Día Mundial Sin Auto

Día Mundial Sin Auto

Hoy se me ocurrió escribir algunas líneas sobre lo que significa celebrar el Dia Mundial Sin Auto, y es que no se trata de prohibirle a la gente que lo use, sino a transmitir un mensaje relacionado con el uso eficiente de modos diferentes de movilidad y transporte que contribuyan a mejorar las condiciones medio ambientales y de seguridad vial en las que vivimos expuestos diariamente.

Es recordarle a la gente que hay otra manera de moverse, que no estamos obligados a movernos en auto, que podemos buscar alternativas que ya existen y que nos pueden resolver diferentes circunstancias de la vida cotidiana.

Usar el auto de forma indiscriminada solo porque lo tenemos insertado en nuestra cultura es de un nivel de mediocridad tal que excede cualquier análisis, porque somos mucho más inteligentes que eso, y tenemos la posibilidad de demostrarlo.

La experiencia es algo que va creciendo con nosotros y que nos forma el carácter. Si no experimentamos nos quedamos estancados en nuestra zona de confort y la vivencia se torna estática, aburrida, inexpresiva, sombría y abrumadora, lo que nos lleva irremediablemente a seguir inmersos en un camino que nos devuelve siempre al mismo lugar.

Celebrar el Día Mundial Sin Auto es decirle a la gente que, a fuerza de voluntad, intente dar ese paso y sacarse de la cabeza esa cultura auto-céntrica al menos por un día, y vivir una experiencia diferente y a la vez enriquecedora. No pierdas mas el tiempo dando vueltas, la movilidad sustentable no es una moda, es un camino en línea recta hacia el futuro de la movilidad urbana, y no es el capricho de un loquito que anda en bicicleta, sino una necesidad de nuestras ciudades para mejorar nuestra calidad de vida.

Rosario, La Meca ciclista de Argentina

Rosario, La Meca ciclista de Argentina

10mo Foro Mundial de la Bicicleta

Se acerca la apertura del 10mo. Foro Mundial de la Bicicleta en la ciudad de Rosario (Argentina), pero no voy a hablar sobre la historia de los Foros ni voy a hacer una retrospectiva, solo voy a hablar de la importancia que tiene instalar a la bicicleta en las agendas gubernamentales, no solo de Argentina sino también del mundo, como herramienta social y piedra fundamental en el desarrollo socio-cultural de nuestras comunidades.

La bicicleta se sabe, es un modo de transporte eficiente, limpio, saludable y seguro, pero también puede formar parte de nuestra cultura diaria, y que mejor que hablar de ella, de todo lo que puede aportar al desarrollo de nuevas generaciones para mejorar nuestra calidad de vida.

El Foro Mundial de la Bicicleta es un evento que intenta visibilizar el trabajo participativo y autogestivo de la sociedad civil, utilizando a la bicicleta como impulsora de un cambio socio-cultural que nos debemos desde siempre, y que nunca terminamos de redondear, ya sea por falta de acompañamiento de la sociedad o falta de gestión gubernamental.

En lo personal creo que hay razones suficientes y necesarias para creer que fomentando fuertemente la movilidad activa, lograremos vivir significativamente mejor, pero eso solo se consigue si se trabaja de forma coordinada con los gobiernos, porque no hay otra forma de gestionar el cambio de paradigma si no nos sentamos en la misma mesa de trabajo.

El Foro trata de socializar, mover, proteger, enseñar y principalmente crear conciencia sobre la importancia que tiene movernos de forma saludable y segura, y es por eso que este año se plantean 5 ejes temáticos alrededor de todos los temas que se tratarán en este evento, y que abarcan un amplio abanico de posibilidades que nos da el uso de la bicicleta:

Eje 1 Cultura en Movimiento, porque la bici es arte, recreación, deporte, cultura y todo aquello que nos llena el alma.

Eje 2 Conocimiento en Movimiento, porque la bici nos enseña que podemos ser mas respetuosos, que podemos ejercer la empatía de mil formas diferentes y que incorporada a la enseñanza básica y universal nos fortalece como ciudadanos/as.  

Eje 3 Masas en Movimiento, porque en bici todos podemos movernos y eso genera un sano contagio y una integración cultural sin límites.

Eje 4 Ciudades en Movimiento, porque la bici y la ciudad deben estar en sintonía, sentir que las calles nos pertenecen y que esa sensación de pertenencia nos permita modificar el entorno para mejorar nuestra calidad de vida.

Eje 5 Acción Climática, porque la bici no genera gases de efecto invernadero, y nos permite respirar un aire más limpio, lo que redunda en una mejora significativa en la salud pública y nos ayuda en la lucha contra el deterioro ambiental de nuestro planeta.

Como pueden ver, la bicicleta es claramente mucho más que un cuadro de metal con dos ruedas, con ella podemos modificar nuestra conducta a través de nuestra forma de movernos, lo que nos ayudará consecuentemente a vivir mejor y en armonía.

Andar en bicicleta es mucho más que pedalear, es entender que hay una mejor forma de movernos, que podemos ser mejores personas por el solo hecho de usar un modo de transporte que conecta, relaciona, interactúa y sostiene un estilo de vida descontracturado y fuera del statu quo establecido por más de cien años de reinado de la industria automotriz que sistemáticamente fue castigando nuestras ciudades, y que casi acompañamos inconscientemente, inmersos en viejos conceptos y lemas de desarrollo y progreso que solo nos ha llevado a un mundo que parece no tener rumbo, y que muchos queremos cambiarlo.

El Foro Mundial de la Bicicleta se realiza este año en la ciudad de Rosario (Argentina), desde el 15 al 19 de septiembre. Una ciudad que ha demostrado con los años ser un ejemplo de activismo ciclista y que nos ha mostrado por donde debemos ir. Hacia allá vamos, hacia un mundo donde andar en bicicleta o caminar sean actos seguros y conscientes de lo que dejamos para las futuras generaciones y por un mundo mejor.

Para saber más acerca del Foro podes consultar su página web, sus redes sociales o su canal de Telegram.

Website https://fmb10.org/

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Mi ciudad: ¿un lugar amigable y seguro?

Mi ciudad: ¿un lugar amigable y seguro?

Desde hace más de un siglo que las ciudades vienen siendo concebidas primordialmente para la circulación de vehículos motorizados, desplazando hacia un oscuro rincón a la movilidad activa. Este cambio ha generado con el paso del tiempo una infinidad de inconvenientes, principalmente el profundo deterioro de nuestra calidad de vida.

El espacio del que antes disponían las personas, hoy ya no está, porque le fue cedido progresivamente a la pujante industria automotriz; hay avenidas, más calles, más avenidas más anchas, autopistas urbanas, más autopistas y más anchas, centros de compras, grandes y más grandes, con enormes playones para el estacionamiento de autos, y muchas cosas más que han movido de lugar a las personas.

Ese enorme espacio que se le dio a la movilidad insalubre y que en algún momento se entendió como “progreso”, debe ser recuperado, porque hoy es un lugar inseguro tanto para caminar como para andar en bicicleta.

Si queremos ciudades amigables debemos trabajar para que la movilidad sea eficiente, segura y saludable y consecuentemente seguir fomentando la caminata, andar en bicicleta y que el transporte público sea cómodo y ágil, pero para lograr eso tenemos que seguir reclamando ese espacio, hacerlo propio, legitimar nuestro derecho a circular por un espacio que nos fue arrebatado por el poder de una industria que supo mercantilizar un modo de transporte que hoy estaría envejeciendo a causa de su fracaso.

Hoy ya no es posible salir a caminar sin estar pensando en los riesgos que implica ese simple acto, y no porque sea inseguro caminar, sino por el riesgo al que estamos expuestos debido al diseño de nuestra ciudad que privilegia una movilidad obsoleta e ineficiente.

Cuando decimos que las calles deben estar abiertas, lo decimos desde la necesidad de devolverle ese espacio a las personas, porque hoy esas calles se consideran cerradas, vedadas, prohibitivas y sin posibilidades de ser disfrutadas.

El mundo hoy esta viviendo un cambio paradigmático en materia de movilidad a raíz de la pandemia que nos azota, y en ese contexto tenemos la obligación de buscar herramientas que nos permitan aprovechar los espacios y brindarle a la gente un lugar donde se sienta cómoda, donde caminar o andar en bicicleta no represente un desafío, sino un disfrute, donde la calle sea un lugar de encuentro y esparcimiento y donde podamos movernos libremente para desarrollar nuestras tareas cotidianas de forma segura.

Las ciudades son de las personas y deben ser construidas para las personas, si no lo son, debemos reconstruirlas. Por la refundación de nuestras ciudades, por la recuperación de espacios desaprovechados, por la integración de la ciudadanía en lugares donde reine la equidad, el respeto y la empatía. Quienes hoy tienen la responsabilidad de gobernar nuestras ciudades deben tener el coraje, la voluntad política y el compromiso suficiente y necesario para diseñar y planificar el espacio en función de las personas y no de los autos, porque está demostrado que no se puede tener un lugar seguro, limpio y saludable si seguimos pensando espacios para quienes van en auto.

¿Protegernos o sentirnos protegidos?

¿Protegernos o sentirnos protegidos?

La inseguridad vial en las calles de mi ciudad, como en tantas otras ciudades del mundo, y particularmente en aquellas con una alta densidad poblacional, se hace manifiesta mucho más cuando la infraestructura vial responde a la demanda que genera el uso del automóvil particular para moverse.

Ahora bien, se habla mucho del uso del casco para andar en bicicleta, y que eso pareciera ser fundamental para “mejorar” la seguridad vial, o se escucha al pasar que podría “salvarte” la vida ¿ante el atropellamiento con un vehículo que circule a alta velocidad?, y ni hablar de un vehículo pesado que, aunque vaya lento, probablemente te mate.

El punto es que el uso del casco puede ser relevante en ciudades donde transitar sea riesgoso a causa de una infraestructura deficiente o por ausencia de ella, y que nos permita percibir cierta seguridad, y ese es mi caso. Yo uso casco porque todavía considero que mucho de lo que hoy tenemos en mi ciudad sigue siendo inseguro, pero entonces pienso y me pregunto: ¿Por qué debería seguir usando un casco para moverme en bicicleta por la ciudad, sentirme “protegido” y seguir fomentando de alguna manera la violencia vial, en lugar de empezar a promover un cambio profundo en la infraestructura vial y en las leyes que reglamentan la circulación vehicular, que me permita salir de casa sin pensar que debo llevar un casco para protegerme?

¿Protegerme de qué o de quién? Esa es la pregunta que nos tenemos que hacer a la hora de hablar sobre el uso obligatorio del casco para andar en bicicleta, y paradójicamente en la respuesta a nuestra pregunta encontraremos la solución, para no tener que seguir debatiendo sobre la obligatoriedad del casco para andar en bicicleta.

En este contexto es que trato de diferenciar lo seguro de lo potencialmente inseguro (a veces lo logro y otras no) y hacer hincapié en la importancia que tiene mitigar el daño desde la eliminación o reducción de lo que genera el daño, en lugar de decirle a la gente que se proteja de lo que daña.

¿Protegernos para qué? es la otra pregunta. Para salvar nuestra vida, dicen, y en parte puede que tengan razón, pero los números estadísticos nos muestran otra cosa, porque hay más probabilidades de que nos mate por atropellamiento un/a automovilista a que nos ocurra lo mismo por una caída violenta de la bicicleta. Con esto no quiero minimizar la posibilidad cierta de caernos de la bicicleta, porque yo mismo me he caído y aquí estoy, pero quiero separar de alguna manera cuales son las circunstancias que te pueden llevar a una caída, y una de ellas es la ausencia o deficiencia de infraestructura vial segura. Y vuelvo a hacer la misma pregunta: ¿Obligamos a usar el casco o hacemos infraestructura de calidad?

El casco es un elemento de protección personal y no hay que ignorarlo, pero es mejor pensar en no tener que usarlo si sabemos que hay una infraestructura capaz de proveernos un lugar seguro para movernos, y no seguir insistiendo en usarlo para seguir pedaleando en calles inseguras que permiten que quienes hacen daño sigan su derrotero violento, total nosotros usamos casco. Reflexionemos.

Las ciclovías porteñas: el basurero de la ciudad

Las ciclovías porteñas: el basurero de la ciudad

La ciudad de Buenos Aires ha visto crecer su red de ciclovías en los últimos años de forma extraordinaria, con algunas mesetas en ese camino de construcción y una dudosa y pobre calidad en su infraestructura, pero hoy no vengo a hablar de todo lo que está mal a mi criterio y todo el camino que resta por recorrer para mejorar lo que ya se hizo, sino del indebido uso que se le está dando a ellas, poniendo en riesgo a quienes las usan para moverse en bici por la ciudad.

Desde autos mal estacionados, contenedores de basura, volquetes de la construcción, carga y descarga de mercaderías en zonas inhabilitadas, hasta demás porquerías que deberían estar en otro lado, pero no bloqueando un carril que fue diseñado y concebido para que más gente pueda moverse en bicicleta con mayor comodidad y seguridad.

Una seguridad que se ve permanentemente interrumpida por cuestiones ajenas a quienes usan la bicicleta y que de alguna manera habla claramente de una sociedad rota, indisciplinada, mal educada e irrespetuosa que hace caso omiso a las normas, y que además no escucha las recomendaciones y sugerencias que disparan, no solo quienes usan la bicicleta, sino también quienes comandan las políticas públicas en materia de movilidad, transporte y obras.

Una clase de anarquía urbana se apodera de las calles de la ciudad y muy especialmente sobre las ciclovías. “Hacemos lo que podemos” te dicen algunos/as, con tono de resignación. Otros/as te dicen que “las ciclovías no deberían existir”, y con cierta lógica, porque las ciclovías solo existen a raíz de la violencia vial que padecemos quienes andamos en bici cada día. Se escucha también decir que “los/as ciclistas no respetan nada”, pero mueren más de 6000 personas en siniestros viales y ninguna a manos de ciclistas asesinos/as.

Una sociedad que erróneamente cree que quienes andan en bicicleta son un estorbo, que si no se anda en auto no se puede vivir, que si no le damos espacio a la movilidad contaminante e ineficiente nada estará mejor, que el auto es un refugio, que manejar un auto es todo lo que está bien. Se distorsiona tanto la información que muchas veces duele.

Duele convivir con personas que no consideran el inmenso valor que tiene la vida y la importancia de tener una ciudad más saludable, segura y limpia. Se suben al carro del odio infundado y sin argumentos válidos y actúan en consecuencia, provocando todo tipo de situaciones indeseables que perjudican a otras personas. La falta de empatía es el común denominador en cada una de esas situaciones donde nos encontramos frente al dilema de si podemos seguir con seguridad o debemos frenar para resguardar nuestra integridad física.

Imaginen por un segundo si pusiéramos un volquete en medio de la calzada o estacionáramos nuestra bicicleta e impidiéramos la libre circulación de los automovilistas. Sería un caos, no?

Ver video: https://www.youtube.com/watch?v=TbuPj2UmRzo

Hay muchas personas que transitan un camino de apatía, violencia, desaprensión, prepotencia e impaciencia que nos debilita como sociedad y que nos muestra un escenario poco alentador, pero en ese panorama poco feliz tenemos la inmensa necesidad de seguir procurando un lugar seguro donde movernos y es ahí donde llamo la atención una vez más a los/as tomadores de decisiones para que sin mediar más palabras empiecen a trabajar seriamente para revertir esta situación que hoy atravesamos, y que esas palabras (vacías muchas veces), se transformen en acciones concretas para que realmente andar en bicicleta por la ciudad sea absolutamente placentero y no tengamos que preocuparnos por los “desperdicios” que hoy depositan sobre las ciclovías.

Gracias por andar en bicicleta, gracias por no permitir que nos sigan maltratando, gracias por entender que no se puede andar por la vida apartando del camino todo aquello que por alguna razón no nos gusta o nos importa poco. Gracias por la empatía, gracias por el respeto, gracias por ocupar cada uno de nosotros el lugar que nos corresponde sin alterar el rumbo del otro. Sigamos trabajando para que las ciclovías de mi ciudad dejen de ser un basurero.

Automovilistas indisciplinados/as: trabajo para nuestros/as legisladores/as

Automovilistas indisciplinados/as: trabajo para nuestros/as legisladores/as

Ayer leí una nota publicada en el diario La Nación, escrita por Sandra Choroszczucha que me abrió la puerta para escribir algo sobre lo que deberían hacer nuestros/as legisladores y no hacen.

La ciudad va cambiando día a día, o al menos eso es lo que uno espera que ocurra, aunque no con la velocidad que uno quisiera, pero lo cierto es que el contexto cambia permanentemente y actualmente frente a la pandemia que padecemos desde hace casi un año, se ha manifestado una fuerte tendencia a usar más la bicicleta para preservarse de usar el vapuleado transporte público, pero no así del uso del auto.

En función de esta nueva realidad que “asombra” a muchas personas, cuando en realidad la bicicleta lleva mas de 200 años de historia, se pone de manifiesto en algunos sectores de la sociedad, la necesidad de regular el uso de la bicicleta, pero se olvidan que eso ya se encuentra regulado, aunque dicha regulación se orienta más a la circulación de vehículos motorizados que a la movilidad activa. Una Ley de Tránsito (24449) que no considera matices, que es gris y obsoleta, que no sitúa a ciclistas y peatones en la línea de vulnerabilidad que les corresponde.

Es ahí donde nuestros/as legisladores tienen mucho para trabajar y sin embargo nada están haciendo para mejorar la seguridad vial, como si ese fuera un tema menor, cuando mueren 18 personas al día en Argentina a mano de automovilistas irresponsables (según las últimas estadísticas disponibles que datan de 2019), y donde ciclistas y peatones conforman parte de esa triste lista de muertes evitables. Una ley que paradójicamente dice protegernos.

Y volviendo un poco a la nota que motivó que yo escribiera estas líneas, creo que el periodismo o al menos quienes tienen el poder de comunicar en medios masivos como el diario en cuestión, tienen la enorme responsabilidad de ofrecer información confiable y con argumentos válidos que permitan una correcta formación de opinión, sin sesgos, porque de lo contrario están desinformando a la sociedad, que hoy necesita más que nunca, tener una visión clara y objetiva de los problemas que enfrentamos en materia de seguridad vial, en lugar de tener una visión parcial, personalista y alejada de la realidad.

Siempre es bueno decirlo, todos debemos comportarnos responsablemente sin importar de que manera nos movamos, pero hago un llamado a la reflexión colectiva, como lo he hecho siempre, y muy especialmente dirigido a aquellas personas que creen que el problema está en otro lado y sin embargo lo que están haciendo es mirar hacia el lado equivocado. Piensen un poco en todo lo que representa positivamente la movilidad activa en materia de salud pública, gasto público y seguridad vial y démosle descanso a esa mala costumbre de protestar por todo lo que nos hace bien y naturalizar lo que nos hace mal.

Gracias, de parte una persona que anda en bicicleta porque entendió que es una excelente manera de contribuir positivamente al cambio cultural que muchas personas se niegan a asumir.