Vuelta Olímpica en bicicleta – Buenos Aires 2022

<strong>Vuelta Olímpica en bicicleta – Buenos Aires 2022</strong>

Deje pasar algunos días para bajar el nivel de adrenalina que me provocó este evento multitudinario en Buenos Aires y poder escribir con mas calma mis impresiones personales.

Este año me anoticié del evento, que en realidad ya estaba en su segunda edición, lo que me pareció una idea brillante, y que consistía en dar la vuelta completa a la ciudad por sus límites. Fueron aproximadamente 70 kilómetros, pasando por más de 20 barrios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Un paseo, para todos, totalmente inclusivo y amigable con el medio ambiente.

Al enterarme de este evento supe de inmediato que iba a ser un éxito, que no podía fallar, no solo porque detrás veía que había muchas ganas de hacerlo y una voluntad que superaba todas mis expectativas, y es ahí que empecé a ponerle toda mi atención, y hasta me puse a disposición para colaborar en lo que pudiera para ser parte de un evento ciudadano que seguramente iba a ser el disparador de algo mucho más grande, iba destinado a transformarse en un hito para el ciclismo urbano de la ciudad.

De hecho, el resultado fue increíble. No sé si fueron 300, 5000 o 10000 ciclistas los que participaron, lo cierto es que la convocatoria fue enorme e impecable la organización. No hubo fisuras, no hubo problemas, no hubo grandes incidentes, la gente se comportó civilizadamente, todos contentos, con sonrisas que no entraban en la cara de nadie.

Cuando la sociedad civil se ordena y se convoca de forma organizada con un propósito definido, el resultado siempre va a ser positivo y en este caso, sucedió lo que esperaba que sucediera, la gente participó masivamente, de forma ordenada, pacifica, con alegría, vinieron familias, gente de diferentes partes del país, organizaciones, grupos ciclistas y empresas que quisieron decir presente. Todos de alguna manera contribuyeron al éxito de esta convocatoria.

Esta Vuelta Olímpica tiene un propósito. Buenos Aires, como cualquier otra capital del mundo, tiene serios inconvenientes con el tránsito vehicular, que por momentos es agotador y violento y que padecemos cada día. ¿Por qué no tener en Buenos Aires un espacio en la calle dedicado a la recreación para que más gente pueda disfrutar del espacio público sin riesgos? Si grandes capitales del mundo lo tienen, nosotros no somos menos y podemos también lograrlo.

Las calles recreativas, como comúnmente suelen llamarse a estos espacios de convivencia no motorizada, suelen brindarle a la sociedad un remanso entre tanta violencia y tanto ruido, y en ese camino es que la comunidad ciclista se agrupa y se alza para reclamar por esos espacios, y que en definitiva va mucho más allá de promover el uso de bicicleta, sino de buscar más profundamente la forma de que las personas puedan tener al menos una vez al mes un lugar en la ciudad donde poder disfrutar al aire libre, sin ataduras y sin riesgos, aprovechar de un momento de tranquilidad para andar en bicicleta, correr, sentarse a disfrutar del aire, conversar, comer, hacer deportes y ejercicio. Eso es lo que buscamos.

En diciembre de 2021 se aprobó la Ley 6472 que establece el 22 de septiembre como el Dia Sin Auto, ya que en esa fecha se celebra mundialmente y a la que la ciudad adhiere oficialmente, además de establecer que el 3er domingo de cada mes de destinen zonas de la ciudad para fomentar la movilidad activa y que se delimiten calles recreativas para que puedan ser disfrutadas por las personas.

Ya creo haberlos aburrido hablándoles muchas veces sobre los beneficios que genera la movilidad activa, pero siempre es un buen momento para recordarlo y concientizar a las personas sobre la importancia que tiene empezar a ver la movilidad urbana a escala humana, y para eso es fundamental lograr tener ese espacio seguro que nos permita usarlo como herramienta de pacificación y socialización.

La Vuelta Olímpica vino para quedarse y permitirnos tomar la fuerza que nos empuje para que el próximo año este evento masivo tenga proporciones bíblicas. ¿Exagero? No. Con tan poco hemos logrado tanto este año, que no es exagerado pensar que el 2023 nos encontrará cortando la Av. General Paz para dar paso a la felicidad, porque la felicidad viaja en bicicleta.

Un camino diferente

<strong>Un camino diferente</strong>

Cuando empecé a andar en bicicleta tenía mi escala de valores bastante acotada y distorsionada, era primero mi Dios, después mi bici y yo y luego el resto. Pasó el tiempo, pasaron cosas, fui y vine muchas veces y después de pensarlo un poco decidí que era un buen momento para comprarme una cámara de video y así poder registrar todo lo que me pasaba mientras me movía en la ciudad, la vida real, y no esa fantasía que recorría mi cabeza.

Al principio gritaba mucho, insultaba a los cuatro vientos, discutía con cada persona que me cruzaba, tocaba bocina como loco, me hacía problema por todo, pero la bicicleta me fue mostrando la ciudad como ningún otro modo de transporte lo había hecho, incluso ni siquiera caminando, ayudado por la misma vivencia y secundado por mi registro “cinematográfico”.

La bicicleta me fue marcando un camino, que me costó entender, pero fui analizando cada situación, cada momento vivido y padecido, y empecé a notar que estaba adoptando conductas inapropiadas, irrespetuosas, siendo descortés, generando reacciones que en mi eran impensadas. ¿La bici estaba modificando mi personalidad? No. Solo estaba mostrándome por donde no debía ir. Eso activó mi necesidad de hacer algo al respecto, y en ese sentido lo mejor era empezar a reconstruir mi perspectiva sobre la ciudad en la que vivía, entender cuál era mi espacio, donde ubicarme frente al peatón y frente a los automovilistas y el resto del entorno, cuales eran mis derechos y mis obligaciones y que cosas ponían en riesgo mi vida frente a todo lo que me rodeaba, porque empecé a entender que no estaba solo.

Si bien supe desde un principio que empezar a andar en bicicleta iba a generarme la necesidad de aprender a moverme en el tránsito loco de la ciudad de Buenos Aires, también me inspiró a tener más empatía y respeto para con los/as más vulnerables y modificar la forma de interrelacionarme con el entorno.

La ciudad de Buenos Aires no es fácil, nunca lo fue, aunque hoy con algo más de experiencia puedo decir que casi la tengo dominada, más allá de circunstancias que exceden mi capacidad de control y eso me pone alerta todo el tiempo. Sin embargo, estar alerta no es tener miedo. Todo lo contrario, estar alerta me ayuda a mantener mi cabeza bien dentro del ecosistema urbano que muchas veces te golpea y te mantiene en funcionamiento todos los sentidos.

Desde hace algunos años que vengo luchando desde mi humilde espacio, por una ciudad más segura, limpia, saludable e inclusiva, donde todos puedan experimentar lo mismo que yo, y de esa experiencia incorporar todo lo bueno y transformar todo lo malo, porque creo que de lo malo también se aprende y de lo malo se pueden hacer cosas buenas, generar ideas y proyectos y sostener una lucha que nos permita en algún momento mejorar nuestra calidad de vida.

La experiencia es aprendizaje, no se puede concebir una cosa sin la otra, pero lo interesante de eso es buscar la mejor experiencia, la que te ayude a valorar todo aquello que no genere externalidades negativas y en ese sentido la movilidad activa viene a ocupar ese espacio. Un espacio que debemos apropiar para darle una identidad que pueda multiplicarse, porque no hay nada mejor que multiplicar lo bueno.

Yo hice camino, lo viví, lo aprendí e intenté transformarlo de tal manera de hacerlo mío, propio, en mi beneficio, y no por querer se egoísta, sino porque considero que hacerlo mío y bueno, sería igual de bueno para muchos. La bicicleta logró hasta mejorarme como automovilista y eso no es poco.

Se puede tener empatía sin importar la forma en la que te muevas, pero es muy importante empezar por movernos a escala humana para que el nivel de empatía crezca con nosotros.

Un camino diferente es el titulo de esta nota, un camino diferente es aquel que no conocemos y aprendemos a transitarlo.

Salvemos Libertador

Salvemos Libertador

Desde hace ya unas semanas atrás que se viene hablando mucho sobre las obras de reconfiguración de la icónica Av. Libertador en la ciudad de Buenos Aires. Una avenida con el espacio suficiente para avanzar en una redistribución modal, que desde el activismo veníamos reclamando hace mucho tiempo.

Una reformulación que ayudará a que tanto peatones como ciclistas puedan moverse con más comodidad y seguridad. Una obra que además permitirá reducir la velocidad máxima permitida en esa avenida, que hoy es de 70 km/h, y bajaría a 50 km/h.

Mucha agua ya ha pasado bajo el puente y mucha más pasará, a pesar de que estas obras empezaron hace algunos meses atrás este año, y la cual se extenderá hasta fin de año, si todo marcha como está planeado.

Hay un grupo de vecinos, y gente que usa esa avenida a diario en auto, que se oponen a esta obra por considerarla innecesaria, ya que aducen quitarles lugar para estacionar, y a quienes la usan, carriles para circular, pero lo que no pueden ver, o no quieren hacerlo, es que esto se hace con el objetivo de darle a esa avenida un uso mas inclusivo y cambiar el paradigma ese de que por las avenidas solo pueden circular autos a gran velocidad.

Sabemos lo que representa el exceso de velocidad en calles, rutas y autopistas, y todos los días lastimosamente lamentamos muertes absurdas que pudieron haberse evitado, y si bien sabemos que hay otros factores que inciden en la elevada tasa de siniestralidad vial, como ser la conducción bajo los efectos de alcohol y drogas, la distracción al volante y la temeridad creada en torno a la creencia de que “a mi no me va a pasar nunca”, entendemos que al darle menos espacio a la circulación motorizada y privilegiando más y mejores espacios para el transporte público, peatones y ciclistas vamos a poder progresivamente ir avanzando en una ciudad donde moverse no tenga que ser peligroso.

Cuestionar una obra solo porque quita espacios para estacionar y porque hay que ir más despacio, habla de un bajo nivel de argumentación considerando que el espacio público debe ser compartido y permitir una fluida circulación de todos, es decir no solo autos, sino también peatones, ciclistas y modos de transporte masivos, como el colectivo/bus.

¿Acaso dejar un auto estacionado gran parte del día representa una comodidad para quienes quieren moverse? Claramente no, poniendo en riesgo y obstaculizando a quienes intentan moverse de otra forma, aún mucho más segura y eficiente.

Este es un debate interesante que nos debemos quienes vivimos y nos movemos en Buenos Aires, para dejar sentada la base de una ciudad que necesita imperiosamente modificar un paradigma que nos hunde profundamente en un problema que a simple vista parece no tener solución: la violencia vial, que cada día se lleva vidas y que equivocadamente naturalizamos casi sin darnos cuenta.

Queda solo una cosa por hacer, seguir apoyando la vida de las personas por sobre la “comodidad” de unos pocos que intentan canalizar la protesta a través de argumentos sin sentido y que solo buscan desestabilizar un plan que a priori busca mejorar de alguna manera la forma en la que nos movemos e intentar lograr una sana y plena convivencia vial que en definitiva es para todos y no solo para un grupo de loquitos en bicicleta.

Ciertamente hay lugar para todos en la ciudad. Este el camino que nos va a mejorar la calidad de vida, nos va a transformar como sociedad, nos va a ayudar a que podamos salir sin miedo, a darnos cuenta que movernos de otra manera es posible. Caminar y andar en bicicleta son solo la punta del ovillo, desmadejemos ese camino juntos constructivamente, sin banderas, porque la movilidad no tiene banderas, todos somos peatones y todos queremos una ciudad mejor, solo hay que saber compartirla y aprender.

Salvemos Libertador, salvémosla de la prepotencia y la intolerancia que intentan dominar un espacio desproporcionado y desaprovechado, que muchos intentamos recuperar, para la vida, para la gente, para movernos mejor y más seguros.

¿Prohibir la circulación de bicicletas?

¿Prohibir la circulación de bicicletas?

Seguramente me escucharon pedir muchas veces que prohíban los autos, algo que creo que debería ocurrir en algún momento, más allá de la burda literalidad de ese pedido.

Hoy no vengo a hablar de ese tema sino de algo que se publicó ayer en Twitter sobre unos carteles que aparecieron en la Av. Libertador en el tramo que pasa por el municipio de San Fernando, provincia de Buenos Aires, y que prohíben la circulación de bicicletas en esa importante avenida.

Foto de Twitter @CeciLaVeronica

Le preguntamos al intendente de San Fernando, Juan Andreotti, sobre el origen de esos carteles, pero no hemos obtenido respuesta hasta el momento. La idea es conocer con mas detalle cual es la razón por la cual se prohíbe la circulación de bicicletas en esa avenida siendo que la Ley de Tránsito no establece dicha prohibición.

En este sentido, y no habiendo una respuesta oficial a nuestra consulta, todo esto suena más a un capricho del intendente que a una medida para mejorar la seguridad vial en la zona, porque se sabe que en avenidas donde la velocidad máxima establecida es de 60 km/h, suelen circular siempre a velocidades mayores y eso claramente va en contra de mejorar la seguridad vial. Es directamente proporcional, a mayor velocidad, mayor es el riesgo de que sucedan siniestros viales; entonces nos preguntamos: ¿prohíben la circulación de bicicletas para que los automovilistas tengan vía libre y puedan circular a cualquier velocidad y que nadie les interrumpa su estúpida carrera a la nada misma?

Juan Andreotti tiene acá la oportunidad de explicarnos que quiso hacer con esto, porque sencillamente no se entiende que haya tomado decisión que va a contramano de lo que muchas ciudades del mundo están intentando hacer para mejorar la calidad de vida de sus habitantes, que es promover el uso de la bicicleta y el transporte público, reducir los límites máximos de velocidad, angostar calzadas y ensanchar aceras y darle a la movilidad activa el protagonismo que claramente Juan Andreotti está negando absurdamente.

Creo en lo personal que funcionarios/as que van a contramano de la construcción de una mejor calidad de vida y de poner a las personas por encima de las maquinas, deben dar un paso al costado, dejar de lado ese vedetismo berreta que caracteriza a la política de nuestro país y dedicarse a otra cosa, o al menos tener la voluntad y el decoro de dar una respuesta al reclamo ciudadano.

No se, me salió escribir algo al respecto, porque no se entiende que todavía haya funcionarios/as que no se hayan dado cuenta que el mundo esta cambiando y que los estándares de vida son otros, que el siglo XX terminó y con el un paradigma que ya le cuesta sostenerse: el de moverse siempre en auto.

Prohibir la circulación de bicicletas es retroceder, aunque mas de uno piense que retroceder es volver a usar la bici, y quizás Juan Andreotti sea uno de ellos y por eso las prohíbe.

Continuará…

Los 30 días en bici. Mucho más que salir a pedalear.

Los 30 días en bici. Mucho más que salir a pedalear.

Ya estamos promediando el mes de abril, y el otoño empieza a manifestarse en las calles. El clima es agradable, aunque algo más fresco, pero ideal para andar en bicicleta.

(Foto @bicivilizados https://twitter.com/bicivilizados)

Todos los años durante el mes de abril, se lleva adelante globalmente la campaña 30 DIAS EN BICI, que desde España llega con fuerza a Latinoamérica.

En Argentina muchas ciudades se han sumado a esta campaña y Buenos Aires intenta cada año fortalecerla, difundiendo su espíritu y contagiando esas enormes ganas de andar en bicicleta todos los días.

Andar en bicicleta es de las cosas más placenteras que he podido experimentar en mi vida, me apasioné por la bicicleta, por todo aquello que la rodea y todo lo que genera como herramienta de socialización, cuyos objetivos principales son la pacificación de las calles y mejorar nuestra calidad de vida.

Los 30 días en bici vienen a ocupar un lugar relevante en esto de fomentar el uso de la bicicleta como modo de transporte en nuestras ciudades, y en abril explotan las calles de ciclistas ávidos por compartir el placer de pedalear, y apoyados en esas ganas, es que desde esta campaña pedimos a la gente que en el mes de abril se comprometa a usar la bicicleta todos los días del mes, sin importar distancias, velocidades ni destinos. Es solo por el placer de montar en bici y demostrar que se puede ir en bicicleta a trabajar, a estudiar, o simplemente por el placer de hacerlo.

En Buenos Aires, se sabe que no contamos con los recursos necesarios para darle a esta campaña la difusión que debería tener, y yo como modesto representante intento que al menos la gente se convierta de alguna manera en vocera de esta campaña y divulgue si existencia, saliendo a la calle en bici, y compartiendo su experiencia que puede servirle a muchas más personas que aún no se animan a dar el primer paso y comenzar a pedalear una linda historia.

A pesar de la falta de posibilidades que tengo para darle difusión masiva a los 30 dias en bici, he logrado a través de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires que esta campaña sea considerada de interés social, cultural y deportivo, y ciertamente me llena de orgullo poder saber que de a poco vamos ganando terreno.

(Declaración de interés social, cultural y deportivo, aprobada por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el 31 de marzo de 2022).

Los 30 días en bici te necesitan, no desde lo económico sino desde el compromiso y la difusión para que más gente se mueva en bicicleta por Buenos Aires. Te invito a que en lo que queda del mes de abril intentes usar la bicicleta al menos una vez al día y que ese compromiso sea el punto de partida de un amor que durará el resto de tu vida.

¡GRACIAS!

¿Por qué empecé a usar la bicicleta?

¿Por qué empecé a usar la bicicleta?

A raíz de una publicación que hice en mi cuenta de Twitter hace unos días y de todas las respuestas que recibí a la pregunta ¿por qué razón comenzaste a usar la bici para moverte en la ciudad?, es que se me ocurrió escribir algo que resuma un poco todo lo aportado por gente que entendió por diferentes motivos que la bicicleta solo les aportó beneficios y pasó a formar parte de un estilo de vida diferente.

Ya muchos sabemos la importancia que tiene el uso de la bicicleta en entornos urbanos de alta densidad poblacional, donde el tránsito vehicular se torna insostenible por la escasez del espacio y por tratarse de un modo de transporte eficiente, que no contamina, no hace ruido, es saludable, económico y es más seguro.

La gente respondió masivamente a mi pregunta, y todos coinciden en muchas cuestiones que tienen relación directa con lo que acabo de decir.

La bicicleta es eficiente, ¿qué significa eso? En términos de velocidad quizás no tanto, pero con relación a distancias recorridas si lo es, porque en distancias cortas la bicicleta suele ser más ágil y rápida que un auto particular. No me gusta usar mucho la palabra “rapidez” porque siempre se la relaciona directamente con la velocidad, por eso uso “eficiencia” o “agilidad” que tiene más que ver con lo que la bici representa como modo de transporte urbano. Siempre llegarás a tiempo en bicicleta (excepto que tengas la mala suerte de pinchar una cubierta).

Es conocido por todos, que el nivel de contaminación ambiental que hoy sufren nuestras ciudades es alarmante y preocupa, y la movilidad activa contribuye a reducir esa huella de carbono que generamos al movernos. Otra razón más para elegir la bicicleta o caminar como forma de movilidad reduciendo significativamente la emisión de gases de efecto invernadero.

Es lógico también relacionar a la bicicleta con la generación de ruido. Estamos permanentemente atacados por un sinnúmero de ruidos que afectan nuestra vida cotidiana, al punto de no poder hablar en la calle, tener dolores de cabeza, padecer estrés, y trastornos que afectan nuestra concentración y el rendimiento en las actividades que realizamos. La bicicleta viene a aportar la calma que nos hace falta para mejorar nuestra calidad de vida, no solo en lo personal sino también en lo laboral y profesional.

Andar en bici es hacer ejercicio, mejora nuestras articulaciones, fortalece nuestros músculos y nuestros sistemas respiratorio y cardiovascular. Nos aleja del sedentarismo y en consecuencia mejora nuestra salud y calidad de vida. Siempre andar en bici trae beneficios, sin importar cuanto tiempo la uses ni que distancia recorras, basta con usarla todos los días o cuando quieras y eso ya transformará tu forma de vida.

No cabe duda, que andar en bicicleta te hace ahorrar mucho dinero que ya no gastas en transporte público ni en el combustible que le tienes que poner a tu auto; sin mencionar gastos de mantenimiento, estacionamiento, seguro y demás impuestos que debes pagar por tener un auto. Una bici solo requiere un mínimo de mantenimiento, lavado y lubricación de la transmisión y a rodar. Solo eso, nada o casi nada. Fácil, simple y barato.

En muchas ciudades el transporte público suele ser escaso y/o deficiente y entonces se opta por usar la bici solo porque andar en auto no es una buena opción, lo cual beneficia a las personas que por diferentes razones no pueden dejar de usar el transporte público, es decir, estamos contribuyendo a descongestionarlo para darle espacio a otras personas que lo necesitan más que nosotros.

Quienes ya andan en bicicleta han podido comprobar que hacerlo de forma cotidiana y responsable resulta en tener un entorno más seguro no solo para con nosotros, sino también para quienes nos rodean, ya que la bici calma el tránsito, y que por su masa/peso y velocidad las consecuencias ante un posible atropellamiento suelen no ser fatales para terceros y eso no es poco, considerando el daño que puede causar un automovilista que circula a más de 40 km/h en un vehículo de más de 1000 kilos.

Dicho esto, andar en bicicleta es beneficioso no solo para quienes la usan sino también para quienes aún no han podido o decidido subirse a ella. Y la conclusión a la que podemos llegar es que una vez que probaste subirte a una bici, difícilmente puedas dejar de usarla y será tu compañera de viaje cada día.

Sigamos juntos promoviendo su uso, transmitiendo sus bondades y las alegrías que suele darnos con cada pedaleada.

El miedo: un aliado para aprender

El miedo: un aliado para aprender

Es habitual encontrar gente que dice que no sale a andar en bicicleta porque tiene miedo, que la calle es peligrosa, que hay muchos autos, que la gente es agresiva y que no respetan a quienes andan en bici.

Ese miedo, perfectamente entendible y justificable, es el mismo miedo que nos debe servir para perderlo y aprender de que forma poder andar en bicicleta sin temor a equivocarnos; transformar ese temor en una herramienta que nos ayude a fortalecer nuestro derecho a utilizar la calzada como cualquier otra persona.

Es razonable tener miedo a salir a la calle en bicicleta, solo observando la vertiginosa vida que se vive en nuestras ciudades, como deberíamos tenerlo cuando salimos a caminar, y sin embargo no nos pasa; y no por eso debemos ahogarnos en ese temor, sino todo lo contrario, usarlo a nuestro favor. Como logramos eso, parece ser la pregunta.

Lo más importante es querer hacerlo, tener voluntad, convencimiento de lo que uno quiere hacer. Agarrar la bicicleta y de ser posible conseguir a alguien que nos acompañe, porque siempre es mejor empezar rodar en compañía, ya que eso nos empodera y nos brinda confianza, además de sentir que no estamos solos y que contamos con una contención muchas veces necesaria.

En la calzada, lo primero que debemos aprender es a no colocarnos en una zona donde no nos sintamos cómodos, siempre rodar en el sentido del tránsito, no hacer zigzag entre los autos, circular con prudencia y precaución y atentos al movimiento repentino de autos y especialmente de peatones, y por sobre todas las cosas aprender a gestionar los puntos ciegos, que son aquellos lugares donde los autos y muy especialmente los grandes vehículos como buses y camiones pierden en algún momento la visión que pueden tener desde sus espejos retrovisores. Una manera de evitar los puntos ciegos es evitar rodar en lugares reducidos entre vehículos mientras estos estén en movimiento, porque es en ese momento donde los puntos ciegos nos hacen mucho más vulnerables y nos exponen a situaciones indeseadas que pueden causarnos daño.

Andar en bicicleta es fácil, solo hay que utilizar ese temor para darnos cuenta que es mucho más fácil de lo que creemos, y que es divertido si lo hacemos prestando atención y considerando que siempre tenemos el derecho a circular por la calzada, porque creer que las calles son para los autos y que la bici es un estorbo, es seguir incrementado esa sensación de temor, en lugar de utilizarlo positivamente a nuestro favor.

Sabemos que el tránsito en la ciudad suele ser agresivo, pero podemos circular en bicicleta con la convicción de estar haciendo lo correcto y eso nos empodera y nos pone en el lugar correcto, de lo contrario estaremos dándole a los automovilistas un poder que en realidad no tienen, más allá de su tonelada de peso.

La calle fue hecha para compartirse y está en nosotros hacer valer ese derecho, porque es nuestro, porque es la forma de mostrar que la gente puede moverse de otra manera, y si bien la infraestructura ciclista es un elemento urbanístico que ayuda enormemente a que mucha gente salga a andar en bicicleta, también hay que entender que no vamos a tener esa infraestructura en cada calle y rincón de nuestra ciudad y si queremos realmente disfrutar de nuestros viajes en bicicleta tenemos que transitar ese camino del miedo sin sentirnos culpables, y poner al miedo de nuestro lado, que sea parte de nuestro aprendizaje y que nos acompañe para fortalecernos.

Es importante también darnos cuenta que no estamos solos cuando andamos en bicicleta y que también le debemos respeto a los otros, por ese motivo es fundamental que anunciemos nuestras maniobras, avancemos cuando nos sintamos seguros de hacerlo cómodamente.

Usar luces y elementos reflectantes son las dos cosas que en mi opinión considero que nunca deben faltar en una bicicleta y con respecto al casco, no quiero ni pretendo quitarle importancia ni seguir zanjando una agrieta, pero es solo un elemento más de protección personal adicional que puedes usar para tu comodidad, como lo hago yo cada día.

Salir a andar en bicicleta es divertido, es saludable, es económico, es eficiente, no contamina, no hace ruido, y verás que nunca más vas a querer bajarte de ella. Garantizado.

Ni una bici blanca más

Ni una bici blanca más

El domingo pasado participé de una bicicleteada que nunca debió haber existido, y hoy escribo una nota que nunca debí haber escrito, y espero no tener que escribir nada similar en el futuro.

La bicicleteada del domingo pasado se convocó para acompañar a la bici blanca que se colgó en Buenos Aires en memoria de Marcela Bimonte, quien fue asesinada por un automovilista irresponsable que conducía bajo los efectos de las drogas y que luego del hecho se dio a la fuga sin prestar asistencia, no solo a Marcela, sino a muchas personas más a quienes también había atropellado mientras circulaban por una bicisenda y hoy se encuentran en grave estado.

Esta nota tiene sonido, el sonido de un grito (o de muchos), del reclamo, de la impotencia, de la tristeza. Me siento desmoronado ante la sucesiva cadena de hechos lamentables que debemos padecer quienes nos movemos en la ciudad, con relación a la movilidad urbana y especialmente aquellos donde el auto es protagonista. Un protagonismo que no te compro, porque sabemos positivamente todo lo negativo que el uso y abuso irresponsable del auto aporta a la sociedad.

Esto no es una apología en contra del auto, aunque bien podría serlo, pero no lo es. Esto es un llamado permanente a la reflexión de toda la sociedad, sin importar como nos movamos, porque en definitiva todos durante gran parte del día solo caminamos.

Marcela fue asesinada y abandonada y eso es un homicidio simple, agravado por el abandono de persona. Nada le devolverá la vida a Marcela, pero cada uno de nosotros puede hacer un aporte, por mínimo que sea, para que movernos en la ciudad deje de ser riesgoso, y se transforme en algo disfrutable.

Cuanta más gente debe morir absurdamente para darnos cuenta de la loca carrera que corremos en contra de nosotros mismos. Nos auto-flagelamos constantemente, y no es un juego de palabras, es literal. Nos castigamos, y en esa frenética carrera hacia la nada castigamos a otros que sin saberlo dejan de existir en un segundo, sin ni siquiera haber podido entender esa actitud inequívoca de demencia que caracteriza a esas personas cuya realidad alterna desvía cualquier razonamiento lógico que pueda contener algo de amor, respeto, empatía, conciencia, tolerancia y paciencia.

Hace una semana Marcela Bimonte fue asesinada, que bien podría haber sido Pablo Lebedinsky, o vos o cualquier otra persona de tu círculo íntimo. Muchas cosas nos quedan por hacer, pero lo más importante es lograr recomponernos como personas ciudadanas, con voluntad, compromiso y un espíritu combativo desde lo humano, para que no tengamos que seguir colgando bicis blancas o estrellas amarillas en diferentes rincones de la ciudad, sino movernos de la forma que mas nos guste, para darle vida a la ciudad en lugar de seguir despidiendo gente que no debió haberse ido.

Les pido a todos quienes lean esta nota que entiendan el significado que tiene la vida, que divulguen el mensaje, que lo sostengan en sus grupos familiares y amistades, porque no hay mejor campaña que la que podamos transmitir de persona a persona, mas allá de las pequeñas acciones que podamos ir haciendo cada uno de nosotros, para que vivir en la ciudad sea cada día mejor.

Gracias por leer, y por compartir lo que siento y lo que intento transmitir.

Una ciudad a escala humana

Una ciudad a escala humana

Las ciudades fueron creciendo y desarrollándose durante estos últimos 100 años alrededor del crecimiento de la industria automotriz, pensando que la irrupción del automóvil iba a facilitar la forma de movernos y que los viajes de las personas iban a ser más agiles, placenteros y eficientes.

Han pasado las décadas y hoy salimos a la calle y todo eso que pensaron los desarrolladores de época han quedado enterrados ante la evidencia irrefutable de que el auto se ha transformado en el mayor problema que acarrean las ciudades en términos de movilidad, transporte, contaminación y seguridad vial.

Ahora nos preguntamos si hay algo que se hizo mal, y en mi opinión no creo que se haya hecho algo mal, lo que no se hizo es haber pensado que podría haberse hecho mejor, es decir, no pensar tanto en como moverse en auto sino en que espacio le íbamos a destinar a las personas y seguir el derrotero automotriz a la par del crecimiento de una ciudad que esté preparada para darle comodidad, eficiencia y seguridad a la movilidad de las personas, en lugar de seguir insistiendo en quitarles espacio para meter más autos.

Una ciudad pensada para las personas, obviamente le quitaría poder a la industria automotriz, porque sencillamente no habría espacio para más autos, y la producción no sería tan grande como lo es hoy, aunque actualmente y por fortuna algo está cambiando, hay algo en el aire que muy sutil, lenta y progresivamente va tomando forma, y es nuestro deber acompañar ese cambio para ayudar a que nuestras ciudades vuelvan a tener el esplendor de antaño, donde caminar o andar en bicicleta no era lo riesgoso que supone hacerlo hoy.

Las calles de la ciudad deben ser transformadas de tal manera que salir a caminar o andar en bicicleta no suponga un riesgo, que si tienes que usar el auto sepas que solo te va a servir y ser más eficiente para largas distancias y fuera de la ciudad, que usar el transporte público no tenga que ser una aventura inhumana, que ir a la escuela o salir con amigos en bici pueda ser parte fundamental del momento y disfrutarlo.

Una ciudad a escala humana, es facilitarle la movilidad a las personas, en lugar de hacérsela más miserable y peligrosa. ¿Por qué debemos seguir pensando donde meter más autos o pensar por donde deberían circular, si ya sabemos lo que ocurre cuando hacemos eso? ¿Por qué mejor dejar de producir tantos autos, o producir solo los extremadamente necesarios, y dedicarnos masivamente a la producción de modos de transporte más seguros, eficientes y económicos? Preguntas que debemos respondernos cuando vemos como nuestras ciudades se van colapsando rápidamente ante nuestros ojos.

Los autos han sabido destruir las ciudades y ahora nos toca reconstruirlas, pero sin ellos. Todo depende de nosotros, de nuestra voluntad por generar pequeñas acciones cada día que fuercen ese cambio y nos sumerja paulatinamente en un espacio que podamos disfrutar, y no padecer.

Muchos decimos que si una ciudad la pensamos con los ojos de nuestras infancias, habremos recorrido el camino correcto, porque no hay nada más seguro que hacer calles que pueda disfrutar la niñez, y por consiguiente todos nosotros.

Les dejo un resumen de un Masterclass que dio Gehl Architects en Buenos Aires en 2016 https://youtu.be/3TwS4JYynmI

¿Salir a protegernos o salir a disfrutar?

¿Salir a protegernos o salir a disfrutar?

A raíz de un siniestro vial fatal que ocurrió este último fin de semana en la zona de la estación Once del Ferrocarril Sarmiento, en el barrio Balvanera de la Ciudad de Buenos Aires, se me ocurrió escribir algo que vuelve siempre al debate, y es sobre si las personas deben salir a la defensiva o a disfrutar del espacio público.

Todo el tiempo estamos pidiéndole a la gente que use el cinturón de seguridad, que se ponga casco, que use chaleco reflectante, que use luces y ropa clara y no se cuantas cosas más por un tema de seguridad vial. Lo cual está muy bien si lo vemos desde lo que representa un elemento de seguridad para la protección de las personas, pero ¿qué ocurriría si yendo en bicicleta sin casco te atropella un/a automovilista que va mirando su celular? ¿Diríamos que fue porque el/la ciclista no llevaba puesto el casco?

Suele pasar que nos sobreprotegemos más de la cuenta porque no somos capaces muchas veces de ir un poco más allá y ver las cosas con otra perspectiva, para poder darnos cuenta verdaderamente del contexto en el que estamos y así poder reclamar y accionar sobre lo que vemos que está mal o no cumple mínimamente con aspectos de seguridad propios de las necesidades que tenemos como personas a la hora de movernos por la ciudad.

No es justo señalar a la víctima cuando ocurre un siniestro vial, aún si esa persona haya obrado de forma inapropiada, porque en realidad la víctima quizás sea el resultado de algo que habitualmente está mal hecho y ahí es donde debemos poner el foco.

Todo lo que hace a una ciudad segura debe estar enfocado en las personas, cuando se pierde ese foco las ponemos en riesgo, y es ahí donde se insiste equivocadamente en eso de que la gente debe cuidarse. El instinto de preservación forma parte de nuestro ser, no es necesario decirle a la gente que se cuide porque son conductas que surgen casi espontáneamente. Lo que si es importante decirle a la gente es que debe dimensionar correctamente que ciudad tiene y reclamar aquellas cosas que necesariamente deben poner a las personas por encima de cualquier otro factor de tránsito.

Cuando miramos la ciudad que tenemos, nos damos cuenta qué poco tiene de amigable para con las personas, porque siempre se priorizó la circulación motorizada, y en ese sentido es que encontramos la “solución” en pedirle a la gente que salga con armadura, lo que fomenta mucho más el entorno agresivo en el que vivimos. Lo que en realidad debemos hacer es transformar ese espacio agresivo en algo que nos quite el peso de tener que salir a la calle siempre a la defensiva, cuando deberíamos salir sin temor a que nos atropellen.

Nunca, pero nunca nos enfoquemos en responsabilizar a la victima de algo que normalmente no tiene bajo su control y que claramente nos remite a analizar el entorno y sus consecuencias, e intentar cambiarlo para mejorarlo.

Como le dije a un usuario en tuiter, transformadores son aquellos que viendo la realidad intentan algo para cambiarla, pero con una visión más amplia y evitando poner a la víctima en el foco del debate.

Sigamos trabajando por una ciudad donde caminar o andar en bicicleta no tenga que ser dramático, sino disfrutable.