calles y avenidas es un disfrute que podemos darnos quienes elegimos este medio de transporte todos los días, solo que esa experiencia debe ser placentera, y para que eso ocurra el ciclista debe ser acompañado por una infraestructura urbana que facilite sus viajes, que los haga más cómodos, seguros y agiles.

Andar en bicicleta es fácil, y todos pueden hacerlo, desde un niño pequeño hasta una persona de avanzada edad, solo es cuestión de proponérselo y junto a eso debemos dar impulso a cuestiones de forma y fondo que solo la voluntad política de nuestros funcionarios puede ofrecer con la férrea convicción de saber que lo que hagan beneficia a las personas y al entorno donde conviven cada día.

Sin exagerar demasiado, me imagino una ciudad llena de bicicletas, donde cada persona pueda moverse con mayor libertad de un lugar a otro, ocupando menos espacio, contaminando mucho menos y favoreciendo la circulación en las calles, evitando obviamente el congestionamiento vehicular. De esa manera, aquellos que aún necesiten usar un auto por cuestiones de trabajo o de imposibilidad física se vean también beneficiados respecto de circular de igual manera por calles atestadas de otros autos.

¿Por qué decimos que la bicicleta es el vehículo más eficiente para moverse por la ciudad?

La bicicleta puede circular por todos lados, inclusive hasta por la vereda si caminamos junto a ella, y también podríamos subirla a un tren o subte u optar por el servicio público de bicicletas, que puede ser gratis o pago, y hacer tramos pequeños con ellas hasta un terminal de tren o colectivos o subte y luego proseguir viaje. En cambio, el auto te condena a seguir hasta tu destino en el mismo vehículo por lugares complicados de transitar y cuando finalmente llegas te encuentras ante la posibilidad cierta de no encontrar lugar para estacionarlo, y todo esto se transforma en ineficiencia pura porque con la bicicleta ya hubieras llegado, más feliz, mejor predispuesto, con mejor humor, más despierto, oxigenado y con la certeza de haber contribuido enormemente al saneamiento urbano.

¿Aún no estas convencido de lo que digo?

Para poder entender un poco mejor este tema de la eficiencia deberías subirte a una bicicleta cualquier día y experimentar la sensación de libertad que ella te brinda, las enormes posibilidades de ver la ciudad de otra manera, de disfrutar tu viaje, de sentir que no estas perdiendo el tiempo, que con cada pedaleo ganas en todo sentido y dejas afuera la desazón que causa tener que estar atrapado en el tránsito.

Andar en bici es saludable, es libertad, es económico, eficiencia, ecología, sustentabilidad…

¿Necesitas más razones para empezar a usar más la bicicleta?

#BastaDeViolenciaVial

#BastaDeViolenciaVial

Basta de violencia vial

Desde hace ya algunos años que decidí moverme en bicicleta por la ciudad, y lo que fui aprendiendo con el paso del tiempo es que arriba de la bici todo se ve diferente.

La gente, los autos, las luces, los ruidos y olores, el entorno todo es diferente cuando pedaleas, y eso te da una sensibilidad especial en cuanto a la percepción de lo que sucede a tu alrededor.

El miércoles 17 de enero de 2018 participe de una marcha en bicicleta convocada por una asociación de ciclistas de la ciudad de Buenos Aires y apoyada por muchas otras organizaciones civiles y ciclistas urbanos, que motivados por el incremento de la violencia vial y por la sucesión de varias lamentables muertes, se congregaron en las calles de la ciudad de Buenos Aires para decir BASTA DE VIOLENCIA VIAL.

Las calles por un momento se llenaron de ciclistas ávidos por encontrar una respuesta a tanta violencia y yendo tras la búsqueda de una solución que llene el vacío que va dejando cada víctima por siniestros viales.

Cada pedaleada que daba me hizo sentir que la próxima víctima podía ser yo, o vos, o el que tenía a mi lado o esa persona esperando en la esquina. Cualquiera de nosotros puede sufrir a manos de alguien que, por irresponsabilidad, desidia, desprecio a la vida, adicciones, o simple locura, te quita lo más preciado que puedes tener: LA VIDA.

Imaginaba el dolor profundo que debían sentir quienes perdieron a un ser querido por culpa de la locura, la prepotencia y la intolerancia vial, y se me cerraba de a ratos la garganta. Se me hacía difícil conseguir claridad en mi pensamiento para poder transmitir lo que me pasaba.

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Ese camino recorrido por las calles de la ciudad me fue llenando de imágenes que bien podían ser parte de un álbum de fotos de lo que habitualmente veo en mis salidas diarias en bicicleta, pero no fue así; a decir verdad, cada imagen que capturaban mis pupilas eran parte de una realidad que muchos no ven o se niegan a ver, y esa ceguera total o parcial distorsiona el entorno y provoca ver las cosas de una forma muy diferente a lo que realmente es.

Abrir los ojos y que entre la luz es parte del camino que todos debemos transitar, y no cerrarnos en la misión de creer que el más fuerte es quien triunfa, sino entender que el más débil es quien tiene más chances de perder. Eso es sensibilidad, y sin sensibilidad no podemos avanzar ni evolucionar para reconocer que una vida vale mucho más que llegar rápido, o pasar primero.

No logramos entender el valor que tiene el respeto y lo fácil que es ejercerlo y eso se debe principalmente a la falta de sensibilidad de la que hablaba.

Uno busca respuestas, y solo recibe un vacío, que se diluye en el aire como el agua en los dedos. Y duele que quienes deben darnos las respuestas, no lo hacen, y parecieran esconderse detrás de temas que distan mucho de ser importantes, si los ponemos en la balanza junto a las muertes de personas que solo andaban en bicicleta.

BASTA DE VIOLENCIA VIAL…YO QUIERO VIVIR!

Ver videos #BastaDeViolenciaVial

 

El ciclismo urbano no es una moda

El ciclismo urbano no es una moda

El ciclismo urbano nace en la necesidad de las personas de querer moverse por la ciudad de forma ágil, cómoda, eficiente y sostenible.

La bicicleta cumple 200 años y uno de sus roles en el entorno urbano es minimizar el impacto ambiental que genera el uso y abuso del auto que a lo largo de los años ha estado usurpando el espacio que la bicicleta supo tener en el pasado.

Las personas han estado buscando (y aún lo siguen haciendo) otras formas de moverse por la ciudad desde hace muchos años ante la imposibilidad de poder hacerlo de forma eficiente arriba de un auto, y muchos encontraron en la bicicleta ese medio de transporte que puede ofrecer esa eficiencia que ningún otro tiene, sin ninguna duda.

El ciclista que usa la bicicleta para ir al trabajo, llevar a sus hijos a la escuela, hacer las compras en el mercado quiere poder hacerlo de forma cómoda y segura y es por eso que exige que la infraestructura y su entorno se adecuen a esos requerimientos que no son otra cosa más que lo que la bicicleta necesita.

En mi caso he crecido casi educado en un mundo de autos, donde te decían que tener un auto era alcanzar un objetivo en la vida, que con el auto podías llegar a todos lados en el menor tiempo posible, y así me fueron formando. Hoy ya grande, he comprendido que tan equivocados estuvieron todos aquellos que me han formado esa visión de lo que son objetivos en la vida, sin embargo, hoy he podido darme cuenta que hay muchas otras formas de movilidad y que cada una de ellas genera diferentes efectos urbanos.

La bicicleta llego para quedarse, en realidad nunca se fue, solo que en su larga historia ha sido desplazada progresivamente por el avance de la industria automotriz y que apoyada en su poder económico ha sabido imponer un discurso auto-centrista que los gobiernos supieron capitalizar como variable económica en favor de quien sabe qué…en favor de las personas sabemos que no.

El ciclismo urbano evoluciona porque existe la necesidad de crear nuevas opciones de movilidad que dejen de saturar las ciudades y sometan a quien usa el auto a una realidad de la que ni ellos pueden escapar: el auto contamina la ciudad.

La bicicleta no es una moda, es un medio de transporte que afortunadamente hoy nos esta marcando un camino y sigue creciendo y ganando adeptos porque es fácil darse cuenta de las grandes posibilidades que este noble medio de transporte te puede dar.

Eficiencia y sostenibilidad, dos grandes cualidades de la bicicleta entre otras, no son meras palabras “modernas”, son el resultado de una simbiosis que se da entre la bici y el usuario que ponen de manifiesto el poder que tienen las dos ruedas dentro del entorno urbano donde se mueve.

Si nos proponemos mirar un poco hacia el futuro y evaluar que posibilidades tiene la bicicleta frente a otros medios de transporte veremos que casi no hay límites y que podemos seguir pensando a la bici como el mejor y mas económico, eficiente y sostenible medio de transporte del mundo; y más aún si lo pensamos en combinación con medios masivos de transporte como el tren, el bus o el subte (metro), algo que se da en llamar: intermodalidad, otra palabra que parece estar de moda, pero que resume un horizonte lleno de posibilidades para que la gente se pueda mover por la ciudad con mayor comodidad y seguridad.

La bici no esta de moda, la bici es el presente y futuro de nuestras ciudades.

 

Yo me pregunto… (por favor agrega tu pregunta)

Yo me pregunto… (por favor agrega tu pregunta)

Cada día pienso en cómo se vería mi ciudad si de verdad las personas cambiáramos culturalmente sobre la forma en la que nos movemos, y pienso, y me pregunto…

¿Entenderán realmente quienes nos gobiernan cual es la demanda ciudadana?

¿Será que nos debemos una auto-crítica lo suficientemente dura para darnos cuenta de lo que tenemos hacer y lo que estamos haciendo mal?

¿Será que debemos proponernos vivir a otro ritmo, calmar la actitud, suavizar la conducta?

¿Será suficiente decir que el auto está matando a la ciudad, sin ni siquiera pensar en dejarlo en casa?

¿Qué intereses podrían estar comprometiendo el accionar de nuestros gobernantes?

¿Qué dinámica de acción deberemos tomar para que consigamos reconocer que el problema y la solución están en el mismo lugar?

¿Qué mecanismos simples de disuasión deberemos implementar en nuestra vida diaria para poder movernos mejor?

¿Tendremos la capacidad de interpretar fielmente los problemas para encontrar las soluciones?

¿Podremos darnos cuenta del daño que provocamos, si no comprendemos nuestras acciones negativas?

¿En qué momento hemos cambiado el rumbo? ¿Alguna vez lo cambiamos? o ¿simplemente nunca tomamos el camino correcto?

¿Cuál es el camino correcto?

¿Llegaremos a cumplir el objetivo que nos estamos trazando?

¿Estaremos haciendo bien las cosas con eso de incentivar el uso de medios de movilidad sostenibles?

¿Educaremos apropiadamente a las futuras generaciones para que por lo menos ellos puedan disfrutar de lo que para nosotros hoy es apenas una pequeña luz en el horizonte?

¿Seré lo suficientemente anciano algún día para poder ver todo esto con claridad?

¿Podremos tener una ciudad sin autos?

¿Podremos tener una ciudad sin autos?

Dejemos de lado por un rato lo utópico que puede resultar esa idea.

Que les parece viajar un poco en el tiempo hacia el futuro e imaginar tu ciudad sin autos, pero no abramos un debate sobre el enorme poder que hoy tiene la industria automotriz para impedir que eso suceda.

Sabemos que las ciudades están saturadas de autos y muy poco se hace hoy para que el número de autos que ingresan a las grandes urbes se vea reducido drásticamente, por lo menos en el corto plazo.

Hay muchos factores que afectan directamente cualquier política de estado que intente detener el avance del auto sobre las ciudades, pero también hay muchas maneras de lograrlo sin que casi se note, y a largo plazo poder generar conciencia en la gente y un cambio cultural sobre las formas sostenibles de movilidad que favorecerían enormemente la vida de las personas.

El desarrollo sostenible del transporte público masivo es fundamental para que las ciudades puedan tener un sistema de movilidad que permita alternativas más amigables con el medio ambiente y ayuden a reacomodar el tránsito urbano. Por esa razón es que hay que darle más espacio y más y mejores partidas presupuestarias a lo que puede salvar en salud a nuestras ciudades.

Tanto el tren como el subte o metro son medios masivos de transporte que en muchas ciudades están desaprovechados y relegados por intereses que se contraponen al progreso y desarrollo sustentable en lo que respecta a movilidad urbana, y anteponen la difusión del automóvil como medio de transporte cómodo y moderno, cuando en realidad lo que debemos hacer es darle a la gente la opción de usar el transporte público como preferencia, es decir, que quieran usar el  tren o subte porque se viaja mejor, es más rápido y relajado.

Mejorar el transporte público, darle relevancia y ofrecer un servicio de excelencia es el punto de partida para que la ciudad deje de tener ese ingreso masivo de automóviles que hoy tiene, y en ese sentido hoy muchas ciudades de países desarrollados que han sabido canalizar esa necesidad a través de financiamientos apropiados de sectores privados para que tanto el Estado como las empresas puedan articular una importante planificación urbana que beneficie a las personas, y de eso se trata, ofrecerle una mejor calidad de vida a la gente, que el auto no puede darle por la incomodidad que genera sacar un auto a la calle.

Otro pilar fundamental que debemos considerar a la hora de desincentivar el uso y abuso del auto es sin lugar a dudas la facilidad que hoy tienen los autos para ingresar a la ciudad. Las autopistas urbanas no solo ofrecen un ingreso masivo de autos, sino que incrementan el nivel de contaminación del aire que respiramos. Si pensáramos un segundo sobre qué pasaría si dejáramos los autos en las periferias de la ciudad y pudiéramos conectar con trenes y buses, rápidamente llegaríamos a la conclusión de que no solo tendríamos una ciudad saneada ambientalmente sino también protegida de los embates de hordas en cuatro ruedas que constituyen un daño sistemático del espacio público.

Básicamente la idea sería, si tanto te gusta usar el auto, que puedas hacerlo para llegar al centro de trasbordo más cercano y luego conectar con tren, subte o bus hasta tu destino. Eso definitivamente sería un gol de media cancha.

Otra de las formas, la más sostenible de todas, es seguir incentivando y promoviendo el uso de la bicicleta como medio de transporte para distancias cortas. Es decir que hasta podrías usar el auto, seguir en un tren/subte y luego subirte a la bici para llegar a donde vos quieras (muchas ciudades en el mundo ya cuentan con sistemas de bicicletas públicas a las que se puede acceder fácilmente). Eso se llama intermodalidad, y es el sistema integrado de transporte realmente sustentable que necesitan las ciudades para mejorar el tránsito vehicular y poder ofrecerle a la gente más espacio de esparcimiento, de encuentro y recreación, más verde, aire más respirable y condiciones de vida urbana que se acerquen al ideal de ciudad limpia que muchos estamos buscando.

La ciudad sin autos hoy es una utopía, pero soñar no cuesta nada y ayuda a generar ideas que pueden transformar esa fantasía en realidad.