La bicicleta, mucho más que un modo de transporte

La bicicleta, mucho más que un modo de transporte

Se habla siempre de la bicicleta como un modo de transporte y recreación, y eso es muy cierto, pero algo que mucha gente no sabe es que la bicicleta también es una poderosa herramienta de transformación y pacificación social, y aunque veamos gente que anda como loca en bicicleta, no podemos dejar de lado una realidad de la que no somos ajenos ni podemos ignorar, la bicicleta sigue siendo más segura que cualquier otro modo de transporte.

Hagamos un ejercicio, por favor situémonos en cualquier esquina de la ciudad y podremos observar rápida y fácilmente que lo que digo, no es solo el capricho de un loquito apasionado por la bicicleta, es mucho más que eso, es reconocer en la bicicleta una forma de vida, una manera de ver la movilidad de forma más amigable, inclusiva y limpia.

Usar la bicicleta debe ser tomado como un acto de rebeldía frente a la intolerancia, la prepotencia y la falta de empatía que generan el uso de modos de transporte más agresivos, como lo es el automóvil. Una rebeldía bien entendida, donde lo rebelde pasa por querer romper con el paradigma de que el uso del automóvil es sinónimo de libertad, progreso e independencia.

No quiero ver gente en bicicleta que crea que puede pisar los derechos de otras personas, quiero ver gente en bicicleta que entienda el enorme peso que tiene su incidencia en la sociedad moderna y violenta que padecemos, donde quien usa el auto parece querer demostrar su supremacía por sobre el más vulnerable. Sin embargo, debemos recordar que aún, circulando en bicicleta, sigue habiendo siempre alguien más vulnerable, y es la persona que camina.

¿Por qué tenemos que circular con la bici creyéndonos ser inmunes a lo que nos rodea y llevarnos por delante los derechos de quienes deben ser nuestros aliados? ¿Por qué pensamos que en la bicicleta podemos ir más rápido, en lugar de pensar que podemos ir mas tranquilos? ¿Por qué no paramos en una esquina y dejamos que el peatón cruce primero? ¿Por qué no usamos la bicicleta como una útil herramienta en lugar de usarla como un campo de defensa en combate?

No nos olvidemos que esto no es una guerra por el espacio público, aunque algunas personas lo tomen equivocadamente de esa manera, sino una lucha pacífica por conseguir mejorar la convivencia vial y consecuentemente nuestra calidad de vida.

La bicicleta debe ser nuestra amiga y compañera en ese transitar por una ciudad que intenta de muchas maneras devorarnos y arrinconarnos, para que solo circulemos a la defensiva y en ese acto de defensa llevarnos por delante todo lo que se ponga delante nuestro, incluso automovilistas.

No se trata de buscar culpables, se trata principalmente de intentar hacer bien las cosas desde el lugar que nos toque, y la bicicleta sinceramente nos da esa posibilidad de hacer las cosas de diferente manera, pero sin violencia, sin prepotencia, con respeto y empatía y no creyendo que, porque los/as automovilistas nos agreden, nosotros podemos hacer lo mismo con quienes son más vulnerables. No pasa por ahí ni cerca, no pasa por ahí.

Tenemos que actuar con inteligencia, medir las consecuencias de nuestros actos, pensar en el otro, evaluar por donde podemos ir y por donde no hacerlo, hacer que las cosas sucedan de manera más natural, y no generando el choque permanente que nos desgaste, buscar siempre alternativas que nos mejoren el viaje.

Yo he intentado muchas cosas para que mis salidas en bicicleta sean cada vez mejor, y me he involucrado activamente en todo lo que se relaciona con el ciclismo urbano de mi ciudad. No se si lo he hecho bien, me he equivocado muchas veces, y los que me conocen lo juzgarán mejor, pero he aprendido y entendido que andar en bicicleta no me transforma en un ser superior, y de algo estoy muy seguro, seguiré el camino que elegí con la bici y tratando siempre de ser mejor persona, porque no quiero estar del lado oscuro.

En la adultez tenemos mucho por aprender, porque es un constante proceso de crecimiento y desarrollo que termina cuando morimos, pero nuestra mayor responsabilidad como adultos es dejarles el camino allanado a las infancias, porque la base de todo está ahí, y la construcción siempre se hace desde la base.

La bicicleta me ilumina y quiero ver que más gente sienta esa sensación hermosa que genera poner un pie sobre los pedales.

De esto también debemos hablar

De esto también debemos hablar

Les voy a contar brevemente una triste historia que nos tiene que movilizar como sociedad y ponernos a reflexionar sobre nuestra conducta para con los demás.

Ayer me enteré, que la mamá de una amiga de mi hermana, de toda la vida, fue atropellada el pasado sábado por un/a ciclista, lo que le provocó un coma profundo con una posible muerte cerebral (aún no confirmada), producto de la caída sobre el pavimento. Si, tristísimo, pero así de cruda es la realidad que nos golpea y que no debemos ignorar.

Escuché muchas veces, y lo repito como un loro (me hago cargo de eso porque me apoyan las estadísticas globales), que quienes andan en bicicleta no matan, solo quienes andan en auto lo hacen; hasta que pasan estas cosas, y es ahí donde se nos abre un abanico de preguntas que debemos respondernos.

La primera pregunta es ¿por qué? Y me cuesta a mi responder un poco eso, porque voy transitando cada día promoviendo el uso de la bicicleta como modo de transporte seguro, pero a la vez debo situarme del lado de las personas, que usando el vehículo que usen, siguen siendo personas, con sus problemas, sus perfiles psicológicos, sus conductas, sus idiosincrasias y también sus miserias, porque tenemos que aceptar que también hay gente desaprensiva que anda en bicicleta. Gente que actúa siempre de la misma manera, sin importar la forma en la que se mueva. Irresponsables, irrespetuosas y con un alto grado de desprecio por la vida y los derechos del otro.

No voy a caer en la clásica de pedir que quienes anden en bicicleta deban tener licencia, pagar patente y esas cosas, porque habiendo pasado lo que lamentablemente pasó, sigo sosteniendo que debemos darle más lugar a la movilidad activa con todos los beneficios que genera, que son muchos frente a lo que podemos suponer como un riesgo.

Esto que ocurrió, y que me entristece enormemente, nos tiene que hacer reflexionar, por favor les pido que multipliquen el mensaje, háganlo llegar a todos los rincones, quizás le llegue a quienes todavía siguen andando en bicicleta creyendo que pueden hacerlo por encima de los derechos de cualquier otra persona. Nos tenemos que meter un poco hacia adentro y mirarnos el corazón, replantearnos qué estamos haciendo mal y proponernos modificar lo negativo en positivo. No hay otro camino más que el del respeto, la empatía y el aprecio por la vida.

La bicicleta no solo es un modo de transporte, también debe ser un disparador de buenas conductas, que motiven a otras personas a usarla y que la calle se llene de alegría y no de ciclistas enloquecidos.

Esto no pretende ser un alegato, pero la historia ya está contada, y solo les ruego que multipliquen mis palabras, y que vuelen por el aire, para que podamos transitar un profundo proceso de reflexión que nos convierta progresivamente en una sociedad más respetuosa, tolerante, comprensiva, amistosa, empática y por sobre todas las cosas, más humana.

Si esto volviera a pasar, volveré a ser el portavoz de quienes queremos una sociedad que entienda realmente cual es el valor incalculable de la vida, porque alguien debe decirlo, y porque de esto también debemos hablar.

Por Temis y para que no vuelva a pasar.

Yo ando en bicicleta

Yo ando en bicicleta

Si me preguntan como me muevo por la ciudad, les digo que me muevo en bicicleta, y eso automáticamente dispara otras varias preguntas que se relacionan directamente con la comodidad y la seguridad.

Andar en bicicleta no es difícil, y todas las personas pueden hacerlo. Andar en bicicleta es inclusivo, ya que no distingue ni edad, ni origen racial, ni género ni condición social alguna, ni siquiera las capacidades físicas de una persona impiden que pueda andar en bicicleta, porque sabemos que hay bicicletas adaptadas para casi cualquier tipo de dificultades físicas, incluso gente no vidente podría andar en bicicleta con el acompañamiento adecuado.

Yo adopté la bicicleta desde hace ya algunos años como mi modo de transporte diario para ir a trabajar (“commuting” es su traducción al idioma inglés) y es algo de lo que no me arrepiento en absoluto e intento transmitirlo toda vez que puedo.

Al principio fue algo complicado arrancar porque había circunstancias climáticas y de infraestructura que me hacían dudar sobre las posibilidades de moverme en bicicleta por una ciudad complicada, pero con el paso del tiempo, mi voluntad, y con unas ganas enormes de querer hacer algo diferente por mi ciudad, es que fui encontrando la forma de ir resolviendo esos enigmas y “complicaciones” a la hora de subirme a la bicicleta. Encontré mi ritmo, la ropa adecuada para cada necesidad y los lugares por donde circular dependiendo del día y la hora. Todo eso me permitió conocer más y mejor la ciudad y sus rincones.

Y así fue que con cada día me fui dando cuenta que el agua era solo eso, que no cae acido del cielo, que no somos de azúcar, que si hace frio me abrigo y si hace calor voy fresco, que la calle es la misma para todos y que tenía la libertad de ir por donde me llevaran mis dos ruedas, siempre haciéndolo con respeto y empatía, porque entendí que esa era la única manera de usar la bicicleta y promover su uso, más allá de todo lo que ella nos ofrece desde su nobleza, su simpleza y su inmensa capacidad para brindarnos felicidad.

La bicicleta me ofreció un sinnúmero de posibilidades para conocer gente, para ver la ciudad con otros ojos, para sentir que podía moverme con comodidad, sin pérdidas de tiempo, ahorrando dinero, y permitiendo que mi cuerpo entendiera las bondades del ejercicio físico, que no es poco a la hora de hablar de la bicicleta como un incentivo para mejorar nuestra salud y llevar nuestro cuerpo y nuestra mente a otro nivel.

Para andar en bicicleta no se requiere de habilidades extremas, ni de mucho dinero, ni de grandes obras de infraestructura, sino de tener ganas de movernos de forma eficiente, económica, liviana, limpia y segura.

Todos podemos andar en bicicleta, aunque creamos que hay algo que nos pueda doblegar, lo importante es conseguir que la mente acompañe esas ganas de querer subirnos a la bici y empezar a transitar el cambio, porque creo que tenemos en la bicicleta una herramienta que nos da el poder suficiente para lograr que la ciudad sea un lugar que podamos disfrutar, solo o en familia, con amigos, para ir a trabajar o a estudiar, o hacer compras, o simplemente pasear.

Ahí nos encontraremos, andando en bici, porque el espacio ya existe, solo hay que hacerlo nuestro.

Sin redes

Sin redes

Las redes sociales son una herramienta importante a la hora de activar movimientos y si se usan apropiadamente suelen ser muy efectivas, pero en ese camino uno va encontrando situaciones que generan frustración, cansancio, incomodidad y hasta hartazgo, que llevados a niveles de intensidad extrema repercuten en la vida de cada uno de maneras diferentes.

En lo personal creo que me fue muy útil utilizar las redes para comunicarme con la gente, transmitir mis opiniones, mis observaciones diarias, mis frustraciones, hacer catarsis, llegar a lugares inimaginables y hasta debatir temas que me ayudaron a aprender mucho de lo que se con respecto al ciclismo urbano, la seguridad vial y el urbanismo, conocí gente muy interesante, conocedores/as de todos estos temas, que me han aportado valiosísima información que me ayudó a crecer, entender muchas cosas relacionadas con la bicicleta y a interrelacionarme con las personas.  Esto es lo positivo y lo celebro.

Lo negativo de todo esto es la forma en la que muchas personas usan este medio de comunicación, gente que aporta nada, que solo destila odio y que sin darnos cuenta nos va desmoronando, o al menos eso es lo que me está pasando hoy, por imprimirle una profunda intensidad a la causa, y es justamente por esa razón que tomé la decisión de alejarme de las redes sociales, para dedicar mi tiempo a lo más importante, mi familia.

Estoy tratando de convencerme que puedo hacer mucho por las personas sin tener que lidiar en redes sociales llenas de odio y gente rota que no necesitamos.

Si quieren seguir en contacto conmigo ya saben donde encontrarme, arriba de la bici.

Abrazo.

No es lo mismo

No es lo mismo

En nuestras vidas pasamos el tiempo comparando todo, e intentando poner todo al mismo nivel, pero en realidad no todo es lo mismo ni todo debe valorarse de la misma manera; particularmente cuando hablamos de movilidad, porque está claro que las diferencias entre los distintos modos de transporte son enormes, y aunque en algunos pasajes de la ley de tránsito que regula la circulación de los diferentes modos se intenta tibiamente marcar las diferencias, en la práctica eso no sucede y nos enfrentamos cada día con situaciones que nos ponen en riesgo solo porque naturalmente creemos que todo es lo mismo, pero debemos entender que las normas fueron hechas mayormente desde una sola perspectiva y no como una ley que proteja al más vulnerable.

Escucho normalmente decir que todos debemos respetar las normas, y eso esta muy bien, así debe ser, y no me canso de promoverlo, pero ¿está bien respetar una norma que puede ponerme en peligro? Hay que entender que las cosas suceden muchas veces porque no se respetan las reglas, pero también porque al respetarlas quedamos atrapados en un hoyo que nos puede dañar, y es ahí donde debemos detenernos a pensar si decir que todos debemos respetar las reglas es realmente lo que necesitamos, o si en verdad lo que debemos hacer es cambiar esas reglas, para que de una vez y para siempre la norma ponga la pirámide en la posición correcta, o acaso tendremos que pedirle a los peatones que usen casco y chaleco reflectante.

Para que eso suceda debemos empujar a nuestros gobiernos a asumir el compromiso que les cabe para mejorar la forma en la que nos movemos, y eso se logra no solo con leyes que tengan una perspectiva más inclusiva, sino también desde la infraestructura vial, que canalice la movilidad a través de calles más seguras que prioricen a las personas por sobre cualquier otra forma de movilidad y transporte.

Queremos calles donde caminar y andar en bicicleta sea seguro. Si logramos eso habremos dado un paso importante para acomodar el resto, y si a eso le sumamos reglas de circulación que acompañen a la infraestructura vial, entonces habremos avanzado hacia la construcción de una ciudad donde los valores queden correctamente establecidos y donde podamos hablar de equidad y no de igualdad.

Nada es perfecto, pero todo es perfectible si hay voluntad, coraje y compromiso para hacerlo, y recuerden que cuando hablamos de movilidad y seguridad vial, no es lo mismo igualdad que equidad.

Día Mundial Sin Auto

Día Mundial Sin Auto

Hoy se me ocurrió escribir algunas líneas sobre lo que significa celebrar el Dia Mundial Sin Auto, y es que no se trata de prohibirle a la gente que lo use, sino a transmitir un mensaje relacionado con el uso eficiente de modos diferentes de movilidad y transporte que contribuyan a mejorar las condiciones medio ambientales y de seguridad vial en las que vivimos expuestos diariamente.

Es recordarle a la gente que hay otra manera de moverse, que no estamos obligados a movernos en auto, que podemos buscar alternativas que ya existen y que nos pueden resolver diferentes circunstancias de la vida cotidiana.

Usar el auto de forma indiscriminada solo porque lo tenemos insertado en nuestra cultura es de un nivel de mediocridad tal que excede cualquier análisis, porque somos mucho más inteligentes que eso, y tenemos la posibilidad de demostrarlo.

La experiencia es algo que va creciendo con nosotros y que nos forma el carácter. Si no experimentamos nos quedamos estancados en nuestra zona de confort y la vivencia se torna estática, aburrida, inexpresiva, sombría y abrumadora, lo que nos lleva irremediablemente a seguir inmersos en un camino que nos devuelve siempre al mismo lugar.

Celebrar el Día Mundial Sin Auto es decirle a la gente que, a fuerza de voluntad, intente dar ese paso y sacarse de la cabeza esa cultura auto-céntrica al menos por un día, y vivir una experiencia diferente y a la vez enriquecedora. No pierdas mas el tiempo dando vueltas, la movilidad sustentable no es una moda, es un camino en línea recta hacia el futuro de la movilidad urbana, y no es el capricho de un loquito que anda en bicicleta, sino una necesidad de nuestras ciudades para mejorar nuestra calidad de vida.

Rosario, La Meca ciclista de Argentina

Rosario, La Meca ciclista de Argentina

10mo Foro Mundial de la Bicicleta

Se acerca la apertura del 10mo. Foro Mundial de la Bicicleta en la ciudad de Rosario (Argentina), pero no voy a hablar sobre la historia de los Foros ni voy a hacer una retrospectiva, solo voy a hablar de la importancia que tiene instalar a la bicicleta en las agendas gubernamentales, no solo de Argentina sino también del mundo, como herramienta social y piedra fundamental en el desarrollo socio-cultural de nuestras comunidades.

La bicicleta se sabe, es un modo de transporte eficiente, limpio, saludable y seguro, pero también puede formar parte de nuestra cultura diaria, y que mejor que hablar de ella, de todo lo que puede aportar al desarrollo de nuevas generaciones para mejorar nuestra calidad de vida.

El Foro Mundial de la Bicicleta es un evento que intenta visibilizar el trabajo participativo y autogestivo de la sociedad civil, utilizando a la bicicleta como impulsora de un cambio socio-cultural que nos debemos desde siempre, y que nunca terminamos de redondear, ya sea por falta de acompañamiento de la sociedad o falta de gestión gubernamental.

En lo personal creo que hay razones suficientes y necesarias para creer que fomentando fuertemente la movilidad activa, lograremos vivir significativamente mejor, pero eso solo se consigue si se trabaja de forma coordinada con los gobiernos, porque no hay otra forma de gestionar el cambio de paradigma si no nos sentamos en la misma mesa de trabajo.

El Foro trata de socializar, mover, proteger, enseñar y principalmente crear conciencia sobre la importancia que tiene movernos de forma saludable y segura, y es por eso que este año se plantean 5 ejes temáticos alrededor de todos los temas que se tratarán en este evento, y que abarcan un amplio abanico de posibilidades que nos da el uso de la bicicleta:

Eje 1 Cultura en Movimiento, porque la bici es arte, recreación, deporte, cultura y todo aquello que nos llena el alma.

Eje 2 Conocimiento en Movimiento, porque la bici nos enseña que podemos ser mas respetuosos, que podemos ejercer la empatía de mil formas diferentes y que incorporada a la enseñanza básica y universal nos fortalece como ciudadanos/as.  

Eje 3 Masas en Movimiento, porque en bici todos podemos movernos y eso genera un sano contagio y una integración cultural sin límites.

Eje 4 Ciudades en Movimiento, porque la bici y la ciudad deben estar en sintonía, sentir que las calles nos pertenecen y que esa sensación de pertenencia nos permita modificar el entorno para mejorar nuestra calidad de vida.

Eje 5 Acción Climática, porque la bici no genera gases de efecto invernadero, y nos permite respirar un aire más limpio, lo que redunda en una mejora significativa en la salud pública y nos ayuda en la lucha contra el deterioro ambiental de nuestro planeta.

Como pueden ver, la bicicleta es claramente mucho más que un cuadro de metal con dos ruedas, con ella podemos modificar nuestra conducta a través de nuestra forma de movernos, lo que nos ayudará consecuentemente a vivir mejor y en armonía.

Andar en bicicleta es mucho más que pedalear, es entender que hay una mejor forma de movernos, que podemos ser mejores personas por el solo hecho de usar un modo de transporte que conecta, relaciona, interactúa y sostiene un estilo de vida descontracturado y fuera del statu quo establecido por más de cien años de reinado de la industria automotriz que sistemáticamente fue castigando nuestras ciudades, y que casi acompañamos inconscientemente, inmersos en viejos conceptos y lemas de desarrollo y progreso que solo nos ha llevado a un mundo que parece no tener rumbo, y que muchos queremos cambiarlo.

El Foro Mundial de la Bicicleta se realiza este año en la ciudad de Rosario (Argentina), desde el 15 al 19 de septiembre. Una ciudad que ha demostrado con los años ser un ejemplo de activismo ciclista y que nos ha mostrado por donde debemos ir. Hacia allá vamos, hacia un mundo donde andar en bicicleta o caminar sean actos seguros y conscientes de lo que dejamos para las futuras generaciones y por un mundo mejor.

Para saber más acerca del Foro podes consultar su página web, sus redes sociales o su canal de Telegram.

Website https://fmb10.org/

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Mi ciudad: ¿un lugar amigable y seguro?

Mi ciudad: ¿un lugar amigable y seguro?

Desde hace más de un siglo que las ciudades vienen siendo concebidas primordialmente para la circulación de vehículos motorizados, desplazando hacia un oscuro rincón a la movilidad activa. Este cambio ha generado con el paso del tiempo una infinidad de inconvenientes, principalmente el profundo deterioro de nuestra calidad de vida.

El espacio del que antes disponían las personas, hoy ya no está, porque le fue cedido progresivamente a la pujante industria automotriz; hay avenidas, más calles, más avenidas más anchas, autopistas urbanas, más autopistas y más anchas, centros de compras, grandes y más grandes, con enormes playones para el estacionamiento de autos, y muchas cosas más que han movido de lugar a las personas.

Ese enorme espacio que se le dio a la movilidad insalubre y que en algún momento se entendió como “progreso”, debe ser recuperado, porque hoy es un lugar inseguro tanto para caminar como para andar en bicicleta.

Si queremos ciudades amigables debemos trabajar para que la movilidad sea eficiente, segura y saludable y consecuentemente seguir fomentando la caminata, andar en bicicleta y que el transporte público sea cómodo y ágil, pero para lograr eso tenemos que seguir reclamando ese espacio, hacerlo propio, legitimar nuestro derecho a circular por un espacio que nos fue arrebatado por el poder de una industria que supo mercantilizar un modo de transporte que hoy estaría envejeciendo a causa de su fracaso.

Hoy ya no es posible salir a caminar sin estar pensando en los riesgos que implica ese simple acto, y no porque sea inseguro caminar, sino por el riesgo al que estamos expuestos debido al diseño de nuestra ciudad que privilegia una movilidad obsoleta e ineficiente.

Cuando decimos que las calles deben estar abiertas, lo decimos desde la necesidad de devolverle ese espacio a las personas, porque hoy esas calles se consideran cerradas, vedadas, prohibitivas y sin posibilidades de ser disfrutadas.

El mundo hoy esta viviendo un cambio paradigmático en materia de movilidad a raíz de la pandemia que nos azota, y en ese contexto tenemos la obligación de buscar herramientas que nos permitan aprovechar los espacios y brindarle a la gente un lugar donde se sienta cómoda, donde caminar o andar en bicicleta no represente un desafío, sino un disfrute, donde la calle sea un lugar de encuentro y esparcimiento y donde podamos movernos libremente para desarrollar nuestras tareas cotidianas de forma segura.

Las ciudades son de las personas y deben ser construidas para las personas, si no lo son, debemos reconstruirlas. Por la refundación de nuestras ciudades, por la recuperación de espacios desaprovechados, por la integración de la ciudadanía en lugares donde reine la equidad, el respeto y la empatía. Quienes hoy tienen la responsabilidad de gobernar nuestras ciudades deben tener el coraje, la voluntad política y el compromiso suficiente y necesario para diseñar y planificar el espacio en función de las personas y no de los autos, porque está demostrado que no se puede tener un lugar seguro, limpio y saludable si seguimos pensando espacios para quienes van en auto.

¿Protegernos o sentirnos protegidos?

¿Protegernos o sentirnos protegidos?

La inseguridad vial en las calles de mi ciudad, como en tantas otras ciudades del mundo, y particularmente en aquellas con una alta densidad poblacional, se hace manifiesta mucho más cuando la infraestructura vial responde a la demanda que genera el uso del automóvil particular para moverse.

Ahora bien, se habla mucho del uso del casco para andar en bicicleta, y que eso pareciera ser fundamental para “mejorar” la seguridad vial, o se escucha al pasar que podría “salvarte” la vida ¿ante el atropellamiento con un vehículo que circule a alta velocidad?, y ni hablar de un vehículo pesado que, aunque vaya lento, probablemente te mate.

El punto es que el uso del casco puede ser relevante en ciudades donde transitar sea riesgoso a causa de una infraestructura deficiente o por ausencia de ella, y que nos permita percibir cierta seguridad, y ese es mi caso. Yo uso casco porque todavía considero que mucho de lo que hoy tenemos en mi ciudad sigue siendo inseguro, pero entonces pienso y me pregunto: ¿Por qué debería seguir usando un casco para moverme en bicicleta por la ciudad, sentirme “protegido” y seguir fomentando de alguna manera la violencia vial, en lugar de empezar a promover un cambio profundo en la infraestructura vial y en las leyes que reglamentan la circulación vehicular, que me permita salir de casa sin pensar que debo llevar un casco para protegerme?

¿Protegerme de qué o de quién? Esa es la pregunta que nos tenemos que hacer a la hora de hablar sobre el uso obligatorio del casco para andar en bicicleta, y paradójicamente en la respuesta a nuestra pregunta encontraremos la solución, para no tener que seguir debatiendo sobre la obligatoriedad del casco para andar en bicicleta.

En este contexto es que trato de diferenciar lo seguro de lo potencialmente inseguro (a veces lo logro y otras no) y hacer hincapié en la importancia que tiene mitigar el daño desde la eliminación o reducción de lo que genera el daño, en lugar de decirle a la gente que se proteja de lo que daña.

¿Protegernos para qué? es la otra pregunta. Para salvar nuestra vida, dicen, y en parte puede que tengan razón, pero los números estadísticos nos muestran otra cosa, porque hay más probabilidades de que nos mate por atropellamiento un/a automovilista a que nos ocurra lo mismo por una caída violenta de la bicicleta. Con esto no quiero minimizar la posibilidad cierta de caernos de la bicicleta, porque yo mismo me he caído y aquí estoy, pero quiero separar de alguna manera cuales son las circunstancias que te pueden llevar a una caída, y una de ellas es la ausencia o deficiencia de infraestructura vial segura. Y vuelvo a hacer la misma pregunta: ¿Obligamos a usar el casco o hacemos infraestructura de calidad?

El casco es un elemento de protección personal y no hay que ignorarlo, pero es mejor pensar en no tener que usarlo si sabemos que hay una infraestructura capaz de proveernos un lugar seguro para movernos, y no seguir insistiendo en usarlo para seguir pedaleando en calles inseguras que permiten que quienes hacen daño sigan su derrotero violento, total nosotros usamos casco. Reflexionemos.

Las ciclovías porteñas: el basurero de la ciudad

Las ciclovías porteñas: el basurero de la ciudad

La ciudad de Buenos Aires ha visto crecer su red de ciclovías en los últimos años de forma extraordinaria, con algunas mesetas en ese camino de construcción y una dudosa y pobre calidad en su infraestructura, pero hoy no vengo a hablar de todo lo que está mal a mi criterio y todo el camino que resta por recorrer para mejorar lo que ya se hizo, sino del indebido uso que se le está dando a ellas, poniendo en riesgo a quienes las usan para moverse en bici por la ciudad.

Desde autos mal estacionados, contenedores de basura, volquetes de la construcción, carga y descarga de mercaderías en zonas inhabilitadas, hasta demás porquerías que deberían estar en otro lado, pero no bloqueando un carril que fue diseñado y concebido para que más gente pueda moverse en bicicleta con mayor comodidad y seguridad.

Una seguridad que se ve permanentemente interrumpida por cuestiones ajenas a quienes usan la bicicleta y que de alguna manera habla claramente de una sociedad rota, indisciplinada, mal educada e irrespetuosa que hace caso omiso a las normas, y que además no escucha las recomendaciones y sugerencias que disparan, no solo quienes usan la bicicleta, sino también quienes comandan las políticas públicas en materia de movilidad, transporte y obras.

Una clase de anarquía urbana se apodera de las calles de la ciudad y muy especialmente sobre las ciclovías. “Hacemos lo que podemos” te dicen algunos/as, con tono de resignación. Otros/as te dicen que “las ciclovías no deberían existir”, y con cierta lógica, porque las ciclovías solo existen a raíz de la violencia vial que padecemos quienes andamos en bici cada día. Se escucha también decir que “los/as ciclistas no respetan nada”, pero mueren más de 6000 personas en siniestros viales y ninguna a manos de ciclistas asesinos/as.

Una sociedad que erróneamente cree que quienes andan en bicicleta son un estorbo, que si no se anda en auto no se puede vivir, que si no le damos espacio a la movilidad contaminante e ineficiente nada estará mejor, que el auto es un refugio, que manejar un auto es todo lo que está bien. Se distorsiona tanto la información que muchas veces duele.

Duele convivir con personas que no consideran el inmenso valor que tiene la vida y la importancia de tener una ciudad más saludable, segura y limpia. Se suben al carro del odio infundado y sin argumentos válidos y actúan en consecuencia, provocando todo tipo de situaciones indeseables que perjudican a otras personas. La falta de empatía es el común denominador en cada una de esas situaciones donde nos encontramos frente al dilema de si podemos seguir con seguridad o debemos frenar para resguardar nuestra integridad física.

Imaginen por un segundo si pusiéramos un volquete en medio de la calzada o estacionáramos nuestra bicicleta e impidiéramos la libre circulación de los automovilistas. Sería un caos, no?

Ver video: https://www.youtube.com/watch?v=TbuPj2UmRzo

Hay muchas personas que transitan un camino de apatía, violencia, desaprensión, prepotencia e impaciencia que nos debilita como sociedad y que nos muestra un escenario poco alentador, pero en ese panorama poco feliz tenemos la inmensa necesidad de seguir procurando un lugar seguro donde movernos y es ahí donde llamo la atención una vez más a los/as tomadores de decisiones para que sin mediar más palabras empiecen a trabajar seriamente para revertir esta situación que hoy atravesamos, y que esas palabras (vacías muchas veces), se transformen en acciones concretas para que realmente andar en bicicleta por la ciudad sea absolutamente placentero y no tengamos que preocuparnos por los “desperdicios” que hoy depositan sobre las ciclovías.

Gracias por andar en bicicleta, gracias por no permitir que nos sigan maltratando, gracias por entender que no se puede andar por la vida apartando del camino todo aquello que por alguna razón no nos gusta o nos importa poco. Gracias por la empatía, gracias por el respeto, gracias por ocupar cada uno de nosotros el lugar que nos corresponde sin alterar el rumbo del otro. Sigamos trabajando para que las ciclovías de mi ciudad dejen de ser un basurero.