¿Salir a protegernos o salir a disfrutar?

¿Salir a protegernos o salir a disfrutar?

A raíz de un siniestro vial fatal que ocurrió este último fin de semana en la zona de la estación Once del Ferrocarril Sarmiento, en el barrio Balvanera de la Ciudad de Buenos Aires, se me ocurrió escribir algo que vuelve siempre al debate, y es sobre si las personas deben salir a la defensiva o a disfrutar del espacio público.

Todo el tiempo estamos pidiéndole a la gente que use el cinturón de seguridad, que se ponga casco, que use chaleco reflectante, que use luces y ropa clara y no se cuantas cosas más por un tema de seguridad vial. Lo cual está muy bien si lo vemos desde lo que representa un elemento de seguridad para la protección de las personas, pero ¿qué ocurriría si yendo en bicicleta sin casco te atropella un/a automovilista que va mirando su celular? ¿Diríamos que fue porque el/la ciclista no llevaba puesto el casco?

Suele pasar que nos sobreprotegemos más de la cuenta porque no somos capaces muchas veces de ir un poco más allá y ver las cosas con otra perspectiva, para poder darnos cuenta verdaderamente del contexto en el que estamos y así poder reclamar y accionar sobre lo que vemos que está mal o no cumple mínimamente con aspectos de seguridad propios de las necesidades que tenemos como personas a la hora de movernos por la ciudad.

No es justo señalar a la víctima cuando ocurre un siniestro vial, aún si esa persona haya obrado de forma inapropiada, porque en realidad la víctima quizás sea el resultado de algo que habitualmente está mal hecho y ahí es donde debemos poner el foco.

Todo lo que hace a una ciudad segura debe estar enfocado en las personas, cuando se pierde ese foco las ponemos en riesgo, y es ahí donde se insiste equivocadamente en eso de que la gente debe cuidarse. El instinto de preservación forma parte de nuestro ser, no es necesario decirle a la gente que se cuide porque son conductas que surgen casi espontáneamente. Lo que si es importante decirle a la gente es que debe dimensionar correctamente que ciudad tiene y reclamar aquellas cosas que necesariamente deben poner a las personas por encima de cualquier otro factor de tránsito.

Cuando miramos la ciudad que tenemos, nos damos cuenta qué poco tiene de amigable para con las personas, porque siempre se priorizó la circulación motorizada, y en ese sentido es que encontramos la “solución” en pedirle a la gente que salga con armadura, lo que fomenta mucho más el entorno agresivo en el que vivimos. Lo que en realidad debemos hacer es transformar ese espacio agresivo en algo que nos quite el peso de tener que salir a la calle siempre a la defensiva, cuando deberíamos salir sin temor a que nos atropellen.

Nunca, pero nunca nos enfoquemos en responsabilizar a la victima de algo que normalmente no tiene bajo su control y que claramente nos remite a analizar el entorno y sus consecuencias, e intentar cambiarlo para mejorarlo.

Como le dije a un usuario en tuiter, transformadores son aquellos que viendo la realidad intentan algo para cambiarla, pero con una visión más amplia y evitando poner a la víctima en el foco del debate.

Sigamos trabajando por una ciudad donde caminar o andar en bicicleta no tenga que ser dramático, sino disfrutable.

La “comodidad” del auto

La “comodidad” del auto

Desde hace más de 100 años que la industria automotriz viene creciendo bajo el lema de la seguridad, la libertad y la independencia. Hoy sabemos que ese paradigma que creció con los años, hasta nuestros días, ya no es lo que fue hace algunas décadas en el siglo pasado.

Si nos fijamos detenidamente en la definición que arroja el diccionario podremos situarnos en el contexto de lo que intento escribir hoy.

El auto, como tal, hoy no constituye una comodidad para moverse dentro de una ciudad y sin embargo mucha gente lo sostiene como el modo de transporte cómodo por excelencia, mientras duplica su tiempo de viaje que de otro modo sería mucho mas corto, o intentando librar una batalla para salir del atascadero, buscar un lugar donde estacionar, o una gasolinera para cargar combustible, y eso solo repercute negativamente en las personas, porque agrega un sinnúmero de situaciones que lo único que hacen es generar más tensión y estrés que lo recomendado..

¿Qué es viajar cómodo en un auto? ¿Acaso algunas de las acepciones arriba mencionadas se encuadran dentro de esa sensación? Pareciera que no a simple vista, y si alguna vez te has montado en un auto en horas pico en cualquier rincón de la gran ciudad.

Vayamos desmenuzando una por una las acepciones que nos da el diccionario, a saber:

1. En ningún momento se lleva el auto con agrado y sin dificultad o molestia cuando la prioridad es intentar llegar a destino sin que te choquen o se te rompa el auto.

2. Que grado de bienestar y descanso podemos tener arriba del auto si estamos todo el tiempo, pendientes del tránsito y sus vicisitudes.

3. No hay un estado de relajación posible mientras intentamos circular con un vehículo de más de 1000 kilos entre otros automovilistas que intentan hacer lo mismo que uno, pasar por el mismo lugar que nosotros y al mismo tiempo.

4. Esta acepción puede estar más acorde con lo que el auto representa, la “comodidad” que te da no mover el cuerpo, pero contrariamente a lo que muchos/as suponen, eso no es comodidad, sino sedentarismo. Es decir, una acepción que se aleja bastante de la realidad, porque no moverse genera problemas de salud, no comodidad.

Hoy las ciudades están saturadas de autos, transpiran autos por todos lados, los encontramos en la calzada, en la vereda, en las sendas peatonales, en las ochavas, sobre las ciclovías, porque parece que es mucho más cómodo pisotear los derechos de otros que darse cuenta del deterioro que causan al ecosistema urbano.

¿Cuál es la razón por la cual seguimos pensando que moverse en auto es una “comodidad”, cuando en realidad la calle nos muestra otra cara? ¿Será que estamos muy mal acostumbrados a que nos martillen la cabeza con mensajes espurios sobre la libertad e independencia que nos ofrece el auto?

Quizás sea el momento justo para replantearnos seriamente de qué manera movernos, y entender que eficiencia, libertad e independencia es justamente no tener que depender del auto para movernos y que deje de ser una opción “cómoda”.

En síntesis, si todavía crees que el auto es un modo de transporte cómodo para moverte en la ciudad, vas a tener que bajarte de el e intentar moverte de otra forma para experimentar lo que es la libertad e independencia en movilidad urbana.

Dicho esto, me retiro elegantemente a seguir fomentando el uso de modos de transporte más sustentables y realmente cómodos.

¿Qué es una ciudad ciclista?

¿Qué es una ciudad ciclista?

Cuando escuchamos hablar de “ciudades ciclistas” pensamos casi automáticamente en Ámsterdam y Copenhague, y en alguna otra ciudad de Europa, y quienes andamos en bicicleta quisiéramos estar siempre ahí, porque vemos lo que hay, como se mueve la gente, como han progresado en infraestructura y principalmente como han logrado un cambio cultural envidiable, donde la gente puso atención en formas más amigables de movilidad y gobiernos que entendieron el reclamo de la gente hace más de 40 años.

Mi experiencia arriba de la bicicleta no es mucha por cierto, pero en estos años que he decidido moverme en bici, he visto lo que se ha hecho en el mundo, he aprendido sobre infraestructura, he debatido sobre si hay que hacer ciclovías o no, sobre intermodalidad, sobre seguridad vial, he conocido gente con experiencia que me ha mostrado un lado de la movilidad que era desconocido para mí, y en ese fructífero camino he pensado muchas veces en todo lo que ha hecho mi ciudad al respecto, todo lo que aún se puede hacer para mejorar lo que se hizo y también hacer cosas nuevas.

Una ciudad ciclista no es solamente una ciudad donde se ande en bicicleta, es mucho más que eso, es una ciudad que valora la movilidad activa por sobre otros modos de transporte y que suma eficiencia y seguridad en espacios reducidos, de alta densidad poblacional y donde el hacinamiento, el ruido y la inseguridad vial se adueñaron del espacio, escaso en muchos aspectos, y que se debe principalmente a que las ciudades fueron siendo devoradas por una cultura vial centrada en el automóvil, y que nunca puso en valor la importancia que tiene moverse a escala humana.

Una ciudad ciclista no es una ciudad que solo tenga ciclovías (en muchos casos de dudosa calidad) que acompañen un discurso colorido, es pensar desde el sillín de una bicicleta como hacer que la gente se mueva mejor, y para eso es necesario acompañar el cambio, no solo con ciclovías, sino también con políticas públicas que valoren la movilidad desde lo humano y que eso nos haga cambiar culturalmente de forma progresiva.

Una ciudad ciclista es aquella que construye para que vengan y no al revés, pero tengamos cuidado con eso, porque no se trata solo de construir, sino de generar espacios seguros, que valoren la vida en comunidad, que permitan preservar la calidad del aire, que andar en bicicleta o caminar no sean un problema, que podamos salir a la calle sin preocuparnos por cómo protegernos, sino pensando en disfrutar del viaje.

Una ciudad ciclista es una ciudad donde su cultura da vueltas alrededor a una movilidad que sea limpia, eficiente, segura, amigable y donde la gente deje de pensar masivamente en el auto particular como una opción para moverse. Si logramos dejar de pensar en eso estaremos construyendo, casi sin darnos cuenta, una ciudad que nos permita andar en bici o caminar sin necesidad de creer que estamos perdiendo el tiempo arriesgando nuestro pellejo en un tránsito convulsionado y violento, donde normalmente reinan la intolerancia y la prepotencia.

Una ciudad ciclista es una ciudad donde me sentiría más cómodo, más seguro, más sano, más amigo de la gente y por sobre todas las cosas más humano.

No somos Ámsterdam suele decir mucha gente, y es verdad, pero también es verdad que Ámsterdam tampoco lo fue, y hoy si lo es, en base al esfuerzo de una sociedad que quiso cambiar, gobiernos que entendieron de que se trataba todo eso y de un compromiso con ese cambio, sin banderas más que las de buscar mejorar la calidad de vida, porque de eso se trata vivir mejor.

Lleva tiempo, pero imposible es lo que no se hace.

La bicicleta, mucho más que un modo de transporte

La bicicleta, mucho más que un modo de transporte

Se habla siempre de la bicicleta como un modo de transporte y recreación, y eso es muy cierto, pero algo que mucha gente no sabe es que la bicicleta también es una poderosa herramienta de transformación y pacificación social, y aunque veamos gente que anda como loca en bicicleta, no podemos dejar de lado una realidad de la que no somos ajenos ni podemos ignorar, la bicicleta sigue siendo más segura que cualquier otro modo de transporte.

Hagamos un ejercicio, por favor situémonos en cualquier esquina de la ciudad y podremos observar rápida y fácilmente que lo que digo, no es solo el capricho de un loquito apasionado por la bicicleta, es mucho más que eso, es reconocer en la bicicleta una forma de vida, una manera de ver la movilidad de forma más amigable, inclusiva y limpia.

Usar la bicicleta debe ser tomado como un acto de rebeldía frente a la intolerancia, la prepotencia y la falta de empatía que generan el uso de modos de transporte más agresivos, como lo es el automóvil. Una rebeldía bien entendida, donde lo rebelde pasa por querer romper con el paradigma de que el uso del automóvil es sinónimo de libertad, progreso e independencia.

No quiero ver gente en bicicleta que crea que puede pisar los derechos de otras personas, quiero ver gente en bicicleta que entienda el enorme peso que tiene su incidencia en la sociedad moderna y violenta que padecemos, donde quien usa el auto parece querer demostrar su supremacía por sobre el más vulnerable. Sin embargo, debemos recordar que aún, circulando en bicicleta, sigue habiendo siempre alguien más vulnerable, y es la persona que camina.

¿Por qué tenemos que circular con la bici creyéndonos ser inmunes a lo que nos rodea y llevarnos por delante los derechos de quienes deben ser nuestros aliados? ¿Por qué pensamos que en la bicicleta podemos ir más rápido, en lugar de pensar que podemos ir mas tranquilos? ¿Por qué no paramos en una esquina y dejamos que el peatón cruce primero? ¿Por qué no usamos la bicicleta como una útil herramienta en lugar de usarla como un campo de defensa en combate?

No nos olvidemos que esto no es una guerra por el espacio público, aunque algunas personas lo tomen equivocadamente de esa manera, sino una lucha pacífica por conseguir mejorar la convivencia vial y consecuentemente nuestra calidad de vida.

La bicicleta debe ser nuestra amiga y compañera en ese transitar por una ciudad que intenta de muchas maneras devorarnos y arrinconarnos, para que solo circulemos a la defensiva y en ese acto de defensa llevarnos por delante todo lo que se ponga delante nuestro, incluso automovilistas.

No se trata de buscar culpables, se trata principalmente de intentar hacer bien las cosas desde el lugar que nos toque, y la bicicleta sinceramente nos da esa posibilidad de hacer las cosas de diferente manera, pero sin violencia, sin prepotencia, con respeto y empatía y no creyendo que, porque los/as automovilistas nos agreden, nosotros podemos hacer lo mismo con quienes son más vulnerables. No pasa por ahí ni cerca, no pasa por ahí.

Tenemos que actuar con inteligencia, medir las consecuencias de nuestros actos, pensar en el otro, evaluar por donde podemos ir y por donde no hacerlo, hacer que las cosas sucedan de manera más natural, y no generando el choque permanente que nos desgaste, buscar siempre alternativas que nos mejoren el viaje.

Yo he intentado muchas cosas para que mis salidas en bicicleta sean cada vez mejor, y me he involucrado activamente en todo lo que se relaciona con el ciclismo urbano de mi ciudad. No se si lo he hecho bien, me he equivocado muchas veces, y los que me conocen lo juzgarán mejor, pero he aprendido y entendido que andar en bicicleta no me transforma en un ser superior, y de algo estoy muy seguro, seguiré el camino que elegí con la bici y tratando siempre de ser mejor persona, porque no quiero estar del lado oscuro.

En la adultez tenemos mucho por aprender, porque es un constante proceso de crecimiento y desarrollo que termina cuando morimos, pero nuestra mayor responsabilidad como adultos es dejarles el camino allanado a las infancias, porque la base de todo está ahí, y la construcción siempre se hace desde la base.

La bicicleta me ilumina y quiero ver que más gente sienta esa sensación hermosa que genera poner un pie sobre los pedales.

De esto también debemos hablar

De esto también debemos hablar

Les voy a contar brevemente una triste historia que nos tiene que movilizar como sociedad y ponernos a reflexionar sobre nuestra conducta para con los demás.

Ayer me enteré, que la mamá de una amiga de mi hermana, de toda la vida, fue atropellada el pasado sábado por un/a ciclista, lo que le provocó un coma profundo con una posible muerte cerebral (aún no confirmada), producto de la caída sobre el pavimento. Si, tristísimo, pero así de cruda es la realidad que nos golpea y que no debemos ignorar.

Escuché muchas veces, y lo repito como un loro (me hago cargo de eso porque me apoyan las estadísticas globales), que quienes andan en bicicleta no matan, solo quienes andan en auto lo hacen; hasta que pasan estas cosas, y es ahí donde se nos abre un abanico de preguntas que debemos respondernos.

La primera pregunta es ¿por qué? Y me cuesta a mi responder un poco eso, porque voy transitando cada día promoviendo el uso de la bicicleta como modo de transporte seguro, pero a la vez debo situarme del lado de las personas, que usando el vehículo que usen, siguen siendo personas, con sus problemas, sus perfiles psicológicos, sus conductas, sus idiosincrasias y también sus miserias, porque tenemos que aceptar que también hay gente desaprensiva que anda en bicicleta. Gente que actúa siempre de la misma manera, sin importar la forma en la que se mueva. Irresponsables, irrespetuosas y con un alto grado de desprecio por la vida y los derechos del otro.

No voy a caer en la clásica de pedir que quienes anden en bicicleta deban tener licencia, pagar patente y esas cosas, porque habiendo pasado lo que lamentablemente pasó, sigo sosteniendo que debemos darle más lugar a la movilidad activa con todos los beneficios que genera, que son muchos frente a lo que podemos suponer como un riesgo.

Esto que ocurrió, y que me entristece enormemente, nos tiene que hacer reflexionar, por favor les pido que multipliquen el mensaje, háganlo llegar a todos los rincones, quizás le llegue a quienes todavía siguen andando en bicicleta creyendo que pueden hacerlo por encima de los derechos de cualquier otra persona. Nos tenemos que meter un poco hacia adentro y mirarnos el corazón, replantearnos qué estamos haciendo mal y proponernos modificar lo negativo en positivo. No hay otro camino más que el del respeto, la empatía y el aprecio por la vida.

La bicicleta no solo es un modo de transporte, también debe ser un disparador de buenas conductas, que motiven a otras personas a usarla y que la calle se llene de alegría y no de ciclistas enloquecidos.

Esto no pretende ser un alegato, pero la historia ya está contada, y solo les ruego que multipliquen mis palabras, y que vuelen por el aire, para que podamos transitar un profundo proceso de reflexión que nos convierta progresivamente en una sociedad más respetuosa, tolerante, comprensiva, amistosa, empática y por sobre todas las cosas, más humana.

Si esto volviera a pasar, volveré a ser el portavoz de quienes queremos una sociedad que entienda realmente cual es el valor incalculable de la vida, porque alguien debe decirlo, y porque de esto también debemos hablar.

Por Temis y para que no vuelva a pasar.

Yo ando en bicicleta

Yo ando en bicicleta

Si me preguntan como me muevo por la ciudad, les digo que me muevo en bicicleta, y eso automáticamente dispara otras varias preguntas que se relacionan directamente con la comodidad y la seguridad.

Andar en bicicleta no es difícil, y todas las personas pueden hacerlo. Andar en bicicleta es inclusivo, ya que no distingue ni edad, ni origen racial, ni género ni condición social alguna, ni siquiera las capacidades físicas de una persona impiden que pueda andar en bicicleta, porque sabemos que hay bicicletas adaptadas para casi cualquier tipo de dificultades físicas, incluso gente no vidente podría andar en bicicleta con el acompañamiento adecuado.

Yo adopté la bicicleta desde hace ya algunos años como mi modo de transporte diario para ir a trabajar (“commuting” es su traducción al idioma inglés) y es algo de lo que no me arrepiento en absoluto e intento transmitirlo toda vez que puedo.

Al principio fue algo complicado arrancar porque había circunstancias climáticas y de infraestructura que me hacían dudar sobre las posibilidades de moverme en bicicleta por una ciudad complicada, pero con el paso del tiempo, mi voluntad, y con unas ganas enormes de querer hacer algo diferente por mi ciudad, es que fui encontrando la forma de ir resolviendo esos enigmas y “complicaciones” a la hora de subirme a la bicicleta. Encontré mi ritmo, la ropa adecuada para cada necesidad y los lugares por donde circular dependiendo del día y la hora. Todo eso me permitió conocer más y mejor la ciudad y sus rincones.

Y así fue que con cada día me fui dando cuenta que el agua era solo eso, que no cae acido del cielo, que no somos de azúcar, que si hace frio me abrigo y si hace calor voy fresco, que la calle es la misma para todos y que tenía la libertad de ir por donde me llevaran mis dos ruedas, siempre haciéndolo con respeto y empatía, porque entendí que esa era la única manera de usar la bicicleta y promover su uso, más allá de todo lo que ella nos ofrece desde su nobleza, su simpleza y su inmensa capacidad para brindarnos felicidad.

La bicicleta me ofreció un sinnúmero de posibilidades para conocer gente, para ver la ciudad con otros ojos, para sentir que podía moverme con comodidad, sin pérdidas de tiempo, ahorrando dinero, y permitiendo que mi cuerpo entendiera las bondades del ejercicio físico, que no es poco a la hora de hablar de la bicicleta como un incentivo para mejorar nuestra salud y llevar nuestro cuerpo y nuestra mente a otro nivel.

Para andar en bicicleta no se requiere de habilidades extremas, ni de mucho dinero, ni de grandes obras de infraestructura, sino de tener ganas de movernos de forma eficiente, económica, liviana, limpia y segura.

Todos podemos andar en bicicleta, aunque creamos que hay algo que nos pueda doblegar, lo importante es conseguir que la mente acompañe esas ganas de querer subirnos a la bici y empezar a transitar el cambio, porque creo que tenemos en la bicicleta una herramienta que nos da el poder suficiente para lograr que la ciudad sea un lugar que podamos disfrutar, solo o en familia, con amigos, para ir a trabajar o a estudiar, o hacer compras, o simplemente pasear.

Ahí nos encontraremos, andando en bici, porque el espacio ya existe, solo hay que hacerlo nuestro.

No es lo mismo

No es lo mismo

En nuestras vidas pasamos el tiempo comparando todo, e intentando poner todo al mismo nivel, pero en realidad no todo es lo mismo ni todo debe valorarse de la misma manera; particularmente cuando hablamos de movilidad, porque está claro que las diferencias entre los distintos modos de transporte son enormes, y aunque en algunos pasajes de la ley de tránsito que regula la circulación de los diferentes modos se intenta tibiamente marcar las diferencias, en la práctica eso no sucede y nos enfrentamos cada día con situaciones que nos ponen en riesgo solo porque naturalmente creemos que todo es lo mismo, pero debemos entender que las normas fueron hechas mayormente desde una sola perspectiva y no como una ley que proteja al más vulnerable.

Escucho normalmente decir que todos debemos respetar las normas, y eso esta muy bien, así debe ser, y no me canso de promoverlo, pero ¿está bien respetar una norma que puede ponerme en peligro? Hay que entender que las cosas suceden muchas veces porque no se respetan las reglas, pero también porque al respetarlas quedamos atrapados en un hoyo que nos puede dañar, y es ahí donde debemos detenernos a pensar si decir que todos debemos respetar las reglas es realmente lo que necesitamos, o si en verdad lo que debemos hacer es cambiar esas reglas, para que de una vez y para siempre la norma ponga la pirámide en la posición correcta, o acaso tendremos que pedirle a los peatones que usen casco y chaleco reflectante.

Para que eso suceda debemos empujar a nuestros gobiernos a asumir el compromiso que les cabe para mejorar la forma en la que nos movemos, y eso se logra no solo con leyes que tengan una perspectiva más inclusiva, sino también desde la infraestructura vial, que canalice la movilidad a través de calles más seguras que prioricen a las personas por sobre cualquier otra forma de movilidad y transporte.

Queremos calles donde caminar y andar en bicicleta sea seguro. Si logramos eso habremos dado un paso importante para acomodar el resto, y si a eso le sumamos reglas de circulación que acompañen a la infraestructura vial, entonces habremos avanzado hacia la construcción de una ciudad donde los valores queden correctamente establecidos y donde podamos hablar de equidad y no de igualdad.

Nada es perfecto, pero todo es perfectible si hay voluntad, coraje y compromiso para hacerlo, y recuerden que cuando hablamos de movilidad y seguridad vial, no es lo mismo igualdad que equidad.

Día Mundial Sin Auto

Día Mundial Sin Auto

Hoy se me ocurrió escribir algunas líneas sobre lo que significa celebrar el Dia Mundial Sin Auto, y es que no se trata de prohibirle a la gente que lo use, sino a transmitir un mensaje relacionado con el uso eficiente de modos diferentes de movilidad y transporte que contribuyan a mejorar las condiciones medio ambientales y de seguridad vial en las que vivimos expuestos diariamente.

Es recordarle a la gente que hay otra manera de moverse, que no estamos obligados a movernos en auto, que podemos buscar alternativas que ya existen y que nos pueden resolver diferentes circunstancias de la vida cotidiana.

Usar el auto de forma indiscriminada solo porque lo tenemos insertado en nuestra cultura es de un nivel de mediocridad tal que excede cualquier análisis, porque somos mucho más inteligentes que eso, y tenemos la posibilidad de demostrarlo.

La experiencia es algo que va creciendo con nosotros y que nos forma el carácter. Si no experimentamos nos quedamos estancados en nuestra zona de confort y la vivencia se torna estática, aburrida, inexpresiva, sombría y abrumadora, lo que nos lleva irremediablemente a seguir inmersos en un camino que nos devuelve siempre al mismo lugar.

Celebrar el Día Mundial Sin Auto es decirle a la gente que, a fuerza de voluntad, intente dar ese paso y sacarse de la cabeza esa cultura auto-céntrica al menos por un día, y vivir una experiencia diferente y a la vez enriquecedora. No pierdas mas el tiempo dando vueltas, la movilidad sustentable no es una moda, es un camino en línea recta hacia el futuro de la movilidad urbana, y no es el capricho de un loquito que anda en bicicleta, sino una necesidad de nuestras ciudades para mejorar nuestra calidad de vida.

Rosario, La Meca ciclista de Argentina

Rosario, La Meca ciclista de Argentina

10mo Foro Mundial de la Bicicleta

Se acerca la apertura del 10mo. Foro Mundial de la Bicicleta en la ciudad de Rosario (Argentina), pero no voy a hablar sobre la historia de los Foros ni voy a hacer una retrospectiva, solo voy a hablar de la importancia que tiene instalar a la bicicleta en las agendas gubernamentales, no solo de Argentina sino también del mundo, como herramienta social y piedra fundamental en el desarrollo socio-cultural de nuestras comunidades.

La bicicleta se sabe, es un modo de transporte eficiente, limpio, saludable y seguro, pero también puede formar parte de nuestra cultura diaria, y que mejor que hablar de ella, de todo lo que puede aportar al desarrollo de nuevas generaciones para mejorar nuestra calidad de vida.

El Foro Mundial de la Bicicleta es un evento que intenta visibilizar el trabajo participativo y autogestivo de la sociedad civil, utilizando a la bicicleta como impulsora de un cambio socio-cultural que nos debemos desde siempre, y que nunca terminamos de redondear, ya sea por falta de acompañamiento de la sociedad o falta de gestión gubernamental.

En lo personal creo que hay razones suficientes y necesarias para creer que fomentando fuertemente la movilidad activa, lograremos vivir significativamente mejor, pero eso solo se consigue si se trabaja de forma coordinada con los gobiernos, porque no hay otra forma de gestionar el cambio de paradigma si no nos sentamos en la misma mesa de trabajo.

El Foro trata de socializar, mover, proteger, enseñar y principalmente crear conciencia sobre la importancia que tiene movernos de forma saludable y segura, y es por eso que este año se plantean 5 ejes temáticos alrededor de todos los temas que se tratarán en este evento, y que abarcan un amplio abanico de posibilidades que nos da el uso de la bicicleta:

Eje 1 Cultura en Movimiento, porque la bici es arte, recreación, deporte, cultura y todo aquello que nos llena el alma.

Eje 2 Conocimiento en Movimiento, porque la bici nos enseña que podemos ser mas respetuosos, que podemos ejercer la empatía de mil formas diferentes y que incorporada a la enseñanza básica y universal nos fortalece como ciudadanos/as.  

Eje 3 Masas en Movimiento, porque en bici todos podemos movernos y eso genera un sano contagio y una integración cultural sin límites.

Eje 4 Ciudades en Movimiento, porque la bici y la ciudad deben estar en sintonía, sentir que las calles nos pertenecen y que esa sensación de pertenencia nos permita modificar el entorno para mejorar nuestra calidad de vida.

Eje 5 Acción Climática, porque la bici no genera gases de efecto invernadero, y nos permite respirar un aire más limpio, lo que redunda en una mejora significativa en la salud pública y nos ayuda en la lucha contra el deterioro ambiental de nuestro planeta.

Como pueden ver, la bicicleta es claramente mucho más que un cuadro de metal con dos ruedas, con ella podemos modificar nuestra conducta a través de nuestra forma de movernos, lo que nos ayudará consecuentemente a vivir mejor y en armonía.

Andar en bicicleta es mucho más que pedalear, es entender que hay una mejor forma de movernos, que podemos ser mejores personas por el solo hecho de usar un modo de transporte que conecta, relaciona, interactúa y sostiene un estilo de vida descontracturado y fuera del statu quo establecido por más de cien años de reinado de la industria automotriz que sistemáticamente fue castigando nuestras ciudades, y que casi acompañamos inconscientemente, inmersos en viejos conceptos y lemas de desarrollo y progreso que solo nos ha llevado a un mundo que parece no tener rumbo, y que muchos queremos cambiarlo.

El Foro Mundial de la Bicicleta se realiza este año en la ciudad de Rosario (Argentina), desde el 15 al 19 de septiembre. Una ciudad que ha demostrado con los años ser un ejemplo de activismo ciclista y que nos ha mostrado por donde debemos ir. Hacia allá vamos, hacia un mundo donde andar en bicicleta o caminar sean actos seguros y conscientes de lo que dejamos para las futuras generaciones y por un mundo mejor.

Para saber más acerca del Foro podes consultar su página web, sus redes sociales o su canal de Telegram.

Website https://fmb10.org/

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Mi ciudad: ¿un lugar amigable y seguro?

Mi ciudad: ¿un lugar amigable y seguro?

Desde hace más de un siglo que las ciudades vienen siendo concebidas primordialmente para la circulación de vehículos motorizados, desplazando hacia un oscuro rincón a la movilidad activa. Este cambio ha generado con el paso del tiempo una infinidad de inconvenientes, principalmente el profundo deterioro de nuestra calidad de vida.

El espacio del que antes disponían las personas, hoy ya no está, porque le fue cedido progresivamente a la pujante industria automotriz; hay avenidas, más calles, más avenidas más anchas, autopistas urbanas, más autopistas y más anchas, centros de compras, grandes y más grandes, con enormes playones para el estacionamiento de autos, y muchas cosas más que han movido de lugar a las personas.

Ese enorme espacio que se le dio a la movilidad insalubre y que en algún momento se entendió como “progreso”, debe ser recuperado, porque hoy es un lugar inseguro tanto para caminar como para andar en bicicleta.

Si queremos ciudades amigables debemos trabajar para que la movilidad sea eficiente, segura y saludable y consecuentemente seguir fomentando la caminata, andar en bicicleta y que el transporte público sea cómodo y ágil, pero para lograr eso tenemos que seguir reclamando ese espacio, hacerlo propio, legitimar nuestro derecho a circular por un espacio que nos fue arrebatado por el poder de una industria que supo mercantilizar un modo de transporte que hoy estaría envejeciendo a causa de su fracaso.

Hoy ya no es posible salir a caminar sin estar pensando en los riesgos que implica ese simple acto, y no porque sea inseguro caminar, sino por el riesgo al que estamos expuestos debido al diseño de nuestra ciudad que privilegia una movilidad obsoleta e ineficiente.

Cuando decimos que las calles deben estar abiertas, lo decimos desde la necesidad de devolverle ese espacio a las personas, porque hoy esas calles se consideran cerradas, vedadas, prohibitivas y sin posibilidades de ser disfrutadas.

El mundo hoy esta viviendo un cambio paradigmático en materia de movilidad a raíz de la pandemia que nos azota, y en ese contexto tenemos la obligación de buscar herramientas que nos permitan aprovechar los espacios y brindarle a la gente un lugar donde se sienta cómoda, donde caminar o andar en bicicleta no represente un desafío, sino un disfrute, donde la calle sea un lugar de encuentro y esparcimiento y donde podamos movernos libremente para desarrollar nuestras tareas cotidianas de forma segura.

Las ciudades son de las personas y deben ser construidas para las personas, si no lo son, debemos reconstruirlas. Por la refundación de nuestras ciudades, por la recuperación de espacios desaprovechados, por la integración de la ciudadanía en lugares donde reine la equidad, el respeto y la empatía. Quienes hoy tienen la responsabilidad de gobernar nuestras ciudades deben tener el coraje, la voluntad política y el compromiso suficiente y necesario para diseñar y planificar el espacio en función de las personas y no de los autos, porque está demostrado que no se puede tener un lugar seguro, limpio y saludable si seguimos pensando espacios para quienes van en auto.