Inclusión, esa palabra olvidada

Inclusión, esa palabra olvidada

Sabemos que en sus comienzos las ciudades fueron diseñadas para las personas, pero el avance y desarrollo de la industria automotriz fue dejando a un lado el espacio que supimos ganarnos y que nos fue arrebatado irracionalmente. Hoy queremos volver con fuerza a tener una ciudad diseñada para dar satisfacción a todos y cada uno de nosotros, y relegar el desarrollo de la industria automotriz. ¿Una utopía? Quizás, pero nada que no se pueda hacer con voluntad, esfuerzo y dedicación.

El diseño urbano debería ser tratado como política de estado, y se le debe dar la importancia que las personas exigen para poder moverse con libertad, confort y seguridad y tenemos muchos factores que lamentablemente afectan directamente el movimiento fluido de personas en las calles.

Las veredas deben tener una estructura tal para que las personas en cualquier situación de movilidad y de cualquier género y edad puedan movilizarse sin inconvenientes, es decir, terreno plano, sin salientes, ni elementos que impidan el libre tránsito seguro. Si por alguna razón se deba desviar la circulación, ese desvío debe seguir dándole prioridad al peatón y darle seguridad para que pueda seguir su camino sin escollos. Las personas de edad avanzada, los niños y principalmente aquellas personas que se ven físicamente impedidas a circular normalmente son las que más sufren los embates de una mala planificación urbana a escala humana.

Los cruces de calzada deben considerar que una persona impedida físicamente pueda cruzar sin demasiado esfuerzo, esto quiere decir que la prioridad de cruce y el tiempo destinado para ese cruce de personas debe estar pensado para ellas y no para los autos. Como ejemplo de una mala planificación urbana podemos mencionar los puentes peatonales que para nada ayudan a los peatones, sencillamente porque no todos los peatones pueden usarlo. Entonces tenemos que pensar en darle un paso a nivel y cortar el transito automotor apropiadamente, sin más.

La iluminación de las calles es otro punto importante que debe analizarse seriamente. La oscuridad es sinónimo de inseguridad en todo sentido. No solo porque una persona puede tropezar con elementos que resultan casi invisibles en entornos de baja visibilidad, sino que también se incrementa el riesgo de que una persona sea asaltada por no haber podido percatarse del peligro que acecha en las sombras.

La accesibilidad es fundamental para darle a las personas la posibilidad de disfrutar de la ciudad en todos sus aspectos, ya sea para trabajar, disfrutar, pasear, visitar, entrar y salir, comer, dormir, y muchas cosas más. Los accesos al transporte público, edificios públicos, hospitales, bancos, hoteles, restaurantes, cines y teatros, etc. deben considerar a todas las personas por igual y darle tratamiento a sus instalaciones de tal forma de permitir la libre y segura circulación de todos aquellos quienes deseen hacer uso de sus espacios.

La señalización peatonal debe tener referencias claras, ya sean gráficas como sonoras, horizontales como verticales, que permitan una fácil orientación a quienes circulan por las calles. Nos encontramos habitualmente con entornos muy agresivos para con quienes se mueven diariamente en la ciudad, eso incluye, no solo a personas que pueden moverse normalmente, sino para quienes más lo necesitan, personas que no oyen, no ven, o se trasladan en sillas de ruedas, o caminan con dificultad o son demasiado jóvenes para interpretar complicados jeroglíficos.

Si seguimos pensando y diseñando la ciudad en función del auto, estamos perdiendo el foco de lo que debemos hacer para darle a la gente lo que la gente necesita. En definitiva muchos están fuera del auto la mayor parte del día, mientras millones circulan por complicadas veredas la mayor parte del día; entonces, ¿por qué no prestarle menos atención al auto y más atención a las personas?

¿No creen que si nos sentamos a pensar el diseño actual de cualquier ciudad veremos rápidamente que las personas estamos definitivamente siendo relegadas a un lugar que nos incomoda?

¿No creen que si los gobiernos dejaran de lado intereses contrapuestos al bienestar de las personas, las ciudades estarían mejor diseñadas y seria placentero y seguro recorrerlas?

¿No creen que todos tenemos el derecho a movernos con libertad por la ciudad?

La respuesta a estas preguntas es: las ciudades no están hechas para las personas.

 

Recomiendo: Ciudades Para La Gente, de Jan Gehl

 

Intermodalidad: combinar para mejorar

Intermodalidad: combinar para mejorar

Las ciudades hoy nos ofrecen diversas modalidades de transporte y el buen uso que le demos depende mucho de como las combinemos.

Caminamos, pero la bicicleta, el tren, el bus, el subte y el auto nos permiten movernos habitualmente por la ciudad para ir a trabajar, ir a estudiar, llevar los niños a la escuela, ir de compras, dar un paseo y hacer largos viajes de placer para visitar nuevos lugares, amigos, parientes, pero ¿que pasa si combinamos estas modalidades de transporte entre si? Seguramente obtendríamos muchas otras alternativas para movernos que mejorarían mucho más nuestra experiencia urbana a la hora de trasladarnos de un lugar a otro.

Desde los gobiernos que se preocupan por tener una movilidad urbana sostenible se trabaja mucho la idea de poder combinar diferentes modalidades de transporte; subirse a un tren con la bicicleta y continuar en bicicleta hasta el trabajo, ir en auto hasta un centro ferroviario de trasbordo, tomar el tren y luego seguir caminando hasta la facultad, subirse a un tren y luego continuar en subte, y muchas posibilidades más…

Hacer que todo esto tenga sentido nos obliga a someternos a un profundo cambio cultural. La sociedad sigue siendo aún una consumidora salvaje de viajes en auto y que lamentablemente afectan notablemente la movilidad de personas dentro de la ciudad y su interacción con el medio en el que se mueven.

Lograr que la gente se sume a la combinación de medios de transporte implica ofrecer un sistema de transporte público de calidad y en el que la gente pueda confiar para trasladarse eficientemente y es por eso que tanto usuarios como organizaciones no gubernamentales se interesan en poder participar de la planificación urbana que acciona cada gobierno.

Las personas naturalmente se mueven en un contexto de diversificación urbana que facilita implícitamente la potencial interconección de medios masivos de transporte y eso alimenta enormemente la demanda de nuevas formas de movilidad en un sistema que reclama mayor sustentabilidad, consumiendo recursos mucho más amigables con el medio ambiente.

El tren es el medio de transporte por antonomasia y que puede cambiar la naturaleza de toda ciudad y de sus habitantes, y si a eso le sumamos que la bicicleta puede ir cómodamente instalada en sus vagones, entonces estamos ante la posibilidad única de tener una gama inagotable de posibilidades. Es decir, ir con tu bici arriba del tren o subte debe ser de las mejores experiencias en intermodalidad que puedan existir, cubriendo una larga distancia sin ni siquiera generar caos vehicular ni contaminación extrema.

Sabemos bien que el uso y abuso del automóvil genera serios inconvenientes en el tráfico vehicular urbano; es por eso que se genera el debate sobre que alternativas eficientes tenemos para paliar ese inconveniente de movilidad, y ahí es donde hace su entrada triunfal el transporte público masivo y por ende coloca al tren como protagonista absoluto en esta historia.

La sensación que cada persona experimente toda vez que logre combinar un medio de transporte con otro debe ser replicada y aumentada por mil, para que eso se visibilice y sirva como punto de partida hacia una movilidad urbana realmente sostenible y permitir a las nuevas generaciones a enfocarse sobre la importancia que tiene el transporte público masivo.

Si las personas combinan la ropa para verse bien, ¿por qué no podemos combinar diferentes medios de transporte para que la ciudad se vea bien?

Pedalear: una experiencia, infinitas sensaciones

Pedalear: una experiencia, infinitas sensaciones

Si, adivinaste.

Voy a hablar de la bicicleta y las sensaciones que experimento cada vez que pongo un pie sobre el pedal y arranco esa cadencia casi hipnótica de cadena y piñón.

Se habla mucho de movilidad sustentable, de lo beneficioso que es la bicicleta para la salud y para la lucha contra el sedentarismo, de los efectos positivos que tiene el uso de energías renovables en el ecosistema urbano, y de muchas otras cosas más de las que no voy a hablar ahora porque lo que quiero es solo contagiarte mis ganas de subir a una bicicleta cada día, todos los días.

Mi bicicleta es plegable, rodado 16, con 3 marchas internas y casi no ocupa lugar, lo que me permite guardarla en cualquier rincón y hasta puedo dejarla debajo del escritorio de mi oficina.  Es un pequeño vehículo de gran versatilidad y condiciones óptimas para moverse en la ciudad. Es mi cómplice urbana y juntos cruzamos la ciudad con el sano objetivo de contribuir a desinflamar el caos vehicular que enferma a la ciudad.

Despierto en la mañana cada día y lo primero que miro es el cielo, trato de convencerme rápidamente que será un excelente día para sacar la bici, y por cierto siempre lo es. El deseo de salir a pedalear supera cualquier otra circunstancia que pueda atentar contra ese deseo y ahí mismo se pone en marcha la maquinaria ciclista en mi cabeza. Si hay sol, si llueve, si hay muchas nubes o cae nieve, no es lo importante. Cualquier inclemencia meteorológica se atiende con la ropa adecuada y la predisposición de quien se traza un objetivo hasta cumplirlo.

La bici está ahí en su rincón de siempre, esperando. Sabe que va a salir, me lo dice, lo siento, es como una comunicación que pocos pueden entender. El trabajo me espera, agarro mi casco con su cámara de acción que me permite dejar plasmado cada camino, cada esquina, cada rincón, cada persona, colores, y matices que se entrecruzan en un juego casi inexplicable.

El ascensor del edificio donde vivo es lo que me separa de la calle, y cuando cruzo ese umbral la visión ya es diferente, los ruidos casi sordos de la avenida, las bocinas irreverentes, las motos crujientes, y las personas que van y vienen que se mezclan con olores y colores que me dicen que el día ya empezó y yo también.

Despliego mi bici, calzo mi casco, y prendo la música del día, que selecciono desde mi teléfono y escucho a través de mi parlantito inalámbrico. Puede ser rock, pop, tango o folklore. AC/CD, Mozart o Larralde. Es música, y va intrínsecamente ligada a la bici, son partes casi indivisibles, me permite arrancar, me hace despegar del suelo y me transporta a un nivel de satisfacción que recorre el cuerpo y la mente.

La sangre comienza a circular diferente desde el preciso momento en el que mis pies van presionando sobre los pedales, el equilibrio perfecto se hace presente y el ritmo de la música se hace protagonista de la calle. Cada esquina es un desafío, los autos son un desafío, el aire se respira fresco aunque sea un día caluroso. Se abren los pulmones, se ve diferente, se escucha la música invadir cada espacio que me rodea, la gente pasa y mira, la bici, escucha mi música, nos complementamos, hay conexión, los ojos, es comunicación pura de sentidos. Esos sentidos que se acentúan con el correr de los minutos y metros que voy avanzando sobre el pavimento.

La anciana que cruza, mira, parece no entender, esboza una sonrisa y le hago una reverencia con mi cabeza en señal de respeto. El que barre las calles saluda a la cámara, pasa un niño y pregunta curioso, el distraído inmerso en su teléfono pide disculpas.  Es un gran comienzo del día, es un signo inequívoco de que no todo está perdido.

Trato de no enroscarme en el torbellino que provoca la maraña de autos queriendo subirse unos encima de otros, y esas bocinas indescriptibles que circunstancialmente me impiden seguir escuchando ese riff inagotable de guitarra de Jimmy Page que taladra los sentidos, y vuelvo a acomodarme en el confort que me da la cadencia del pedaleo y ese sonido de la cadena que de a ratos suelo escuchar cuando el ruido “espantofónico” de la calle me lo permite.

Doblo en una esquina, doblo en otra como queriendo encontrar el camino que mejor me transporte hacia mi destino. Y en cada vuelta, conecto, con olores y colores, con el entorno que cada barrio pone delante de mí, en esa loca carrera hacia la redención ciclista que solo puede experimentarse al subirse al sillín de la bici.

Suelo decir muchas veces que tener una bici no te hace ciclista, a la bici hay que sentirla, hay que saberla llevar, entender que con cada vuelta del pedal se va aplanando el camino para otros, para todos. Sin lugar a dudas la bici es un vehículo que inspira respeto, pero ese respeto debe ser reciproco. Es fundamental llevar la bici con responsabilidad, y esa responsabilidad debe sentirse, debe estar presente en cada vuelta. La bici te da libertad, pero no debemos usar esa libertad para querer imponer por la fuerza ese espacio que debe ser compartido. Compartir, es también conocerse unos con otros, conversar, mirarse, respirar el mismo aire, tiene que ver con lo que somos como personas. Sentimos, nos duele, nos alegra, nos preocupa, nos provoca ansiedad y todo eso genera un coctel de sensaciones que se pueden concebir solo si nos mantenemos vivos. Y digo vivos, en ese sentido, en el que estás pensando. Vivir es estar, compartir, respetar, y entender que las cosas que nos pasan van a seguir pasando, pero que mejor que hacerlo en un ámbito limpio, agradable, tolerante, respetuoso y lleno de buenas intenciones.

Sensaciones hay muchas y variadas, y cuando me subo a la bici se evidencian y se potencian enormemente, al punto tal de creer que se pueden tocar. Pedaleando me da la impresión de meterme dentro de la ciudad, encontrar lugares impensados, ver la cara de gente que creo haber visto toda mi vida, surcar calles que fueron testigos de otra era, hurgar en rincones anónimos a los que puedo ponerle nombres.

La bici te ofrece un colorido camino sinfín de oportunidades y yo lo recorro todos los días con la esperanza de ver más y más bicis en la ciudad, que me acompañen, que sientan lo que siento, que vean lo que veo, que se sumen a las mismas sensaciones que experimento.

Un recorrido en bicicleta por la ciudad, por corto que este sea, representa un enorme aporte a mi bienestar y al de la gente. Quiera o no, lo entienda o no, cada paso firme que doy sobre el pedal le aporta alegría y gratas sensaciones a mi ser. Mi alma agradece cada metro de libertad que recorro y el viento seguirá gritando ese riff de guitarra inagotable de Jimmy Page, a pesar de todo.

Que la bici sea pandemia.

La bicicleta: mi amiga urbana

La bicicleta: mi amiga urbana

Durante mi niñez anduve en bicicleta por las calles de mi barrio, muy tranquilo y hace ya varias décadas, cuando aún no se hablaba de movilidad sustentable.
Luego crecí y fui dejando de andar en bicicleta ante el crecimiento de una ciudad que me abrumaba y ponía en peligro mi integridad física, y un día la abandoné completamente, casi sin darme cuenta.

Hoy ya soy adulto y padre de familia, y volví a agarrar la bicicleta hace algunos años y en la misma ciudad que un día casi me obligó a dejarla.

La bicicleta, ese medio de transporte tan simple y tan versátil, hoy se ha transformado en casi una obsesión para mí y no puedo dejar de usarla ni siquiera cuando el clima me juega en contra.

La bicicleta, que en modo fijo en cualquier gimnasio te hace entrar en calor, me ayuda a moverme en la ciudad con la comodidad de quien va al mercado a comprar verduras. Es verdad que la ciudad todavía no se adapta a mis exigencias urbanísticas, pero me hace sentir feliz.

La bicicleta, aún muy resistida por muchos, es sin lugar a dudas un medio de transporte que se sostiene solo. Es poner el pie sobre el pedal y moverse hacia adelante. No consume combustibles contaminantes y tampoco genera contaminación sonora, otro gran problema de la ciudad sin resolver.

La bicicleta, ese gran misterio de dos ruedas y del equilibrio perfecto, no para de sumar adeptos en todo el mundo y ese es un gran avance en la sociedad. Me siento muy a gusto salir a la calle y ver cada día más ciclistas dándole al pedal.

La bicicleta, que con su silenciosa marcha marca el camino a seguir, no tiene hoy enemigos que la puedan opacar, aunque me duele mucho ver y escuchar personas que todavía no entienden que lo que estamos haciendo es ayudar a que la gente viva mejor en las ciudades.

La bicicleta, sin ser un vehículo veloz, me lleva a todos lados en el menor tiempo posible sin que tenga que preocuparme por los atascos propios de quienes se mueven en auto, a pesar de que muchos de ellos aún creen que es la bicicleta la causante del deterioro paulatino de la ciudad.

La bicicleta, de mecánica simple y aunque casi no necesita mantenimiento, sigue a paso firme en su camino de redención ante una cultura automovilística muy instalada en la ciudad desde hace más de un siglo.

La bicicleta, con su parsimonia citadina, seguirá siendo el eje de mi activismo urbano que espero se vea reflejado en muchos otros ciclistas que día a día salen en bicicleta a trabajar, a pasear, a reunirse con amigos…siempre mejor en bici.

La bicicleta, si LA BICI, mi gran amiga urbana.

1er Foro Argentino de la Bicicleta

1er Foro Argentino de la Bicicleta

En estos días se esta gestando en Argentina un evento que puede cambiar la forma en la que vemos a nuestras ciudades, fundamentalmente proponiendo diversas maneras sustentables de movilidad que por razones obvias incluye a la bicicleta.

La bicicleta como herramienta pacificadora en ciudades convulsionadas por el arrebato histérico y desproporcionado de las personas que circulan sin ver más allá de las pantallas de sus teléfonos inteligentes y que inexorablemente se pierden la oportunidad de hacer y tener una ciudad mejor.

Argentina En Bici, un colectivo sin fines de lucro que nuclea a organizaciones ciclistas de todo el país, se ha planteado un objetivo, que es colocar fuertemente a la bicicleta en la agenda de nuestro gobierno a nivel nacional, provincial y municipal, promoviendo también ciudades humanizadas, es decir, mejorar el diseño urbano en favor de las personas, pacificar las calles y lograr más espacio para la gente, entre otras propuestas de mejora.

La bicicleta es una herramienta noble que puede lograr parte de ese objetivo, pero no es la única. Tengo la firme convicción de que con la bicicleta, un transporte público eficiente y una infraestructura urbana que acompañe el flujo natural de las personas y no de los automóviles, se va a lograr un ecosistema más amigable del que todos podamos disfrutar sin dejar a nadie afuera.

Con relación al 1er Foro Argentino de la Bicicleta, es muy grato saber que Argentina En Bici, está haciendo un gran esfuerzo ciudadano para que el evento tenga la dimensión que se merece y se está buscando, y creo que las autoridades de todo el país deben escuchar lo que este grupo de personas, mayormente ciclistas, tiene para decir, y este Foro es una muy buena oportunidad para juntar ideas, propuestas, y generar debates proactivos y constructivos que sumen resultados positivos. En este sentido, y en mi opinión, es importante que haya una aceitada articulación a nivel federal entre el gobierno y Argentina En Bici, para que todo este trabajo tenga razón de ser, de lo contrario sería como estar hablando con una pared que lo único que hace es rebotar todo lo que le llega.

El Foro es un evento ciudadano hecho para que las personas participen activamente y conozcan de cerca de que se trata lo que Argentina En Bici está proponiendo. Se está involucrando mucha gente en su organización, habrá panelistas nacionales e internacionales, que expondrán diferentes temas relacionados no solo con la bicicleta, sino también con todo aquello que tenga relación con la infraestructura y movilidad urbana, la seguridad vial, y demás temas que pongan a las personas en el lugar protagónico que naturalmente tienen y que con el paso del tiempo se le fue arrebatando.

Sin darnos cuenta fuimos dejando de vivir como personas, para embotellarnos en un envase tóxico que nos fue socavando el terreno y dejando poco lugar para disfrutar de ese espacio que un día fue nuestro y que estamos dispuestos a recuperar.

Creo positivamente que este 1er Foro Argentino de la Bicicleta será el punto de partida de una nueva agenda política y social en lo que respecta a movilidad sustentable, diseño urbano y seguridad vial.

El 1er Foro Argentino de la Bicicleta se realizará en la ciudad de Santa Fe, provincia de Santa Fe, República Argentina, los días 7 y 8 de septiembre y están todos invitados.

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Bicicleta vs Automóvil

Bicicleta vs Automóvil

No estoy en contra del auto, sino de lo que el auto provoca.

Me muevo en bici diariamente y con el paso del tiempo me fui dando cuenta lo acertada que fue mi decisión desde el momento en que comencé a moverme por la ciudad en bicicleta.

Ver esas filas de autos parados o apenas avanzando, haciéndose camino casi a la fuerza, a bocinazo limpio, con conductores intolerantes, agresivos y estresados que finalmente llegan a su destino cansados y malhumorados, me puso en la cabeza solo una cosa: sigo prefiriendo la bicicleta como medio de transporte en lugar de moverme “cómodamente”(?) en auto por la ciudad.

No se trata de una contienda, ni poner a unos contra otros, sino de marcar la diferencia significativa que tiene el uso de la bicicleta por sobre lo que sucede con el auto.

Si nos trasladamos a principios del siglo XX nos daremos cuenta rápidamente que la bicicleta reinó en todo el mundo mucho antes que el auto irrumpiera en su frenética carrera por imponerse como medio de transporte, y que solo aportaría más rapidez en su desplazamiento, pero acarreando un mayor gasto, una mayor contaminación, y mayor congestión vehicular (por ocupar más espacio), etc.; características que hoy, más de 100 años después, siguen, pero multiplicadas exponencialmente y que contribuyen directamente a deshumanizar las ciudades.

Cuando decimos que queremos ciudades para la gente, es eso mismo, que las personas puedan moverse más naturalmente, sea caminando o en bicicleta, con ritmos más pausados, bajando los niveles de excitación y agresividad, circulando con mayor seguridad sabiendo que contamos con más espacio. Y en este sentido es donde la infraestructura y el diseño urbano deben acompañar el desarrollo sustentable que las ciudades necesitan en estos días.

La bicicleta, como noble vehículo que es, vendría a ocupar el espacio que el auto ya debería dejar de ocupar. El auto, al que considero obsoleto, nos hace gastar más dinero (impuestos, combustible), nos aumenta el nivel de sedentarismo, nos conduce a un comportamiento deshumanizado, contamina el medio ambiente, nos impide ver más allá del parabrisas, no nos conecta con el entorno y genera en la gente un estado de indefensión en las calles.

El uso y abuso del auto en la ciudad no contempla atenuantes, es una caja metálica con cuatro ruedas y más de una tonelada de peso que si a eso le sumamos la velocidad que desarrolla se transforma en una pesada masa que avanza por calles y rutas, conducidos por personas que no ven o no quieren ver que ahí afuera también hay personas de igual naturaleza que desean vivir en una ciudad más pacífica y ordenada.

La bicicleta esta, existe, anda y se queda con nosotros para mostrarnos que se puede vivir sin auto: podemos ir al trabajo, podemos ir de compras, podemos llevar a nuestros hijos a la escuela, podemos ir a visitar a nuestros amigos y otras muchas cosas más. La bici nos transporta a una ciudad más humanizada. El auto nos hace involucionar.

La bici contra el auto, no es tan así, ambos pueden convivir en las ciudades, pero la relación de espacio que se deben cada uno necesita ser cambiada, y en eso deben seguir trabajando los gobiernos para generar conciencia en la gente y mostrar con hechos contundentes (mejor infraestructura y diseño urbanos) que podemos vivir en espacios más evolucionados y menos convulsionados.

Yo desde mi bici voy a seguir contribuyendo para que ese cambio se note.

(Yo tengo auto y lo uso muy poco, aunque estoy pensando seriamente algún día en comprarme una bici-cargo y salir pedaleando en familia)

Soy ciclista

Soy ciclista

Mi medio de transporte diario es la bicicleta, y voy a hablar de Buenos Aires, aunque Uds. podrán poner la ciudad que quieran y encontrar semejanzas y diferencias.

La ciudad cada día tiene más inconvenientes para ofrecer opciones de movilidad eficientes y la bicicleta es el instrumento ideal para subsanar ese problema, aunque no es el único.

No recuerdo bien cuando fue la última vez que me subí a un bus para llegar a mi trabajo, pero es muy gratificante sentir que casi no lo necesito (vivo a tan solo 6 kms de mi trabajo). Si bien el transporte público es fundamental en una ciudad colapsada por el gran ingreso de autos, la bicicleta me da la libertad de movimiento que ningún otro medio de transporte hasta ahora pudo ofrecerme.

Ser ciclista urbano tiene sus ventajas y desventajas; en una ciudad donde la bicicleta todavía no logra ocupar un lugar preponderante el ciclista debe hacerse lugar a fuerza de imponer su voluntad de ofrecer una alternativa eficiente, ecológica y sustentable, y demostrarlo con resultados.

Las ventajas están dadas en la libertad de movimiento que te da la bicicleta, la versatilidad en el traslado del punto A al punto B (traslado de personas, mercaderías o mascotas o todas juntas a la vez), la eficiencia ecológica, entre otras.

Las desventajas (que en mi caso representan fortaleza) están dadas mayormente en la falta de aceptabilidad por una parte de la sociedad que aun se niega a evolucionar y la pobre y deficiente infraestructura dedicada al ciclismo urbano para paliar esa falta de seguridad que muchos sienten cuando circulan en bicicleta por las calles y avenidas de esta ciudad tan convulsionada y agresiva.

Me cuesta aceptar que la gente se resista al cambio, exponiendo diferentes argumentos carentes de solidez, como ser “las ciclovías solo generan más congestión”, “los ciclistas no respetan nada”, “en auto viajas más cómodo”, “llego al trabajo transpirado”,  “en invierno no se puede pedalear”, entre muchas otras; y a cada uno de estos argumentos le cabe la pregunta: ¿Que haces para cambiar la realidad de tu ciudad?, y nadie tiene una respuesta concreta y le cargan toda la responsabilidad al gobierno de turno, como si con ello hiciéramos una gran contribución, y sin embargo no nos damos cuenta que nos falta inteligencia para afrontar la adversidad.

Agarrar mi bici y salir a la calle representa el mayor de mis logros a la hora de contribuir con el bienestar de mi ciudad. Se que mi pequeño aporte se magnifica al sentir que estoy transitando el camino correcto. Es la redención misma. Es la descarga de endorfinas que genera poner un pie sobre el pedal lo que me sigue moviendo en ese sentido.

Hoy no imagino trasladarme de otra manera, me costaría mucho desprenderme de un vehículo tan noble y amigable como es la bicicleta. No lograría re-adaptarme a otra modalidad de transporte, aunque reconozco en el transporte público la gran ventaja que tiene en contraposición al uso y abuso del automóvil.

Soy ciclista, me muevo en bici y seguiré por ese camino, los espero…